La narradora chilena Alejandra Costamagna viaja a Bogotá convocada por un encuentro de escritura in situ. En diez días registra las frecuencias del habla, los lenguajes impredecibles del cielo, las narrativas del horror, la violencia que colinda con el goce y la rumba. El escritor venezolano Slavko Zupcic recorre Bogotá muchos años antes, por medio del castellano dulce de sus amigos colombianos migrantes, sin nunca visitarla. La imaginó como una ciudad de niñas lindas y compañeros solidarios. Cuando finalmente la conoce, le parece un déjà vu. Bogotana[mente] reúne crónicas de una ciudad recorrida en dos tiempos diferentes. Dos desplazamientos por la ciudad vista y oída, pero también por las imágenes mentales de una ciudad contada por otros.
Una chilena y un venezolano recorren esta ciudad colombiana en el marco de una invitación a escritores y escritoras, para transformarla en capital del libro: Bogotá Contada. Alejandra Costamagna nos narrará sus aventuras por calles que tienen nombres hermosos, por comidas con aromas increíbles y con gente que la llama su mercé. Slavko Zupcic, vuelve a reencontrarse con la ciudad de su adolescencia para entretejer su propia vida y recordarla. Una hermosa manera de viajar en estos tiempos de pandemia, en una hermosa colección de Banda Propia, que nos invitan a imaginar y pensarnos en otras latitudes. Una lectura que apacigua los momentos de encierro.
Dos relatos breves sobre la maravillosa ciudad de Bogotá. Leer el de Alejandra Costamagna me conmovió profundamente, ya que me llevó a un viaje que hice el 2016 a la ciudad, por un encuentro estudiantil, y debo decir que, al igual que ella, muchas veces reparé en aquellos detalles lingüísticos que endulzaron mucho mi experiencia en la ciudad. Siendo santiaguino, aquella experiencia de montaña que da la ciudad fue algo en lo que también me hizo sentir en casa, y es por eso me emocionó conocer su paso breve por la ciudad.
Respecto al relato de Slavko Zupcic, debo decir que no me agradó tanto como el de Alejandra, pero sí me dejó una conversación interesante a modo de anécdota: hoy casi terminé de leer el cuento en la consulta médica de un otorrino que está tratando mi nariz sangrante (hoy tenía un control de la cauterización que hizo en septiembre).
Pues bien, por su acento, yo deduje que era venezolano, pero hoy lo confirmé luego de que contestara una llamada telefónica mientras mi nariz se adormecía con un algodón con anestesia. Habló varias veces de unas “chamas”, por lo que al cortar me armé de valor y le pregunté de qué ciudad de Venezuela venía. No recuerdo la que me mencionó, pero dijo que era una del oriente; a lo que le pregunté si conocía Valencia, ya que estaba leyendo el cuento de un autor venezolano que venía de ahí.
Esa pregunta abrió una conversación breve pero interesante sobre la historia de la ciudad, que me contaba fue el resultado de la planificación gubernamental en el siglo XX para desarrollar la industria pesada del país. De ahí me contó cómo fue la migración europea a la zona, por lo que pude deducir el origen croata del autor. Y nada, en esos minutos de conversación interesante, siento que de alguna forma di continuidad a aquel relato del libro, que si bien estaba enfocado en los rolos, se convirtió en la posibilidad de imaginar a los carabobeños y un momento de la vida en Venezuela, en esa misma unión que hacía el autor, pero ahora con un chileno curioso de por medio.
Es un poco trampa calificar este libro. El relato de Costamagna es una delicia. Una perspectiva fresca de una mente curiosa visitando Bogotá. Un estilo no lineal fascinante y un montón de anotaciones sobre sus detalles favoritos que son muy divertidos. Para mi, como Bogotano fuera de Colombia fue una linda experiencia leer esto.
El de Zupcic es muy malo. En particular habla más de él como autor que de Bogotá. En un estilo con enumeración que corta la lectura.
En resumen, el lindísimo ensayo de Costamagna se merece cinco estrellas. Y el libro se mancha con la segunda parte, que yo no recomendaría.