Hace unos años fui al sur y me sentí tan enamorada de todo lo que lo componía y de lo alto que tenían a Enriquillo, al leer la historia me doy cuenta que fue un mérito bien ganado.
Cuando Enriquillo era bebé, los oficiales españoles llegaron a la isla y mataron a todos los caciques que esta ocupaba. Sin embargo, Guaroa (tío de Enriquillo) quedó vivo y organizó a los taínos para escaparse a las montañas.
El hecho de Enriquillo tener ese ejemplo desde pequeño, ser un excelente lector, un hombre de corazón valiente y amoroso. Lo motivó a ser el gran cacique que estaba planeado ser. Cabe destacar que como nos cuenta Galván, Colón no fue malo con los indios, sino sus representantes: Nicolás de Ovando y demás. Tanto Enriquillo como los Indios, contaban con el apoyo de Fray Bartolomé de las Casas, Fray Antón de Montesinos, los virreyes de aquel entonces y muchísimos españoles que apoyaban la libertad de los indios.
Me encanta con la tenacidad que Enriquillo expresa sus ideas. Enrique, como fue bautizado el cacique, fue obligado a responder por los indios que estaban escapando a las montañas por víctimas de golpes, enfermedades, agresiones. Este al exigir sus derechos fue acusado de sublevado y cayó preso.
Tras salir en libertad nuevamente, decide acatar lo que tanto temía: rebelión, sangre y violencia, sin embargo sus enemigos le obligaron, por lo que tomó a sus indios y se auxilió en las montañas, durante más de 13 años el alzamiento fue victorioso, hasta que a solicitud del emperador Carlos V se llegó a consenso en el que se establecía la paz a los indios y un lugar seguro para los mismos.
El Adán de Quisqueya La Bella vive y vivirá eternamente, como promesa de eso tenemos la sierra del Bahoruco, sus magistrales montañas, su vista al cielo y el recuerdo constante de su valentía a través también del lago que lleva su nombre, el cuál no es ni una tercera parte de la fuerza y disposición que este cacique demostró al cumplir su legado.