En la literatura de Velázquez todo es retorcido. Si hay gore, éste es rosa. Si hay humor, éste es descabellado. Si hay amor, éste es un pretexto para el abismo. Pero la existencia de sus personajes no es una excentricidad inextricable, son seres comunes y corrientes que son arrastrados hacia la infamia por la tan irresistible atracción fatal, como le puede ocurrir a cualquiera de nosotros.
Despachador de pollo frito, quinto libro de relatos de Carlos Velázquez, nos lleva por una serie de protagonistas y entornos en donde la mentira y las triquiñuelas; el travestismo y la dipsomanía; el delirio y la enfermedad; la ruina y los desastres emocionales, configuran a través de su inconfundible prosa cáustica, sonora y veloz, un universo mordaz que termina siendo un espejo despiadado en el cual incluso el lector más escéptico se verá seducido y hechizado.
Un detective privado mexicano recibe la inaudita encomienda de desenmascarar a un falso Paul McCartney, un cinéfilo y sensible godín recibe un revés kármico a su prolongada carrera como rompecorazones, un director de orquestas xenofóbico con su propio pueblo llevará al borde de la locura a la comunidad de Tatahuila por sus conflictos con la autoridad, un travesti verá su vida arruinada a partir de una úlcera rectal que lo conducirá al camino de la redención pseudo-evangélica y un despachador de pollo frito arrastra una disputa con su jefe a un péndulo de venganzas y revanchas en donde el propio cuerpo será usado como el campo de batalla principal.
En estos cinco cuentos, Velázquez maneja a su entero placer el devenir de estos seres cuasi fantásticos de tan desposeídos, con un magistral manejo de la estructura y la forma que reverencia a los grandes maestros del género. Sin dejar nunca el sentido del humor como punta de lanza, conduce las tramas a partir de una premisa encantadora y envolvente, en donde todo mundo soltará una carcajada rotunda.
Carlos Velázquez (Coahuila, 1978) es autor de los libros de cuentos Cuco Sánchez blues (2004) y La Biblia Vaquera (nombrado entre los libros del año en 2009 por el periódico Reforma). Según Sergio González Rodríguez «es el libro que el norte inventó para explicarse a sí mismo» y está llamado «a cambiar la recepción y la percepción de la literatura mexicana y sus aires de altísima cultura hecha de mausoleos» (suplemento El Ángel), y que en palabras de Rafael Lemus, «es el producto más divertido e iconoclasta de la narrativa norteña» (Letras Libres). Velázquez recibió el Premio Nacional de Cuento Magdalena Mondragón y ha sido antologado en el Anuario de poesía mexicana 2007 del Fondo de Cultura Económica.
Efectivamente, quizá Velázquez cayó ya en un “estilo cómodo”: domina tan bien el arte de satirizar, de evidenciar estereotipos con algún giro inesperado, de estar “repletas de ocurrencias afortunadas” (Antonio Villarruel dixit), que parece que ha agotado todos sus recursos. No obstante, me sigue cayendo muy bien, y me sigo riendo con sus ocurrencias; así que, taylorswiftianamente, podemos concluir que los odiadores odiarán. Pero mientras a quien esto escribe Velázquez le siga divirtiendo a mares sus ojetadas literarias, lo seguirá leyendo.
Fenomenal, sin pretender la ofensa o la incomodidad de los lectores, Carlos Velázquez es nuestro Charles Bukowski (guardando la debida distancia).
Dominio del lenguaje cotidiano de las zonas urbanas del norte de México, nos educa en lingüística posmoderna.
El uso de frases montadas en la metáfora, causa la hilaridad de todo buen lector contemporáneo. Nos remite a una vinculación constante con la música.
Una excelente opción de lectura no académica para ser disfrutada en fin de semana y si queremos aprovechar la creación de este autor hasta una buena tesis de grado nos garantizaría el futuro individual y de nuestras familias.
Es imaginativo. Dos cuentos son interesantes. Lo demás parece ser un esfuerzo por mantenerse en un cierto estilo, por momentos, predecible. Referencia en un momento interesante de uno de sus mejores cuentos del libro, “Despachador de pollo frito” a Woody Allen, en la película: El dormilón. Honestamente, me decepcionó, creo que las reseñas en prensa a este libro están sobradas.
Pienso que Carlos Velázquez sigue viviendo de sus dos primeros libros de cuentos... en este libro los dos cuentos abren muy bien, con temáticas variada y guiños a un montón de gente pero los demás nel. No dan para una segunda lectura y pecan de lugares comunes.
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Otra vez lo mismo. ¿Ves cómo no entiendes? A tu edad ya debes aprender que la gente dice cada mamada por pura calentura. Cuando estás entrepiernado uno dice cosas que en realidad no siente. Que cuando sube a respirar a la superficie se percata de que no va a hacer lo que acaba de decir.
En cinco cuentos que componen el libro "Despachador de Pollo Frito", Carlos Velázquez apela al humor más ácido, incómodo y directo para retratar personajes que viven en el norte de un México surrealista y desmadroso. La risa se petrifica ante la insolencia estudiada y casi radiográfica de un autor que no deja títere con cabeza al describir, con el mismo desparpajo y ternura, a un gordito amante del pollo KFC que decide llamarse Mr. Bimbo, a un despachador de carnes frías gay que sufre ante su deseo o un contador "godínez" que rompe sus relaciones en una sucursal de McDonalds a las 11 de la mañana, sin miramientos, por evadir el compromiso. Carlos Velázquez da vida a un literatura "border" que reta al espectador a no reírse y sentir lástima por mexicanos al borde de un ataque de nervios, en letras que pocos se atreven a escribir en tiempos de Inquisición contra lo políticamente incorrecto. Y este libro lo rebasa, con gozoso aliento, hasta el delirio.
Libro lleno de desfachatez muy apropiado para pasar el rato sin mayores pretensiones. El autor es capaz de construir historias sin cortapisas que no en pocas ocasiones rozan el absurdo y que hacen que el lector batalle un poco en predecir en que va a acabar la cosa. Eso sí, en algunos relatos la trama se siente un poco forzada de más para encajar en el tono general del libro, lo cual no es malo, pero hace que se siena como si no tuviera demasiadas variaciones.
Para un rato de diversión sin mayor complejidad, seguro valdrá la pena.
Algo que me gusta de escuchar Podcast de plataformas "Independientes" es que tienen invitados bien especiales, en una plataforma llamada Convoy Network escuche al escritor mexicano Carlos Velázquez por primera vez, estaba promocionando su nuevo libro "Despachador de Pollo Frito". Años después lo escuche por segunda vez en otra plataforma llamada Sálvame Radio y hablo nuevamente sobre sus obras, esta vez más a fondo y fue cuando me decidí a comprarlas. De lo único que me arrepiento es de no haberlas comprado 2 años antes.
Divertido, ingenioso, se va de volada, peeeero, quizá no sea del agrado de todos, puede parecer demasiado subversivo. A mi me agradó, es el segundo libro que leo de Velásquez y no me ha hartado, aunque temo que si sus demás libros mantienen este estilo, lo innovador se convertirá en un arma de dos filos.
Mi libro favorito de este autor y el primero que leí y que me lo presento, creo que estos cuentos tienen el equilibrio perfecto entre el humor y el drama, entre la realidad y la ficción.
¡Estilo totalmente irreverente, fresco, desenfadado, humorístico y burdo! Me recordó mucho a la literatura de la onda, de José Agustín (solo que sin Rock). El cuento homónimo es realmente bueno. Un empleado de Kentucky Fried Chicken que ama comer pollo y daría su vida por permanecer en el paraíso. Solo que debe enfrentarse a su jefe y compañeros. ¡Literatura del absurdo! Grandes personajes en el resto de los cuentos: un director de orquesta altanero y abusivo (conozco a más de uno), un gay que sufre de úlcera rectal (con sus consecuentes frustraciones amorosas), un travesti peluquero exitoso, etc.
Quien se acerque a Carlos Velázquez buscando algo nuevo, aquí no lo va a encontrar. Lo que sí habrá es mugre, aceite pegado a las paredes de las cocinas y manchas de grasa en el piso convertidas en cuentos. Es más de lo mismo que él sabe hacer bien, hablar de friks, perversiones y sin sentidos. Es como escuchar un disco de AC/DC, siempre la misma tonada, pero plena de disfrute. Nadie como él en la actualidad para manejar la ironía y el sarcasmo que tienen mucho de autobiográficos, siempre.
El Dr. Pooh, drogo confeso y orgulloso, lo hace una vez más.
Excelente compilación de cuentos en los que el autor no deja de compartirnos su visión de México. Reí bastante con las historias y lo absurdo que llegan a ser me resultó fascinante. Bastante recomendable y agradable.
Meh. Entretenido. Los relatos inician muy bien y luego, pum! Nada que ver el principio con el final. El segundo de Carlos Velazquez que leo y empiezo a creer que será el último. Un estilo, tomo y vocabulario divertido y peculiar. No apto para todo el público.