Pudiere parecer una obviedad, pero lo que más sobresale de esta novela es el mismísimo Azael, el personaje que no sólo le da nombre sino todo el alma y carisma. Sí, es una novela de personajes, bueno principalmente de un personaje principal, Azael, claro, y un par de secundarios que van calando poco a poco como quien no quiere la cosa.
En principio Azael me recordó el desparpajo y magnetismo del Crowley de “Good Omens”, con la cartera suelta y parte del refinamiento del “Gran Gatsby”, aunque con una zona de sombras que me hizo meter en esta mezcla unos toques del Don Draper de “Mad Men”. Lleva la voz cantante y por momentos hasta eclipsa al narrador que se ve arrastrado hacia su forma de ver el mundo. Por ponernos en situación, lo conocemos como un abogado que ha conseguido su licencia no queda muy claro cómo y que en realidad tampoco necesita el trabajo porque tiene suficiente dinero como para comprarse un hotel y una sala de fiestas.
En cuanto a la historia, empezaremos con una escena bastante fuerte, para pasar luego a ver a Azael en un par de casos en los que la autora nos va a dar a mostrar las cualidades del personaje y su forma de ver el mundo. Contrastará un poco con el Azael empresario de la noche y fiestero, pero son dos caras de la misma moneda. Lo cierto es que en esa parte me faltó un poco de conexión con la escena inicial, sobre todo porque no tenía claro si temporalmente era anterior y posterior. Además los capítulos se van intercalando con unos interludios que parecen recuerdos o bien pesadillas… Una vez que tenemos ubicado psicológicamente a Azael con sus pequeñas contradicciones nos llega un giro que lo descolocará todo, incluyendo al propio Azael y bueno, hasta aquí puedo leer. Solamente añadiré que hace merecer la pena el viaje y vemos finalmente el cierre del arco del personaje que va por donde debe ir, mal que le pese.
El problema que le veo es que puede generar unas expectativas no resueltas, y tampoco planteadas por el texto en realidad, sino por lo que le rodea. El propio nombre de Azael (reconocible para los que sepan algo de mitología juedo-cristiana) el texto de la sinopsis, la llameante portada y el pertenecer a la línea de fantasía de la editorial puede hacer pensar en una historia de ángeles o demonios, cuando la cosa no va por ahí y, es más, podría hasta obviarse. Suele pasar con casi toda la literatura que es mejor acercarse a ella sin saber demasiado, ni prejuicios, para dejar que el texto vaya mostrando sus cartas sin esperar algunas que, en este caso no vendrán y puedan causar cierta frustración sin necesidad. Y lo aviso para que quede claro: no vas a encontrar una historia de fantasía sobre ángeles, eso sí, un personaje fantástico con sus demonios.