«Lo "impersonal" es nuestra salvación. Es donde todos nos encontramos, lo que rompe la soledad del yo.»
La escritora estadounidense Joyce Carol Oates (Nueva York, 1938) aborda en esta colosal novela una de las cuestiones más polémicas y divisivas de la sociedad contemporánea; un tema, el aborto, capaz de encender a masas enfervorecidas que, desde sus particulares trincheras, libran en la novela de Oates una cruenta guerra ideológica de consecuencias tan imprevisibles como demoledoras. En medio de esta contienda de proporciones -y repercusiones- bíblicas, Luther Dunphy se erige como el particular soldado mesiánico que, arrebatado por visiones divinas, la emprende a tiros contra un reconocido médico abortista, Augustus Voorhees, frente a la puerta de la clínica donde practica impunemente el «asesinato de inocentes».
Tras un espectacular arranque, Oates pasa a profundizar en la vida de Dunphy, elaborando un retrato bastante minucioso que nos habla de una vida desdichada y contradictoria en su mayor parte, una vida poblada de frustraciones, culpabilidad religiosa y episodios de violencia inusitada que se ocultan tras una artificial pátina de hombre familiar, virtuoso e intachable. Justo cuando la construcción de Dunphy como personaje no me podía estar pareciendo más estereotipada y maniquea, Oates le da un vuelco a la novela y nos pone en la piel de Naomi Voorhees, la hija del médico asesinado. A través de un compendio de textos, entrevistas, recuerdos y otros fragmentos, tanto verídicos como imaginados, Naomi trata de reconstruir la vida de su padre a modo de documental, perfilando el idealismo político de Augustus Voorhees y su compromiso con los derechos de las mujeres como una suerte de obsesiva cruzada personal que acabará desintegrando el hogar de Naomi.
Es entonces cuando te das cuenta de que, más que una novela sobre el aborto y su posible o no legitimación, Joyce Carol Oates parece haber escrito una crónica brutal sobre dos familias desestructuradas por las decisiones de sus líderes. Los mártires pagan con sus vidas, parece apuntar Oates, pero las consecuencias definitivamente se ensañan con los supervivientes. La novela recorre las trayectorias paralelas de Naomi y Dawn, hijas respectivas de Gus y Luther, desde la complicada adolescencia, marcada por la inestabilidad, la precariedad y el rencor estratificado, hasta la entrada en la edad adulta, no menos benévola con las protagonistas. Tras escapar del lugar donde asesinaron a su padre y de la posterior avalancha mediática, Naomi emprende el camino de regreso hasta el origen de su dolor, no se sabe muy bien si en busca de venganza, de consuelo o de iluminación. Por su parte, Dawn, que parece haber heredado la íntima conexión espiritual de su padre con las deidades cristianas, se convertirá en una emergente estrella del boxeo femenino.
No hay duda de que Un libro de mártires americanos contiene momentos de sobrecogedora dureza y deslumbrante crítica. La mirada de Oates resulta certera e implacable en su análisis de la sociedad estadounidense más lobotomizada y creo que, en líneas generales, es una novela sólida y bien resuelta, teniendo en cuenta las dimensiones que tiene. No obstante, no he disfrutado de su lectura como me gustaría, en parte por la desconexión que he sentido con el conflicto de los personajes principales, en parte porque el estilo me resultaba a menudo demasiado artificioso y superfluo. El clímax de la novela, aunque predecible, pone un fantástico broche final a una obra valiente y ambiciosa que conseguirá poner en entredicho cualquier ángulo desde el que te acerques a ella.