Este libro trata sobre el antibelicismo. No es un libro sobre las aventuras de un soldado durante la II Guerra Mundial, como pueda parecer. En él se dan todo tipo de circunstancias en las que ridiculizar las guerras, las luchas entre los seres humanos; es una apología del amor y de los buenos sentimientos humanos, que según Wesley Jackson, el protagonista y narrador (y supongo que también por el propio Saroyan), son lo único que merece la pena, lo que hace darte esperanzas para seguir adelante. La verdad, la belleza y el amor. Y no cabe duda de que es un bonito mensaje, pero también es verdad que es una utopía. Es comprensible por qué las autoridades repudiaron esta novela en su momento (1946), siendo ellos los que en un principio se la encargaron a Saroyan, como una manera de dar a conocer la vida en el ejército desde un punto de vista amable, algo que, desde luego, no se encontraron.
La historia nos narra, en muchos y cortos capítulos, cómo Wesley Jackson, de diecinueve años, es llamado a filas e incorporado a un campo de entrenamiento para su posterior embarque hacia el Pacífico o hacia Europa. Estamos a finales de 1943. Prácticamente todo el libro trata sobre las relaciones que entabla Wesley con diversos compañeros, destacando entre ellos Joe Foxhall, Victor y Dominic Tosca, Harry Cook y un escritor de renombre con el que afinará ese talento para la escritura que ya posee. Todos ellos encuentran estúpida e inútil la guerra, sin sentido, y sólo piensan en poder estar con su familia, y sino, en crearla cuanto antes, encontrar la chica adecuada para casarse y engendrar ya. Para Wesley es la meta a conseguir, por si no regresa de la guerra. Entre permiso y permiso, también iremos conociendo los pensamientos y reflexiones de todos ellos, algunas de ellas de gran calado; y también conoceremos a diversos personajes secundarios, fruto de los traslados a que son sometidos los protagonistas, traslados debidos a la apatía a la hora de colaborar con lo que desea el ejército.
Personalmente, me quedo con esta primera parte de la novela, que es la que más me ha gustado. La segunda parte, sinceramente, me ha parecido casi como un cuento de hadas, y demasiado almibarada, llegando incluso a sentir vergüenza ajena. Saroyan cae muchas veces en la demagogia barata. Tiene razón en muchas de las cosas que nos transmite a través de su personaje, pero creo que a veces se burla demasiado.