El narrador, un joven que parece haber perdido el rumbo de su vida, se ve envuelto en los inevitables trapicheos, obsesiones y dramas cotidianos que proliferan en uno de esos barrios olvidados que hay en los márgenes de cualquier ciudad; pero también vive rodeado de personajes (un camello aficionado a los canarios, un chico obsesionado con el fuego, un chucho que vagabundo llamado Mazinger) que le proporcionan algo parecido a la ternura.
He leído por ahí que el primer libro de Agustín Márquez es una novela social. Por eso la empecé a leer pensando en un libro muy distinto. La historia de un barrio del extrarradio de una gran ciudad y de sus habitantes en los 80 y 90 ya desde el principio me empezó a extrañar por su estilo brillante, entre poético y provocador. Muy pronto una ilustración nos sitúa ante las reglas del juego: un tablero de Monopoly plantea un mapa tanto del barrio como de la novela y la misma discurre fragmentaria, acumulando las historias de sus vecinos casi como aquel tebeo titulado ‘13 rue del Percebe’ pero continúa la brillante, los juegos de palabras y un humor que no deja de ser el tono más difícil a la hora de escribir un texto, especialmente una novela. El último capítulo es un prodigio de lirismo y podría ser un poema y leerse de manera independiente.
Una novela social súper recomendable. Habla de cómo la vida en un barrio de la periferia de una gran ciudad marca la vida del protagonista y la gente que le rodea. Un detalle que me gusta mucho es que ningún personaje tenga nombre y se les llame Chico A, Chico B y Chico C o directamente por apodos. Hace que desde el lugar que lo leas en el momento en el que lo leas puedas seguir identificando la vida del barrio. La lectura se hace muy amena, sobretodo por los toques de humor, juegos de palabras y esas descripciones escatológicas de todo lo que rodea al protagonista. Es un libro corto que da gusto leer. Para mí, un sí.
"La pérdida de su referente en la vida, de la persona que voluntaria e involuntariamente ha orientado su vida, lleva al narrador de la novela a buscar en el ayer. Y la última vez que fue ayer no es otra cosa que la infancia y adolescencia en un barrio marginal de una gran ciudad, dentro de una familia y un entorno marcado por la crudeza y la ausencia de cariño.
En esta radiografía de los años ochenta y principios de los noventa del pasado siglo cobra especial relevancia el escenario donde se desenvuelven los personajes y el propio narrador: un barrio, cualquier barrio de la periferia de una gran ciudad, que bien pudiera ser Madrid, en la que los planes de vida se anticipan décadas a la planificación urbana y a las promesas inconsistentes de los políticos. Donde los jóvenes viven aferrados al presente, que exprimen hasta sus últimas consecuencias, y no meditan en el ayer ni piensan en el futuro. Aunque, inexorablemente, el futuro y los nuevos tiempos les alcanzan y les sobrepasan; atrás quedan el barrio, el descampado, los socavones y los muertos. Atrás queda ese Mundo de Mierda, pero que al fin y al cabo era su mundo." Luis de Dios
Tan concreto en espacio, tiempo, sonidos, olores, energías y peculiaridades de los personajes que… graciosa y emotivamente se convierte en una preciosidad universal @EdCandaya