Nuestra educación permite vaticinar nuestro grado de aprendizaje y satisfacción en el futuro, e incluso cuánto tiempo viviremos. Sin embargo, pese a su extraordinaria importancia, la enseñanza y el aprendizaje han perdido el contacto con el progreso humano. Vivimos en la era de la información, trabajamos en la economía del conocimiento, pero nuestras escuelas son reliquias de la era industrial.
En Otras formas de aprender, Alex Beard, conocedor del mundo de la educación, nos guía en un recorrido deslumbrante por el futuro de la enseñanza y el aprendizaje, para mostrarnos cómo y por qué debemos hacer mejor las cosas. Abordando todos los temas, desde la inteligencia artificial hasta nuestra comprensión creciente del cerebro del niño, desde las raíces de la creatividad hasta la forma en la que las aulas pueden ser motores involuntarios del extremismo, Beard nos conduce de los pasillos abarrotados de una escuela integrada de Londres a los pabellones de alta tecnología de Silicon Valley, pasando por las fábricas de exámenes de Corea del Sur y las aulas inclusivas de Finlandia, para revelarnos que nos hallamos en el umbral de una revolución del aprendizaje.
Con Alex Beard he tenido la oportunidad de leer, por primera vez, un ejemplar publicado por Plataforma Editorial. En sus primeras páginas podemos determinar que es un manual de divulgación educativa. De hecho, el propio autor nos confiesa que se inspiró en sus primeros años como profesor en la academia Walworth pues «con todos los progresos que hemos hecho en otros ámbitos de la actividad humana - medicina, neurología, psicología o en tecnología - ¿no deberíamos haber llevado a cabo una revolución en nuestra forma de aprender? [...] Como profesor me sorprendí al percatarme de que la escuela es esencialmente igual ahora que en tiempos de Platón». Es decir, Beard, comenzó su investigación porque para él era inimaginable que, en miles de años, un niño que llegase de la antigua Grecia pudiese integrarse como si estuviese en su época pudiendo distinguir a la perfección el rol de profesor-alumno.
Es un libro de cierta dificultad lectora pues, aunque haya querido determinar ciertos parámetros para hacer más fácil la lectura, tiene unos saltos espaciotemporales que dificultan al lector mantener un hilo conector. Esto es porque no es un libro con una historia ficticia, sino porque ha querido aglutinar mucho contenido empírico y en ocasiones la lectura se hace cargante.
Las partes en las que Beard ha compuesto el libro son 4 (aunque hace mayor hincapié en las 3 primeras): 1) Pensar de nuevo; 2) Hacerlo mejor; 3) Ejercer el cuidado; y 4) Coda. Asimismo, estos capítulos se subdividen en otros títulos y estos en epígrafes que pretenden estar conectados entre sí. Además, en cada subcapítulo el autor nos regala frases célebres de Dante, Gandhi, Churchill, Picasso, etc.
El objetivo de Beard, en todo momento, ha sido el de viajar a nuevos países con el fin de averiguar cómo podemos ponernos en marcha. Comenzaría en Silicon Valley (San Francisco, California) para después continuar hacia el norte de Europa (Finlandia), la ansiada potencia asiática (China) y el corazón de América (Estados Unidos); e impregnarse así de su: libertad educativa, creatividad, convivencia escuela-familia, competitividad, y la cohabitación entre aprendizaje memorístico, empírico y lúdico.
A lo largo de las páginas veremos como el propio autor se encanta y desencanta con la inteligencia artificial. Con el poder que la tecnología está ejerciendo sobre el ser humano. Y, sobre todo, con esa coexistencia entre máquina y hombre que le genera un sino en la educación y la vida en general.
Para entender el contenido del libro hay que leerlo, con determinación, con sigilo, con delicadeza y expandiendo los horizontes. Beard busca en el lector que se meta de lleno en cada capítulo. Que no juzgue la forma de educación sino que, como él, consiga extraer el lado positivo a los nativos digitales, de esos centros educativos repletos de TICs, pero sin dejar de lado la importancia del desarrollo socioemocional, que para este no deja de ser igual o más importante que el conocimiento.
Explicar el libro en pocas palabras sería referirse al viaje de Beard como la apuesta actual por la educación. Como bien añade Sugara Mitra en su charla «construyendo una escuela en la nube» las escuelas están obsoletas, no son inservibles, pero están anticuadas. Y es eso lo que ha querido acercarnos Beard. No todas las escuelas están anticuadas, pero no todos los países, centros educativos y maestros o profesores dejan esa metodología militarista y anclada en la revolución industrial, sino que la siguen alimentando clase a clase haciendo de las personas unos cerebros automatizados con el propósito de que se vean sin herramientas y que ninguno destaque sobre otro.
Creo lo que Elena G. White escribió: "Nuestro concepto de educación debe ser más amplio y abarcante", a cada capítulo esas palabras resonaban en mi mente, por qué por más innovadoras y cuánto más aspectos de la integridad del ser humano abarcaban los modelos educativos de las instituciones que visitó el autor, en mi mente había una exclamación, ¡pero hace falta algo más! Unos enfatizan un aspectos, otras otros, para unas instituciones que están marcando tendencia es el aprendizaje autónomo, otras "educación de código abierto", para algunos es el desarrollo del carácter, y para otros el fomento de la tecnología.
Eso no significa que el libro sea un desperdicio, ciertamente no es académico, en sus cerca de 500 páginas eleva la docencia y sobre todo a la educación llamándola "una panacea" -literal-. No creo que sea tal cosa, no en la forma que humanísticamente se entiende, sí en el concepto adventistas -educar es redimir-. ¡Pero claro que uno se apasiona, se inspira y dan ganas de salir de la habitación y dirigirse a las aulas para cambiar al mundo! Sus descubrimientos y análisis de lo que están haciendo las escuelas que marcan tendencia es muy bueno. Su conclusión final es que la educación es un proceso en el que todos participamos, siempre en progreso, no existe un modelo educativo perfecto, pero se va construyendo. Destaco tres cosas que me gustaron: El concepto de la docencia, su idea de la educación como forma de construir el futuro y la educación en forma democrática.