No ha estado mal; aunque iba con expectativas de que iba a ser más de terror y ha acabdo siendo policíaco basado en hechos reales, no me ha decepcionado del todo.
Es un libro corto, aún así, la narración del escritor no me ha atrapado mucho. En muchas ocasiones se iba por las ramas con descripciones que no venían al caso, y los diálogos no me inspiraban demasiado. Los personajes en su mayoría sí me han gustado pero sin más. La historia familiar de la protagonista, Anne, me pareció hasta cierto punto poco realista... Quizás fuera una cuestión de perspectivas (tengamos en cuenta que la historia sucede en 1932, la mentalidad de entonces no es la de ahora), aún así, me pareció que los padres tuvieron reacciones desmesuradas...
El libro no solo se centra en la desaparición de Anne, una niña a la que sus padres enviaron a Rosewood, una institución donde acogían a niñas con problemas mentales, sino que también hay una línea paralela centrada en el contexto histórico de la época: la persecución judía, la cual sirve para profundizar en el contexto de los personajes y darle más realismo a la ambientación. Sobre el tema de los problemas mentales, es lo que más me ha gustado de todo el libro, sin duda alguna: la visibilización que se le da al Trastorno del Espectro Autista (TEA), una enfermedad neurológica que afecta cada vez a más niños y niñas y de la que se sabe muy poco. Anne, la protagonista, padece el síndrome de Asperger (el más leve dentro del autismo), y gracias a ella podemos conocer mucho mejor la sensibilidad de personas con su condición y su forma de entender las cosas. Lástima que no hubiese salido más a lo largo del libro porque es el personaje que más me ha gustado juntcon con Judith, otra chica que también vivía en Rosewood.
Y poco más puedo comentar sobre este libro. No le pongo más nota porque creo que el autor podría haber explotado mucho más el tema del autismo, el final me gustó muchísimo pero el resto de la lectura se me hizo muy normalita.