En «Señoras que se empotraron hace mucho» Cristina Domenech nos descubre a mujeres lesbianas (y a sus parejas) haciendo un recorrido que empieza en el siglo XVII y termina en el siglo XX con la intención de descubrir algo silenciado históricamente, el lesbianismo y las historias de amor entre mujeres.
El libro me ha durado un suspiro porque me ha enganchado. Ya seguía a Cristina Domenech en Twitter y sus hilos sobre señoras que se empotraron hace mucho me encantaban. Bueno, pues el libro es eso, pero más desarrollado, claro.
Me ha gustado mucho el libro. Por una parte porque destapa a mujeres que fueron unas personajas tremendas, en el sentido más maravilloso de la palabra: mujeres que, con el apoyo de su familia o sin él, no solo desafiaron la norma de la heterosexualidad, sino muchas más, estudiando o dedicándose a profesiones tradicionalmente masculinas y tuvieron varias relaciones solo con mujeres [y que, si se casaron con hombres, fue más porque las dejaran tranquilas, los muy pesados, que por otra cosa], algunas de las cuales se prolongaron varias épocas.
La forma en la que Domenech escribe engancha. La lees y sientes que estás sentada con ella tomándote algo y, además, tronchándote. El texto está salpicado con sus propios chascarrillos, expresiones y opiniones personales sobre las protagonistas de las historias y se hace muy ameno. A mí me encantan los libros con los que aprendo y, además, me río, así que me ha encantado.
Creo que las historias que más me han gustado son la de Charity Bryant y Sylvia Drake, la de Rosa Bonheur (por favor, mira sus cuadros: vas a alucinar), la de Elisa Sánchez Loriga y Marcela Gracia Ibeas, la de Josephine Baker (que me ha gustado de siempre), y la de Frieda Belinfante (que me ha parecido apasionante).
Con todo lo que me ha gustado, no puedo dejar de tener una sensación agridulce. Cada vez que terminaba un capítulo me quedaba con una mezcla de sensaciones entre la fascinación por haber descubierto a mujeres impresionantes, y también con una cierta tristeza al constatar que estas mujeres (y seguro que muchísimas más de las que no tenemos ni idea) han sido relegadas al olvido, cuando podrían haber tenido la misma repercusión que sus coetáneos masculinos y heterosexuales.