Ai, señor. Esto va a ser largo.
Para mantener algún tipo de estructura mental ante tanta bilis, voy a hacer la división que hago siempre en los reviews: estilo, argumento y personajes. No os va a sorprender no encontrar nada positivo.
ESTILO
Este libro es un diario mal escrito de lo que hace Marfil. Sabemos qué conjunto usa cada vez que se viste, cómo se ducha, qué come y como se mueve su pelazo cada vez que se gira, porque está narrado paso a paso, pero no de una manera fluida. Eso sería demasiado pedir. Más bien es como una lista de la compra: me desperté, me peiné, me vestí con todas las marcas que una española considera caras, comí todo lo que parece glamuroso en una comedia romántica y mi coleta dio 230 golpetazos cada vez que giraba la cabeza. No sabes qué le pasa por la cabeza casi nunca, lo que me lleva a pensar que realmente no está pensando en nada. Solo piensa en algo cuando Sebastián está cerca, y solo es en lo bueno que está. En resto del día es posible que pases a su lado y puedas escuchar el pitido de su encefalograma plano.
ARGUMENTO
¿Lo cuálo?
PERSONAJES
Hay varios, pero los que están más desarrollados son Marfil y Sebastian, si es que se puede decir así. Tenemos a gente de fondo que dice lo buena que está Marfil, un exnovio idiota, un pretendiente psicópata, un padre proxeneta, una madre que se pudre en el mar con los pececicos, una amiga simpática, un amigo que es lo más gilipollas que pueda pisar la tierra, y una hermana que es lo mejor que le ha pasado al libro pero es posible que la escritora no sepa llevar a personajes bien montados, por lo que la quita rápido de la ecuación.
Así que sí, hablemos de los protagonistas.
La señora Marfil tiene muchos problemas, uno de ellos disfrutar demasiado sacando de quicio o hiriendo el ego de Sebastian, y eso es muy feo y tiene un nombre igual de feo. Se pone hasta cachonda en el proceso. De hecho se pone a tono de forma muy extraña durante todo el libro, pero cada cual con sus parafilias, eso no le hace daño a nadie, a no ser que pienses que eso es lo normal. Entonces mejor cierra el libro y empieza otro.
La señora Marfil es una niña de papá que no sabe lo que pasa en el mundo porque tiene más dinero del que podrá gastarse en dos vidas. Dice que no es solo un cuerpo, pero solo se cuida el cuerpo. Dice que nadie la valora por lo que es, pero en ningún momento del libro se ve que su persona valga algo. Literalmente, lo único que hace usando un poco las neuronas es ayudar a la gente sin techo, que no tiene otro motivo de ser en la novela que mostrar eso. Y ya está. El resto del libro usa una parte de su cerebro para estar horny por ella misma, que se encuentra jamonsísima, y la otra para decir que Sebastian es guapo.
Así, en general, su comportamiento no tiene ningún sentido. Ni el d ella ni el de nadie. Ejemplo: Esta tía queda con sus dos únicos mejores amigos (porque está pah mojar pan y tal, pero nadie se le acerca y le hacen un poco de bulling) después de que la secuestren. Les deja escoger la película, porque es así de guai. Peeero no le gustan las películas de Marvel (y precisamente van a ver una que, como mínimo, es divertida) así que se pira al baño y, ohgranidea, cuando vuelve se cambia de sala de cine para ver la peli que ella quería ver y para estar a sola con su segurata. Sus amigos, al ver que no vuelve, se cabrean (obvio) y se van. Todo muy de niños de 16 años aunque tengan 20. A lo que voy es que: hola, hace como una semana que la secuestraron, y dejando de lado que ella solo piense con su entrepierna y no se preocupe por nada más que por hincarle al diente a su segurata, sus amigos ven que desaparece OTRA VEZ y lo que hacen es... largarse. Largarse y luego llamarla. ¡Yo me hubiese cagado pensando que la han secuestrado otra vez! Pero parece ser que con tener un segurata al lado que no revisa ni paquetes ni coches, estarás segura en cualquier lado. No sé, Rick.
Sebastián también tiene muchos problemas y un poco de ira mal llevada, aunque crea que no. No para de hablar de su autocontrol, pero de verdad que brilla por su ausencia. Que sepas ordenar cosas, cerrar la puta boca o meterte las manos en el culo cuando debes hacerlo no te hacen master del control: te hace ser una persona apta para convivir en sociedad. Joder, que se carga una copa con la mano y revienta una ventana.
Sebastian, en gran parte de la novela, pone un poco la neurona al dúo maravilla Niñata/Segurata. No se cansa de decirle que no, aunque luego haga todo lo contrario porque en este libro todos están muy equilibrados, como os imaginareis. No tiene sangre, tampoco parece que piense mucho, nadie sabe por qué la protagonista se enamora de él porque es más seco que la carne pasada y literalmente no se sabe NADA de él hasta 50 páginas antes de terminar el libro, siendo generosos. ¿Os suena? Pues es normal, porque es un estereotipo más de los mierda estereotipos que se pueden usar para crear un personaje misterioso más, pero que no es ni misterioso ni carismático ni nah. No le coges cariño en ningún momento porque no te deja hacerlo (es como una pared). Tampoco terminas de odiarlo o te parece tan gilipollas como la protagonista (no se odia a las paredes), pero, AH, cuando abre la boca. Cuando abre la boca sube el pan: “eres mi puta princesa”, “quiero que sea mía”, “cualquiera que te vea no podría controlarse y hacerte cualquier cosa”, yadda yadda. Welcome to neandertalismo, nunca te habías ido, ¡pero has vuelto con fuerza!
Y probablemente me deje algo, pero ya no puedo más y, total, tengo otro libro para acordarme y ampliarlo. Cualquiera puede ver que si juntas todo esto en un libro, no te va a salir nada bueno. Entiendo que aquí vende el nombre, y que si esta patraña la escribiese una don nadie, esto se quedaría en un cajón oscuro por siempre más. Ojalá hubiese sido así, porque no hay nada bueno que se pueda sacar. Y mira que lo he intentado: los personajes serían humanos de mierda, el mundo es tan basura como es el nuestro, y la ética del libro es horrible (aplaudir la virginidad porque si, mujeres tratadas como objetos día sí día también, valorar lo material por encima de todo, hablar de amor como sinónimo de dolor….).
PD. en un momento del libro, hacia el final, nuestra gran y profunda protagonista tiene un corto monólogo interno que dice así: "Supongo que estar enamorada significaba eso: sufrir, sufrir como una idiota". NO es verdad. NUNCA debería ser así. EL DOLOR NO ES ROMÁNTICO, NI ES AMOR. Que no os engañe alguien que se enamora de un pene hermosote y se cree la última Coca Cola en el desierto.