Había que romper con la literatura argentina obsoleta, previsible, llena de cultura quieta y moribunda. Y apareció Sbarra, para anarquizarnos y divertirnos. Yo lo conocí con Marc, la sucia rata. Una noche me lo regaló una chica, en Medio Mundo Varieté. Después él continuó con Plástico Cruel y aterrizó con Bang Bang!, para concluir con esta trilogía curiosa y fascinante. Porque Sbarra lograba fanáticos. Gente que entraba en su literatura y quedaba envuelta para siempre. Recuerdo cuando el director de cine Carlos Galettini quiso filmar Bang Bang!. No pudo ser. Pero la novela lo ameritaba. Bang Bang! habla del amor. O de la imposibilidad del amor. El erotismo y la crueldad sobrevuelan la creación siempre reveladora de Sbarra, que se fue temprano, aburrido de un mundo demasiado adulto e inútil. Yo lo conocí y de alguna manera fuimos compañeros de ruta. Sbarra era demasiado escritor. Transpiraba literatura. Vivía para poder escribir, a tal punto que cuando no pudo escribir más, murió. Un exquisito del lenguaje. Amante de los márgenes, vivió y escribió de la misma manera. Habría que rescatar su literatura, rescatar los años ochenta, locos y anárquicos. Después llegó el capitalismo más feroz. Pero Sbarra ya se había ido, desterrado como Céline. Dejó libros para los jóvenes, inadaptados inconformistas. Yo sigo siendo uno de ellos. Celebro de sobremanera esta edición de Bang Bang!. Siento que se hace justicia con un escritor de los imprescindibles.
Fue maestro normal, periodista, escritor y guionista de la televisión. Publicó varios libros infantiles y juveniles. Después llegaron sus obras más oscuras: Obsesión de vivir, Marc, la sucia rata y Plástico cruel. Falleció el 23 de agosto de 1996, tras padecer HIV.
Fue un escritor oscuro y nunca masivo. Dejó obras extrañas, entre ellas una novela, Plástico cruel.
Es como una novela corta de 120 páginas donde prácticamente cada una de ellas es un capítulo de la historia. Muchos de estos capítulos terminan con una frase poética, desafiante o reveladora según el caso, algo que se hace interesante al principio pero reiterativo y predecible después de la mitad; quizás esa sensación se puede evitar leyéndolo de forma más dosificada. El final no me gustó mucho.