Tras las ausencias del padre y del hermano mayor, Alan convive con su madre en una casa que es bastión y ruina, refugio y testigo de la desgracia. Dos personajes rotos que se debaten entre la locura y la cordura, y se interrogan acerca del deseo, la muerte, el abandono y la culpa, temiendo siempre que llegue la hora del último enfrentamiento: la revelación de lo vivido a través de la palabra.
Caballo sea la noche narra el desmoronamiento de una familia, cuando el pasado y el presente se convierten en delirio, voz enloquecida, urgente necesidad de escapar o de reconstruir los pocos restos que quedan. Esta novela es el comienzo de esa reconstrucción, ese instante decisivo en que los sobrevivientes de la catástrofe buscan redimirse, liberarse y restablecer sus lazos con el mundo.
Después de su último libro de relatos, reconocido con el IV Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, Alejandro Morellón debuta en la novela con este texto de prosa poética, desbocada y reflexiva, en el que no sabemos si la noche se prolongará o si la luz revelará por fin esos secretos dolorosos que dan forma a la verdad.
Alejandro Morellón nació en Madrid, España, en 1985. Se crió y educó en Palma de Mallorca. Ha publicado en las revistas como Quimera, Prosa inmortal, Eñe o Energehia. Después de coordinar la convención literaria Mallorca Fantástica, fue becario de la Fundación Antonio Gala. Actualmente reside en Madrid.
Alejandro Morellón trenza dos monólogos, dos corrientes de conciencia que es una confesión de culpa de un crimen nefando pero a la vez también un acto de amor prohibido, casi inimaginable. Los sueños y el deliro, la tragedia y el manejo del lenguaje, el desgarro y la precisión en la definición de sentimientos y pensamientos, todo esto está en esta novela breve pero intensa como pocas de las que he leído últimamente. Breve como el horror del tabú, intensa como la culpa y la penitencia. .
El libro se compone de 5 capítulos, cada cual es un monólogo muy personal de nuestros dos protagonistas (madre e hija), sin utilizar un solo punto, un vomito de sentimientos. En el nos narra el suplicio que es todo lo que les rodea y su pasado. Ambas se quedan solitarias tras marcharse el marido-padre e hijo-hermano.
No ven ningún futuro, una solo quiere dormir para que el tiempo pase y algo bueno sucede en algún momento. La otra intenta no dormir como medio de fustigarse por todos sus errores. La casa se vuelve una cárcel, con dos vidas que se observan y más se deprimen por ver a la otra sufriendo y continuamente recordando los sucesos que les marcaron ya que no sucede nada más en su presente como para hacerles ilusionar. Pero con sus escasas 100 páginas nos aguardará un final rotundo.
Aquí hay: lirismo, recuerdos, dos personajes que son antípodas, dos sombras que subyugan toda la historia de los personajes, y un final que desde luego no dejará templado.
La prosa poética del inicio, por intensa, puede resultar abrumadora, pero hay que dejarse llevar para entenderla: en los detalles, en la comunicación que no ocurre y por eso ocurre y es herida y navaja, en la que efectivamente ocurre y sólo cataliza lo anterior, hay una muy buena literatura
Me habían hablado tan, tan bien de este libro que las expectativas me han jugado una mala pasada. La historia no es mala: una familia de 4 miembros aparentemente normal; el estilo es original si no fuera porque más que un homenaje o una inspiración me ha parecido directamente una burda copia de Trilogía de Jon Fosse.
En esta novelita corta, en la que la acción podría bien resumirse en unas dos líneas, la potencia no reside en lo que pasa, sino en la palabra. Con una prosa arrolladora y torrencial (¿más de quince páginas sin un solo punto?), con fuerte carga poética, Alejandro construye a través de la voz del hijo y la voz de la madre un ambiente denso, como de pesadilla, en el que caben los testimonios como manera de alcanzar la exculpa, la redención y la aceptación de un pasado inmortalizado en un presente infinito.
Prosa de belleza poética en la nocturnidad de las emociones, sin respiro ni pausa. Una lectura impenitente con el lector, donde hay mucho dolor, una lectura pausada que requiere atención por el desconsuelo, en mi caso por cuestiones profesionales puedo entender ciertas cosas. Aunque creo que no es una lectura fácil.
«Soy la herida y el cuchillo, pero tú eres la sangre»
Hay un detalle en el libro, un efectismo que no me agradó, el del hermano, y menos aún cuando fue enunciado tan explícitamente al cierre de la obra. Fuera de eso, es un libro envolvente.
Un trauma familiar corto e intensísimo con un estilo que acompaña lo angustiante y opresivo que es. Un viaje de solo ida que deja huella. 1000% recomendado
Increíble, eso sí, me dejó marcada. Cuando lo recomiendo siempre digo.. Léelo en un momento de absoluta paz mental porque te deja tocado. Corto y fácil de leer. Para mí una obra maestra.
Un libro hilarante, lúcido, descomunal. Qué prosa tan desbocada y precisa, tan poética y monumental. Toda la obra es como un mal sueño que te atrapa y no te deja marchar hasta terminarla. Uno de esos libros que me habría gustado escribir.