No soy fan ni de la poesía ni del amor. Es por eso que, Arquitectura interior, me ha resultado tan insípida y pesada. Pero hay que hacer mención a dos puntos positivos: su extrema brevedad y las preciosas ilustraciones de la edición que cayó en mis manos.
Esteban Belmonte es el autor de esta obra. No soy una experta en el género pero si se reconocer a un escritor mediocre que como poeta deja todavía más que desear. Y es que el estilo de escritura de Belmonte es plano, insustancial y con una ejecución lamentable. Lo consigue usando una lírica superficial, poco emotiva que está desarrollada a medias, un lenguaje vulgar, asimétrico y de poca musicalidad y unas descripciones que dan pena. Aunque afortunadamente los dibujos de Moni Villora, son tan adorables que compensan estas deficiencias explicativas.
Arquitectura interior es más que una antología de relatos de amor. En esencia el autor parte de la premisa de que cada uno de nosotros es un hogar. Así que enamorarse de alguien implica “entrar” en su casa, es decir, en cada uno de nosotros. De ahí, el título y el hecho de que todo el libro esté dividido en habitaciones que nos van mostrando el antes, durante y después de una relación. Así que, al principio el autor canta al amor desconocido, que poco a poco de establece en una relación que, por desgracia se transforma en desamor, lo que implica “dejar” la casa, que es esa persona, y aprender a convivir con su ausencia.
En suma, Arquitectura interior, aunque parte de una idea original utiliza los temas clásicos y las estructuras típicas de los poemas amorosos, sin mucho acierto y con menos talento. Así que, solamente si sois unos enamorados de la poesía capaz de leer cualquier manifestación lírica que se os ponga por delante, os recomendaría leerlo. El resto que no sea tan entusiasta del verso es mejor que se aproxime a otros edificios con mejor decoración y un andamiaje más robusto.