Una travesía sentida por las calles de una CDMX alterna. Una variante de nuestra ciudad atestada, post-apocalíptica y con atisbos de esperanza, como diría Juan Villoro. Y que es precisamente ahí donde radica la ferocidad de esta novela, escrita a manera del equivalente literario a un "found footage", en la crudeza en la que vemos reflejada la CDMX de nuestro universo, ahí donde hay tanta injusticia, tanta marginación, tanta monotonía, donde nos alienamos de nosotros mismos.
Al final el título del libro reza una sentencia que hiere directo al corazón, tanto como ese pasaje final en la ficticia estación de Km.39... la eterna lucha de la esperanza vs la desesperanza... y no, nos extrañará el sistema, pero nos extrañarán las personas que nos tocaron, las personas con las que reímos y con las que lloramos, las que nos vieron sonreír aunque sea de lejos, de eso va al final el Propósito, la razón de estar aquí, de luchar contra nuestra distopía.
Mención especial a Tolkien que se convierte en un personaje inédito a través de ese tan simbólico ejemplar de El Señor de los Anillos. Y es que al final, Frodo y Sam en su andar quimérico a través del País de la Sombra también nos hablan de "esperanza", aquella que nos mantiene de pie hacia nuestra misión cuando todo parece perdido.