Las primeras 150 páginas son sobrecogedoras. El narrador de El mundo herido desborda sentimentalidad. Todo lo que se guarda frente a Pitopán y Timbirita, lo registra en este libro, casi un homenaje a sus amigos de el cerro El Litre. El Valpo de los cerros, de la miseria y las tragedias. Recomendadísima.
Lo que más define esta obra es que es un buen documento de su época en la que se tratan la vida de los alcohólicos, las madres condenadas al martirio diario y de sus hijos olvidados, presas del mundo herido. Hay en ella un testimonio, las historias de las calles de Valparaíso que nadie quiere contar, como si no fueran una realidad. Sin embargo, la calidad del autor queda en duda por la forma en que relata esto. Sus apreciaciones derivan de un tópico a otro en tan solo una página, dejando al libro en una sumatoria desigual de escenas ambiciosas pero sin concretar. No me gustó mucho, pero me pareció eso, muy interesante.
"Dejé conducirme por la gentuza ávida de emociones ajenas y con paso torpe le pedí a Dios que no me abandonase para seguir luchando por los seres olvidados".
Este libro es bello, desgarrador y escrito con mucho amor. Lo sentí muy cercano y fui feliz de que existiera, para todos los que llevamos un fuerte sentido de justicia y un amor, poco comprendido, por todos aquellos que viven en los márgenes.