“History was a living, breathing, changing thing - even when it was your own”.
Ay, lo que me costó a mí leer este libro. De hecho, primero lo empecé como audiolibro, pero no me estaba enterando de nada, así que decidí volver a empezarlo en mi copia física y allí las cosas fueron mucho mejor. Aunque, sí debo advertírselos, es un libro largo, denso y con un montón absurdo de información que, a la larga, lo que puede hacer es alejar a los lectores y no engancharlos.
Dicho eso, en Crown of Feathers nos presentan un mundo en el que, antaño, existieron los animages y los jinetes de fénix, que eran reverenciados por todo el Imperio. Sin embargo, en un momento, el Imperio decidió que eran peligrosos y decidió extinguirlos y acabar tanto con las criaturas como con sus jinetes. Obviamente, algunos sobrevivieron y, a lo largo de los años, han vivido en el exilio y escondidos de los ojos del Imperio. El libro empieza con Val y Veronyka, dos chicas animages que siempre han querido ser jinetes de fénix. Después de años de búsqueda, encuentran un par de huevos y hacen todos los rituales para que eclosionen, pero sólo nace un fénix y escoge a Veronyka como jinete. Val, que siempre ha sido dominante y envidiosa, no puede con la situación y, después de unos meses, envenena al fénix de su hermana y lo mata. Veronyka, histérica y sintiéndose traicionada, abandona a Val y se va en busca de un grupo de rebeldes que entrenan para ser jinetes de fénix, pero la cosa es que, cuando llegue, tendrá que hacerse pasar por un chico porque sólo entrenan allí a hombres.
Por otra parte tenemos a Sev, un animage que trabaja como soldado en las filas del Imperio a pesar de que fueron ellos quienes mataron a sus padres. Durante años, Sev ha observado el comportamiento de las tropas y, en un momento, se da cuenta de que hay una facción de rebeldes que planea sabotearlos y darle una ventaja a los jinetes de fénix, así que se une a ellos y a sus estratagemas para derrocar al Imperio. Y así, poco a poco, las líneas de Veronyka y Sev se irán uniendo hasta que sus historias confluyen.
Y sí, no sólo lo piensan ustedes, este libro tiene muchas vibes a Eragon. Si bien la premisa suena interesante, creo que la autora peca por bombardearnos con información sobre el mundo, la mitología y el pasado demasiado pronto y sin mesura. Creo que los buenos autores de fantasía saben encontrar ese balance perfecto que les permite introducirnos en un nuevo mundo, un sistema de magia y una mitología sin abrumarnos de información, dándonos pequeñas cápsulas y pistas sobre el macrouniverso que han creado, pero sin que sintamos que se les fue todo el primer libro de la saga explicándonos cómo funcionaba todo. Y, lastimosamente, Nicki Pau Preto no lo supo hacer bien.
Las primeras cien páginas de Crown of Feathers se hacen tan introductorias que pensamos que el libro nunca va a empezar. De hecho, los acontecimientos importantes quedan eclipsados porque estamos confundidos todo el tiempo. No sólo el libro tiene muchos puntos de vista en el presente, sino que también, entre los capítulos, hay unos apartes de textos antiguos sobre el pasado de ese mundo que nos dejan más perdidos aún. Es, quizá, alrededor de la página 250 cuando empezamos a engancharnos en la historia y a entender hacia dónde van Veronyka, Tristan, Sev y Val.
Quizá otro de los fallos que noté y que alargaron muchísimo el libro fue la repetición de información. Muchas veces, cuando se cambiaba de una perspectiva a otra, se repetían hechos o escenas que ya conocíamos y que no tenían nada nuevo a pesar de que las narrara otro personaje. Creo que, en ese sentido, le hizo falta edición a la historia.
Ahora, debo admitir que el romance y el trope tipo Mulán de "chica que se tiene que pasar por un chico para que la acepten en un campo de entrenamiento" me gustó bastante. Sobre todo porque, en este caso, quien sería Shang sencillamente acepta que se puede enamorar de la esencia, del alma, de una persona sin importarle si es chico o chica. Eso me encantó. Además, él (no les voy a decir el nombre porque eso sí que sería un spoiler) es adorable. Es de esos personajes que no son perfectos, que tienen retos que cumplir y miedos que superar. Lo amé.
Creo que una de las cosas que salva este libro, para mí, de ser un dos estrellas es el final. Es justo en esas últimas páginas cuando todos estos textos extraños del pasado empiezan a tener sentido y revelan a un personaje oculto que, de hecho, había estado a la vista de todos durante toda la historia. Ese tipo de giros me gustan muchísimo y espero que, ya que nos comimos todo el info-dump en este primer tomo, la historia mejore en las siguientes entregas de la saga.