Me encanta cuando un buen libro te lleva a otro. Eso me pasó con este, uno del que nunca había escuchado pero que después de verlo hermosamente reseñado en la obra de @sorayda_peguero tuve que leer.
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Se trata del diario de su autora en una favela Paulista a mediados del siglo XX, una época en la que la ciudad cada vez se acerca más al primer mundo pero dejando atrás, en el cuarto de desechos que son las favelas, a los más pobres, a «los sobrantes, lo que de quema o se va al basurero».
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No se trata ni de un libro más de porno-miseria ni de exaltación de las bondades de la miseria. ¡Y ese es su gran valor literario! Es un testimonio honesto y crudo de la crueldad de la pobreza pero envuelto en hermosas figuras literarias que antes de endulzar la pobreza la realzan poéticamente: «Parece que vine al mundo predestinada a recoger cosas. Solo no recojo felicidad».
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Olvidados por décadas, desde hace algunos años tanto el libro como su autora han sido reivindicados como pioneros de la literatura negra brasilera y periférica. Pero más allá de esta etiqueta, se trata de una de las obras de no ficción más fascinantes que he leído en mucho tiempo, una de esas que sacudieron tanto mi espirituo social como alma literaria.
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Imaginen a una mujer negra recicladora, no de las recicladoras - empresarias que vemos hoy si no de aquellas «pobres como ratas» que no solo dependen de la basura que desechamos para ganarse unas pocas monedas sino para comer o calzar, así se trate de una carne semi podrida o de unos zapatos rotos.
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Ahora imaginen que esa persona, a pesar de solo tener dos años de precario estudio, ha encontrado en la lectura y escritura su mayor placer y no tiene reparo en llamarse a sí misma una escritora, porque lo es, así a veces el hambre y la suciedad y la exclusión y el desespero y las enfermedades la dejen sin fuerza para hacerlo. Por eso lleva un diario, no solo de lo que le pasa y lo que piensa sino de la cotidianidad de la favela en la que vive, aquel «cuarto de desecho» de Sao Paulo a donde va a parar todo lo que la ciudad no quiere ni desea que se vea.
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Piensen en esa mujer, madre soltera de tres hijos, viendo en la llegada de un reportero a la favela una oportunidad única: grita y pelea con sus vecinos, asegurándose de que todos –especialmente el periodista— escuche del libro que está escribiendo. Funciona: el reportaje de la revista es sobre ella y su diario. Una editorial lo publica: para la élite literaria, tradicional y alternativa, no deja de ser un escrito exótico sin mayor riqueza. Igual se traduce a 14 idiomas y se vuelve, en su momento, el libro brasilero más vendido. Carolina lo ha logrado. Es escritora publicada. Ha salido de la favela. Tiene una casa de ladrillo.
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Pronto sería olvidada. El racismo, machismo, elitismo y la dictadura lo logran. Pero lo logró. La mujer, negra y pobre demostró su talento y 60 años después un colombiano, sentado en un café, acaba de terminar su libro y habla de ella asombrado de su hermosa narrativa.