Viajar no lleva a ningún sitio se sumerge en la historia cultural reciente y nos hipnotiza con su estructura narrativa en círculos concéntricos. Personajes que nos enamoran deambulan por el globo de sur a norte, de oeste a este, y viceversa; saltan de avión en avión, de continente en continente, deambulan de fiesta en fiesta, de casa en casa, y pugnan por encontrarse consigo mismo y con los demás. El resultado literario es impecable pues la fuerza poética del texto nos lleva a implicarnos en las vidas de este elenco singular. La clave de esta ficción está en el ruido de fondo residual que suelda las placas de la densa superficie fragmentada, donde el diálogo minucioso de los personajes cumple con la cabal expresión de lo humano y del género novela. Subterráneamente, en cambio, es de los límites de uno y de otro de lo que se trata y de un nuevo paradigma en curso. Oye el zumbido; arroja tu hueso al aire y verás. Monolito, satellite of love, esta novela comprime y expande el zumbido de la vasta obra de Gabriel Peveroni, desde lo escrito y dirigido en Juntacadáveres, a mediados de los 90 en Montevideo, hasta la deslumbrante Los ojos de una ciudad china (HUM, 2016).
Gran novela, al nivel de su predecesora (Los ojos de una ciudad china). Nos deja con ganas de que la próxima novela, que cierra la trilogía, se publique ya. Se trata de una historia coral, en la que las historias de los personajes se van cruzando, generando un tejido muy interesante en el que los límites de la ficción y la realidad muchas veces se desdibujan.
Lo ambicioso del proyecto de interconexión de textos, ideas, música, personajes, novelistas, otras obras, etc., ya es de por sí fascinante. Si uno lee novelas anteriores de Peveroni, ya sabe que sus temáticas intentaban escapar a las típicas temáticas de la narrativa uruguaya, por lo que este "Proyecto Shanghai", si bien puede sorprender al principio, resulta totalmente coherente con lo previo.
La historia interconecta a una serie de personajes en distintas locaciones por determinados detalles y cruces que generan un rompecabezas fascinante que atrapa en todo momento. Si bien puede leerse de forma independiente a "Los ojos de una ciudad china", funciona muy bien como continuación y ampliación de temas y personajes allí presentados o esbozados. Sobre el final encontramos unas páginas que adelantan por dónde irán los tiros en la tercera novela de este proyecto, y ya me dan ganas de seguir leyendo.
En definitiva, es totalmente recomendable y posiciona a Peveroni como una de las voces más interesantes de nuestra narrativa, y de los autores cuyas obras más expectativa me genera leer, junto con Daniel Mella y alguno más.