In 2008, Dr. Eben Alexander's brain was severely damaged by a devastating case of bacterial meningitis, and he fell into a weeklong coma. During those 7 days in coma, he was plunged into the deepest realms of consciousness and came to understand profound truths about the universe we inhabit.
Eben Alexander III (born December 11, 1953) is an American neurosurgeon and the author of the book Proof of Heaven: A Neurosurgeon's Journey into the Afterlife, in which he describes his 2008 near-death experience and asserts that science can and will determine that the brain does not create consciousness and that consciousness survives bodily death.
Comienza interesante, expresando el problema del nacimiento de la conciencia, cómo, aparentemente, el cerebro no puede ser el origen de esta conciencia (ya que esto supondría que no existe verdaderamente el libre albedrío) y otras problemáticas metafísicas, ahí tiene todo mi interés. Además, añade símiles con la cuántica y sus comportamientos que dependen del observador y soy todo oídos.
Después, cuenta la historia de su coma. Escuchar testimonios de personas que han vivido experiencias cercanas a la muerte y cómo esta vivencia ha influido en su percepción de todo aquello que se escapa al espectro visible está genial, de verdad, pero luego empieza a meterse en movidas como la creencia en el amor incondicional, el crecimiento del corazón mediante la introspección y (lo que más me duele) esas historias sobre personas que, por haber creído y meditado, han conseguido salvarse de la muerte, superar un cáncer y, básicamente, decidir a través de su supraconcienca sobre su cuerpo físico, como si el que fallece es porque quiere o porque no ha peleado lo suficiente. Aquí no existen las malas personas, todas tenían un propósito y hay que amarlas y el que muere o vive es porque quiere. Y yo se supone que tengo que creerlo porque si no, el autor me tilda de "escéptico cerrado de mente", mientras él se está lucrando de su experiencia para crear una especie de religión (dice que da igual la religión en la que creas, pero todos sabemos hacia cuál se asemeja más) que cree en una fuerza superior que nos une a todos al igual que se intercomunican los hongos. Se trata de un autor antaño anclado en el materialismo científico y pasa a ser un señor religioso que prácticamente reniega de la objetividad y solo se ancla en el plano subjetivo. Un ser espiritual, sí, pero también manipulador y que, tras tantos años trabajando su espiritualidad, ha abandonado su condición de ser físico.