Este libro se ha colado en mis libros favoritos 🥹
Da la casualidad que, este libro ha sido mi primer libro de 2025 y mi último libro de 2025. Fue un regalo de reyes y me lo empecé a leer ese mismo día bastante ilusionada, y muy a mi pesar lo fui dejando porque no terminaba de conectar con él. Hasta que, en octubre me llamaron de mi primer cole como maestra de infantil y empezó a despertarse la motivación de querer mejorar y aprender mucho mucho sobre mi trabajo. Así ha sido como he conectado a niveles que no me podría imaginar con este libro.
No es un libro que te enseñe metodologías concretas. Es un libro que a todos los maestros (y también padres) les hace reflexionar sobre la escuela que quieren para sus hijos y alumnos. Es un libro que te cambia la mentalidad en cuanto a lo que constituye la educación y la mirada con la que se debe ver a los niños: como niños.
Creo que todo aquel que esté interesado en la educación o trabaje con niños debería leerse este libro, porque aparte de abrir nuevos puntos de vista, lo disfrutas muchísimo. Estos poquitos meses que he estado trabajando con mis alumnos, me he planteado muchas veces si estaba haciéndolo bien, porque tengo muy poca experiencia y me estoy guiando por cómo entiendo que se debe tratar a un niño por encima de todo lo académico y de la burocracia. Y este libro me ha ayudado a ver que sí, a motivarme a seguir aprendiendo en mi trabajo y sobre todo a confiar en mi como maestra.
He destacado muchísimas ideas en el libro, pero quiero dejar por aquí las que más me han impactado:
“El alumnado no aprende lo que se enseña, nos aprende a nosotros. Nosotros tenemos la obligación de ser y actuar de forma suficientemente digna para que podamos ser aprendidos”.
“Nuestra infancia necesita docentes ilusionados, capaces de tunear la norma porque lo importante siempre es el niño. Necesitan maestros y maestras que generen un clima de seguridad, de curiosidad, de amor, y donde sea posible hablar y reír. Quieren que sus maestros y maestras sepan de poesía, de agujeros negros en el espacio, de animales de África y de música. Quieren que sepan de filosofía, de fútbol y de noticias interesantes del mundo. Quieren que los maestros seamos cultos. Nos quieren generosos y aprendices. Nos quieren respetuosos y con siete sentidos. Sí, siete. Las personas normales tienen cinco. Los docentes valiosos, siete. Son capaces de mirar con ojos de niño (Tonucci), escuchar con la oreja verde (G. Rodari), tener un tacto de alta sensibilidad, un olfato intuitivo, un paladar exquisito (saborear cada minuto de escuela como si fuera el último), sentido del humor (el sentido más excepcional de los seres humanos) y sentido común (el menos común de los sentidos según Groucho Marx).
El alumnado de hoy quiere un profesorado ilusionado, sin miedo al error, un profesorado que trabaje en equipo y ayude a que su alumnado lo haga”.
“La escuela que quiero, elegante, atrevida y de buen gusto, es de juguete y de barro; de cuerdas y plastilina; de cartón y de papel; de hablar y de correr… De hechos educativos, de “atreves, intentas, tientas y consigues” y de bondades persistentes. ¿Y para ti?”.