En principio la idea de un libro de divulgación histórica -incluído uno que usa un lenguaje coloquial- parece una buena idea, sobre todo teniendo en cuenta el estado actual del conocimiento histórico en España así como la cantidad de mitos, olvidos y simplezas que abundan en nuestra memoria histórica. Pero este libro tiene poco que recomendar aunque quizá anime a algunas personas a dar el paso e interesarse por la historia gracias al tono asequible. Al parecer el tono refleja un programa radiofónico en el que participa Nieves Concostrina. Pero el libro no deja de ser un conjunto de anécdotas marinadas en 'buenrollismo'.
La autora no trata de ser neutral ni deja de dar su opinión en cada capítulo. No se trata de un libro de historia en ese sentido. El problema es que esa opinión es universalmente aplicada sin contexto y, a veces, sin venir a cuento y con una agenda que cruza espacio y tiempo para reflejar dos o tres ideas que la autora quiere dejar muy claras:
1) La influencia perniciosa de la religión en los asuntos humanos. Especialmente la hipocresía y reaccionaria actitud de la Iglesia Católica, la Protestante y el Islam. La principal crítica a las religiones /Iglesia es su benialidad y el control que ejercen sobre el "populacho" (sic.). Más importante aún, este control está basado en una serie de ficciones y leyendas según Concostrina. Así un libro de historia o historias se convierte en otra cosa. Una manera condescendiente de 'predicar' al personal como si no supiéramos los lectores decidir por nuestra cuenta.
Por poner un ejemplo nada sutil, la autora evita usar capitalización de la palabra "dios" incluso cuando se refiere a un dios específico, ficticio o no. Este detalle se repite constantemente, ya sea hablando de Ricardo Corazón de León o Benjamin Franklin. Otros ejemplos relevantes de esta misión evangelizadora de la autora son los capitulos sobre apariciones marianas y otro sobre la historia de la Virgen de la Estrella, la "Valiente", en 1931. Cabe preguntarse porqué se escogen temas tan marginales como estos. En el primero, las apariciones, la autora se decanta por justificar estos bulos como reacción al avance del laicismo en Europa. Vale. Lo que tienen de histórico es la magnitud del engaño, por ponerlo claro. En el segundo caso, Concostrina apoya la tesis de que las procesiones de Semana Santa en Sevilla se negaron a salir por estar en contra de la República, no por estra prohibidas. Y es posible que tenga razón pero el pintar el asunto como de "buenos" y "malos" es faltar a la perspectiva que se necesita en estos casos. La República era partidaria de las procesiones por su "valor cultural". Los cófrades quizá prefirieron no salir por no darles el gusto de usar su devoción religiosa como una muestra de feria. Además habían ocurrido ya algunos desmadres contra edificios e instituciones religiosas. De hecho, la procesión de la Estrella tuvo sus momentos tensos. Todo esto se pierde en el blanco y negro de este libro.
2. Aún más condescendiente es la actitud de la autora con las motivaciones de la gente que vivió en épocas muy distintas a la nuestra. Los 'ricos', sin calificaciones, merecen una mención aparte. Para Concostrina, por definición, la riqueza es sospechosa (un actitud my Católica por cierto) y el poseedor es malvado hasta que no se pruebe lo contrario. Excepciones, Edmund Hillary porque construyó escuelas y Franklin porque se lo merecía por pensador , independiente y despreciador de pelucas. Por eso escribe frases como esta sobre Franklin "Es cierto que se hizo rico trabajando, (...) Pero luego empleaba su dinero en inventar y en experimentar, (...) " A qué viene la preposición adversativa? Franklin se hizo rico y luego usó el dinero para lo que le dio la gana. Ni "peros" ni "porqués". La avaricia y el deseo de proteger los intereses elitistas han sido un motivador, si no en todos, en la mayoria de los conflictos humanos y los ricos, especialmente en la realeza, no han sido siempre preclaros y generosos -por decirlo suavemente- con sus medios de adquisición. Pero en los detalles está la trama. Seguramente los personajes de carne y hueso tienen motivaciones más allá del puterío de las reinas y la avaricia de los obispos. Y el pueblo llano, como admite la propia autora, ha sido el partícipe primordial en muchos casos por compartir esos mismo vicios y defectos que pudren a los que se suben al poder. Sobre todo la ignorancia.
3) Inexactitudes. Aquí es donde el libro pierde su razón de ser. Cuando el lector empieza a descubrir detalles que se obvian, por pereza? por que no son esenciales? entramos en un terreno ambiguo. Por ejemplo se afirma que los españoles usaron ropas contaminadas de viruela para exterminar a los nativos de las Américas. Esta fue una practica de los colonos franceses e ingleses. Los españoles devastaron poblaciones enteras con la viruela pero no a propósito como afirma Concostrina. Para empezar desconocían el orígen de las enfermedades y no querían perder mano de obra. Porqué dedicarse al extermino con lo costoso que era traer esclavos de Africa? En la historia sobre Benjamin Franklin, la autora escribe que su famosa cometa recibía rayos (p. 167 ). Esto hubiera matado al polifacético estadista. La cometa se cargo de la energía atmosférica, sin rayos que la pulverizaran. Son los detalles.
4) Qué historias mercecen la pena? El libro es un batiburrillo de historias semi-mitícas y reales. Algunas estan dedicadas a deshacer algún mito que otro, el protagonismo de Marconi con el telégrafo o de Graham Bell con el teléfono - ninguno fue el primero en inventar lo que se les atribuye. Abundan temas anglosajones, los reyes de la divulgacón histórico-novelera siempre han sido los Ingleses. Así aparecen Kim Philby or la Operacion carne Picada. La historia del nacimiento de Frankestein es interesante y bastante conocida, yo hubiera añadido la importancia que tuvo la erupción del volcán que les amargo el verano a los Byron y a los Shelley y que se manifiesta en la neblinosa pintura de Turner. Pero no dejan de ser asuntos extirpados del mundo anglo un poco a la fuerza. No se trata de centrarse en lo nuestro? Los temas nacionales revolotean sobre lor reyes y reinas y en inumerables ejemplos de corrupción ecelsiástica. Hacen su aparición, más que merecida por cierto, Blas de Lezo e Isaac Peral.
Son guiones para un programa de radio e invitan al oyente a saltar de una era a otra, de un país a otro y, sobre todo, invitan a dividir el mundo entre malos y buenos de acuerdo con un moralismo mas propio de las instituciones que la autora tanto critica. Y el resultado es como si todo el mundo viviera en el mismo barrio, desde el hombre de Atapuerca hasta la Reina Victoria Eugenia. "That's entertainment!"