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204 pages, Hardcover
Published January 1, 2000
Decaimiento visual. No hay órgano más ingeniosamente concebido y logrado que el ojo y sus aparatos anejos, pese al juicio harto severo del gran Helmholzt. Consta, como toda cámara fotográfica, de una lente u objetivo (el cristalino) proyector de las imágenes del mundo exterior; un recinto oscuro para absorber la luz interiormente reflejada; diafragma regulador del pincel luminoso (iris) y, en fin, el órgano fundamental (la retina), membrana exquisitamente sensible a todas las ondulaciones luminosas.
Apasionado durante mi juventud a la gimnasia violenta, siento quizá con más agudeza que otros viejos la imposibilidad de las demasías musculares antañonas. Contemplar una montaña y escalarla, era para mis veinte años, más que acto deliberado, impulsión instintiva irrefrenable. En mi lista de proezas deportivas —harto vulgares, por otra parte— cuento desde el modesto Moncayo a la imponente Jungfrau
Ahora nos ocuparemos en los cambios provocados por el tiempo, el progreso y la moda en el ambiente físico y moral.
Financiar o finanzar, por costear. He aquí el fruto deplorable de extraer verbos de substantivos y de singularizarse empleando ociosos neologismos. Opositar, por hacer oposiciones, Barbarismo empleado para evitar minúscula perífrasis. En igual caso está el desdichado posibilitar, inventado recientemente por un ministro. Y todo por evitar la parva perífrasis hacer posible. Estructurar, por organizar. Otro disparate nacido del afán pedantesco de lanzar vocablos nuevos.
El bello sexo ha procurado asimismo durante los pasados cincuenta años cambiar sus costumbres, sus ideas y sus caprichos ornamentales. Y han sido seducidas también por los deportes a la moda. Lo han hecho, sin embargo, con menos frenesí y generalidad. Sus juegos favoritos son el tennis, el baloncesto, la natación, los saltos y singularmente los deportes de la nieve. Algunas pocas, ariscadas y vehementes, no han vacilado en someter su fino cutis a los rigores del aire de la montaña,
No me explico este desafecto a España de Cataluña y Vasconia. Si recordaran la Historia y juzgaran imparcialmente a los castellanos, caerían en la cuenta de que su despego carece de fundamento moral, ni cabe explicarlo por móviles utilitarios. A este respecto la amnesia de los vizcaitarras es algo incomprensible.
