Asombra, todavía, el silencio y el olvido que se cernieron tras su asesinato sobre una personalidad tan impactante y distinta a todas. Pese a que su leyenda sigue formando parte de la mitología de una ciudad que en tiempos de Lorca alcanzó sus cimas de intensidad y desgarro, ni siquiera un final tan trágico como el del propio Federico ni el hecho de que el poeta se inspirara en ella para escribir La zapatera prodigiosa sirvieron para incluir a Agustina González en la nómina de genios de una generación cuya condena fue adelantarse décadas (o siglos) en su filosofía de vida y sus métodos.
Agustina hacía preguntas. Llamaba a la acción. Tocaba temas incómodos. No se callaba. Molestaba. Y precisamente esta personalidad tan transgresora, tan intolerable en la España de la Guerra Civil, fue la causa de que el franquismo la apuntara con su dedo de hierro.
Tras el golpe de Estado de 1936, la zapatera fue primero encarcelada y después trasladada al pueblo de Víznar y fusilada allí («por puta y por lesbiana»), igual que Lorca, junto a otras dos mujeres, aunque se desconoce la fecha exacta de la ejecución. Dicen que, en el momento de su muerte, enfrentada ya a los fusiles del pelotón colocado en línea, se negó a solicitar el perdón de Dios y alzando sus ojos al cielo pidió, en cambio, clemencia a las estrellas. Pero sus asesinos no consiguieron callar su voz, que hoy compartimos, ni enterrar sus ideas. Aquí están, recopiladas por primera vez, para que no vuelvan a caer jamás en el negro abismo del olvido.
Aunque interesante como testimonio, algo excéntrico en ciertos puntos, de una época determinada, este libro me decepcionó profundamente. Pero la culpa de mi decepción no la tiene Agustina González, sino la hagiografía que de su figura se está haciendo en los últimos tiempos en varios foros feministas, y a la que se suma la edición acrítica de este libro. No digo que no haya que leerla, pero insisto: Agustina González fue una mujer corajuda, sí, pero era mucho más reaccionaria y conservadora de lo que los artículos sobre ella, o la propia sinopsis y presentación de este libro, nos pueda dar a entender.
En cuanto a la edición: es acrítica. No se corresponde la imagen que se nos presenta de la escritora con lo que luego leemos de ella. Las hagiografías no son un remedio contra el olvido ni para exigir justicia. No se nos explica tampoco el criterio de ordenación de los tres textos, que no es cronológico.
El primer texto que se nos presenta es “Justificación”, de 1927. Es el más político-feminista de los tres. Pero ojo: Agustina González era una mujer de clase media-alta, profundamente católica, clasista, y moderada tanto en lo político como en lo feminista. Ejemplos de lo que ella denomina “feminismo práctico moderado” incluyen una explicación de cómo deben vestirse las mujeres (“las delgadas con falda larga parecían palos vestidos; las gruesas con falda corta parecen toneles con basamentas; (…) Las mujeres robustas y bien formadas, que no excitan la risa pero que excitan la lujuria, están mejor con la ropa semicorta, que es higiénica y no es provocativa”); o la importancia de la participación de los hombres en la causa feminista, porque, ojo, es injusto que tengan que mantener a mujeres caprichosas. En cuanto a sus ideas políticas, González se define como “de las que caminan por la derecha de la izquierda”, considera que el país más cercano al comunismo ideal es Estados Unidos, y defiende el sometimiento de los pueblos colonizados con ideas propias del siglo XIX (“(…) no se llegará al desarme sin la sumisión completa de las colonias a sus respectivos países colonizadores. A la hora del desarme general, se concederá a las colonias que se hallen en condiciones la independencia, a cambio del mismo desarme. Hay que instruir las colonias primero, para convencerlas del bien que representa la civilización”); y en cuanto a su concepción del anarquismo, baste decir que recurre a artículos del ABC para defender posturas demofóbicas. Se posiciona también en contra del baile, y cito: “Me arde la sangre contra la inmoral costumbre del baile, que tolera tan mansamente que se abrace la juventud en presencia de todos, queriendo después reprimir brutalmente los deseos y excitaciones que produce, puesto que los que bailan son de carne y hueso y no de palo. Considero el baile inmoral, provocativo y perjudicial para las buenas costumbres de la sociedad, originario de no pocos enfermos de sensualismo”.
El segundo texto del libro es “Las leyes secretas” (1927), que sinceramente no aporta nada si ya has leído cualquier escrito teosófico de principios del siglo XX. Destaco (para mal) la concepción de la homosexualidad como enfermedad moral y espiritual que defiende González en este apartado, con afirmaciones como que “la medicina para esta enfermedad es la absoluta abstinencia sexual voluntaria”; y la concepción de la mujer como un apéndice del hombre, ya que en varias ocasiones la autora habla de “el hombre y su compañera inseparable”.
El último texto, aunque cronológicamente el primero, es “Idearium Futurismo” (1916). En él, González propone (y utiliza) una simplificación del alfabeto castellano, prescindiendo de las consonantes c, h, qu, v, x, y, z. A nivel filológico presenta el problema de que su método de escritura no concibe el fonema /θ/, utilizado en numerosas variantes lingüísticas. En cualquier caso, creo que el interés de este texto no está tanto en su valor filológico, sino en las reflexiones que nos ofrece sobre la visión del mundo de González, que dista mucho de la imagen que se nos parece estar queriendo transmitir de ella. Por ejemplo, la autora defiende como algo positivo que llegue un día en el que se utilice un único idioma universal (aunque critica el esperanto), y propone que para ello el español es el mejor idioma, entre otros motivos, por ser uno de los más hablados; considera vanidad la defensa de las lenguas minoritarias. Por otro lado, aunque aboga por el respeto y conocimiento de todas las religiones, sus motivos distan de ser solidarios: “konosidas todas [las religiones] internasionalmente iría ganando más adiktos la más fundamentada”, es decir, el catolicismo. Al mismo tiempo que aboga por la desaparición de los ejércitos, considera que es necesario que todo ciudadano y ciudadana fuera instruido en el manejo de armas “para el kaso de una inbasión salbaje”. Asimismo, defiende un estatismo social que sólo beneficia a las personas que, como ella, pertenecen a estratos elevados de la sociedad: “el ijo del diplomátiko debe ser diplomátiko; el ijo del doktor, doktor; el del injeniero, injeniero; el del labrador, labrador; el del fabrikante, fabrikante, i así todos, pero siempre tendiendo a mejorar en profesión de los padres”.
En suma: si os acercáis a este libro buscando a “La Zapatera” feminista y revolucionaria que algunos nos pintan, no la encontraréis, porque no existe. Su interés reside, creo yo, en ver las contradicciones ideológicas de esta mujer, y en la contradicción última de que fuera ejecutada “por puta”, junto con Lorca, cuando su pensamiento tal vez se alineaba más con el de sus verdugos que con el de otros muchos condenados. Ojo con las figuras que queremos reivindicar.
por fin he terminado el dichoso libro no me lo puedo creer tenía unas ganas increíbles de terminarlo de una vez por todas se me ha hecho súper extenso y aburrido. admiro a agustina, fue una mujer bastante revolucionaria para la época y no se habla de ella. tenía la mente muy abierta para los años 20 en España, aunque estaba muy aferrada a la religión... MENUDO TUTE ME HA DADO CON DIOS, ha sido terrible. me quedo con su feminismo y lucha obrera, y algunas cosas que trata sobre el espíritu y el alma, que también han estado lindas.
Quise leer estos tres escritos de Agustina González, por todo lo que he leído de ella y he visto en internet, pero me he llevado una gran decepción con ella. No digo que en su época no haya sido una revolucionaria feminista que la mataron por puta y loca, pero sus escritos, estos 3 ensayos que en este libro se encuentra, no me han parecido de una mujer que fuese “lesbiana”, feminista y revolucionaria. En estos ensayos, me he encontrado con una zapatera que nada tiene que ver con el libro de Lorca. Fervientemente religiosa y con una mentalidad muy clasista, donde la escritora dice que por ejemplo: un maestro, sus descendientes tienen que ser todos maestros o que un cerrajero, pues sus hijos tienen que ser cerrajeros, sin dar lugar que el hijo del cerrajero estudie otra carrera que no sea la del padre. También me ha parecido un poco xenófoba, González dice que, los extranjeros que vengan a España tienen que hablar español, ya que es la lengua más hablada. Le he dado 3 estrellas, porque el libro me ha parecido interesante desde el punto de vista de cómo pensaban las personas aburguesadas de la época, pero para nada me he encontrado a esa Agustina revolucionaria. Su ensayo justificación, fue el que más me gustó.