Esta lectura me ha dejado un sabor agridulce: la balanza queda equilibrada porque, no obstante, Quesada esbozó de manera inteligente la personalidad de los grupos sociales de los que habla y su prosa es bastante fluida, a pesar de que algunos de sus recursos lingüísticos ya han caído en desuso. Pero quien se acerque a este libro debe considerar que en él pesa sobre todo el retrato antropológico más que el entretenimiento; por lo que el libro resulta más atractivo como documento histórico que como lectura de esparcimiento.