Hace unos días, hablando sobre Bonereapers (otra obra de David Guymer, como esta, y que también he reviewado en Goodreads) el autor me encontró y me dio RT. No fui capaz de decirle nada más porque estaba ahogándome en vergüenza, pero si; por lo que sea, Guymer encuentra esto quiero decirle:
THIS BOOK IS AMAZING! KEEP UP WITH THE GOOD WORK!!
Porque esta obra es otro trabajo bien hecho de este autor, y eso es lo que os voy a contar en esta review.
Por supuesto, habrá spoilers, así que ya sabéis que os puedo joder mucho la obra si lo leéis, así que quedáis avisados. Vamos allá.
Mi llegada a esta novela es como la de muchos otros que también se hayan interesado en ella: y es que el principal punto fuerte de esta obra es que es una novela de elfos (o aelfos, en este caso) PERO bajo el agua. Y la verdad es que cumple con esas expectativas enormemente: La Corte del Rey Ciego es todo un drama shakespeariano PERO bajo el agua. Una novela caballeresca de esas que tanto que le gustaban al Quijote PERO bajo el agua. Una historia de traiciones entre los descendientes de los Asur y los Druchii PERO bajo el agua. Un fanfic enemies-to-lovers bad-ending de los elfos de Tolkien PERO bajo el agua. Os aseguro que si lo que es buscáis es cualquiera de esas cosas, os la ofrece y hasta mucho más que eso.
Y es que si lo que vas buscando es que te sorprendan con todo lo que no sabias sobre el "lore" de la Edad de Sigmar, creéme: lo hará. El mundo submarino de la ya-no-tan-nueva IP de Games Workshop es tan fascinante, o más, que el mundo de la superficie. Guymer se ha esforzado en hacer que cada una de las Cortes del "Green Gulch" (la región submarina que habita el Enclave de Bríomdar) luzca distinta, con una carisma que hace que casi se merezcan su propio libro de lore para ellas solas: Bríomdar con sus torres en forma de mandala, Túrach con sus batallones de Namarti (elfos con almas hechas de remiendos de otras criaturas) y su rey lector, Dwy-Hor con sus elfos bailarines de los antiguos Elfos Silvanos pero subacuáticos... ¡Y mucho más! Porque también visitan algunas regiones de la superficie.
Así pues, la estrella de worldbuilding se la lleva pero, ¿y el resto? Bueno, llegué a esta novela con altas expectativas en cuanto a personajes, pues Guymer me había sorprendido muy gratamente en Bonereapers: por una vez, no sentí que estuviera leyendo una novela sobre muñecos, sino que leía a personas reales. Y, en este aspecto, Guymer ha vuelto a cumplir: los personajes de la Corte del Rey Ciego están vivos y tienen sustancia, aunque tal vez sufran del hecho de que la sociedad Idoneth (los elfos submarinos) sea tan alienígena que casi queda poco espacio de maniobrabilidad para los personajes.
Lurien, el prota (un aelfo destronado por ser un petimetre sin habilidades para el gobierno ni la batalla y más preocupado por emborracharse y jugar a ser diva), empieza como un pijo insufrible y avanza y avanza hasta convertirse en... un antihéroe insufrible. Oh, ¿creías que iba a haber una redención? ¿Que Lurien comprendería el poder de la amistad y entonces se convertiría en un regente justo, tras recuperar su trono? Oh, no, querido. Esta novela empieza como si fuera un Emperador y Sus Locuras, sólo que sin llama, y acaba si al final del Emperador y sus Locuras Cuzco hubiera decidido que le salía más a cuenta unirse a Yzma y luego echarla por un precipicio cuando tuviera la oportunidad para no compartir el trono. Por cada veinte pasos que avanza Lurien hacia ser mejor persona, cada vez que crees que va a dar el salto a buena persona, da el giro hacia ser malvado. Ya no malvado por idiota, sino malvado con alevosía y planificación. Los Idoneth no son elfos luminosos, todo lo contrario: son elfos oscuros de las profundidades. Y Guymer se ha asegurado de que su protagonista lo sea.
Entended que este tipo de personajes no son precisamente mi tacita de té (razón por la que duré TAN poco en Juego de Tronos), pero Guymer ha sabido hacerme el viaje atractivo y agradable, y he aguantado hasta el final intentando ver una redención que nunca llega. Un poco como cuando te tiras todo Juego de Tronos esperando que Jaime Lannister aprenda de sus errores y lo mal que lo está pasando pero NOOOO, AQUÍ HEMOS VENIDO A JUGAR.
Ejem. Me centro, que ya Juego de Tronos ni siquiera existe.
A lo que voy es que Lurien consigue transmitir esa sensación de antihéroe/villano protagonista shakespeariano sin escrúpulos, a lo Ricardo III o Macbeth, y que le acompañes en su espiral. Y eso, si esa es tu cosa, te va a gustar y, si no, pues también porque Guymer sabe conducirle. A él. El resto de la historia son otro tema.
Entededme: no quiero decir que el resto de la historia sea malo, simplemente que está hecho de "otra pasta". Lurien es un personaje con muchas capas, y todos los secundarios lo son (los tres Namarti que le acompañan, su amigo el pijo del que ya no me acuerdo el nombre, el Isharann grogui, la realeza de todos los Enclaves de Bríomdar...), pero de estos no tenemos la oportunidad (casi) de mirar en el interior de sus mentes tanto como lo hacemos con Lurien. Una pena, aunque también reconozco que si hubiera sido así tal vez esto sería mucho más denso. Tipo Dune. Y oh, no queréis Dune. O yo al menos no quiero Dune PERO bajo el agua. Bastante tuve con *un* Dune.
Con respecto a la historia y la narrativa, ahí es tal vez dónde sí tengo más problemas. Y se puede dividir en tres puntos:
a) los que son culpa mía. Hay un enorme vocabulario de cosas de la realeza y de vestimentas de nobleza que no conocía y eso hace muy lenta la lectura, ya que las descripciones pueden convertirse en un auténtico examen de vocabulario raro.
b) los que podría haber solucionado la editorial. Hay un enorme vocabulario de términos aélficos en la novela, y se usan sin ninguna clase de pudor. Y hay algunos conocidos si has leído el battletome Idoneth Deepkin, como Namarti, lanmari, Morsarr... pero hay otros de libros de tiempos del Viejo Mundo (como eltharri o druhirri) y otros que he visto por primera vez aquí, como azydrazor, de'comhrac... Por desgracia, y a diferencia de otras novelas de fantasía, GW no ha proveído un vocabulario al final del libro, así que eso hace todavía más difícil la lectura.
c) los que son más causa del estilo. El autor ha querido dar a los Idoneth el aspecto de una sociedad feudal caballeresca, así que Lurien va de corte en corte de Bríomdar, recibiendo gestas para cumplir y cumpliendo cada una de ellas lo mejor que puede. Si has leído relatos aventurescos antiguos tal vez reconozcas la fórmula, y te haga gracia, pero aún con esas no se quita ese regusto a "oh, una nueva ciudad, ah, mira, aquí está la nueva quest" de personaje de videojuego, que hace muy repetitiva y pesada la lectura a veces. A veces. Porque algunas gestas son dignas de lectura, pese a todo.
Pero, como digo, pese a todos esos fallitos (y realmente tan sólo el tercero se le puede achacar al autor), la lectura se hace bastante agradable, y el derrame de lore en cada nueva ciudad-punto de quest hace que merezca la pena.
Este es, posiblemente, mi libro favorito de Warhammer hasta la fecha, y va a costar mucho que alguien lo quite de su posición. La mezcla de personajes entre malvados y simplemente maliciosos, el delicioso worldbuilding (¡¡os recuerdo que es todo lo que he dicho arriba, PERO bajo del agua, con anguilas en vez de caballos!!) y el hecho de que se pueden sacar hasta enseñanzas de la lectura (sobre lo maquiavélico de la naturaleza del poder o la dificultad que tenemos para aprender de nuestros errores), hace que se convierta fácilmente en uno de mis favoritos. A fin de cuentas, ¿si me gustó la Gracia de los Reyes *cómo* no me iba a gustar la Corte del Rey Ciego?
De nuevo, Guymer ha sabido cumplir mis expectativas, y he quedado realmente prendado de su estilo y su forma de narrar personajes de dentro hacia afuera. Le quitaría la estrella de narrativa, pero maldita sea: ha cumplido. Se lleva las cinco. Y sobre todo porque me quedo intrigado por saber qué habrá oculto en otras obras suyas, como esas sobre Hamílcar de los Caballeros Astrales, o sus novelas sobre Ferrus Manus y los Manos de Hierro. ¡Y encima tiene más relatos de Idoneth! Seguramente volveré a leer algo suyo en breve, aunque antes tengo que cambiar de tercio, que necesito dejar de lado un poco a los elfos merluza y meterme de lleno en otra facción. ¿Tal vez los elfos geranio? Me gustó mucho como describió Guymer a los Sylvaneth...
Nos vemos y recordad: las enseñanzas más evidentes son a veces las más duras de aprender. O eso decía Teclis, al parecer.