¿La memoria es transferible? ¿Lo que recuerda una persona puede ser análogo al recuerdo de una generación? Este libro nos lleva a conocer los recuerdos de uno de los mejores escritores de su generación y al mismo tiempo que disfrutamos de su literatura podemos disfrutar de las poderosas imágenes que evoca.
Martín Kohan es un escritor argentino y profesor de Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de la Patagonia.
Sus obras se publican en editoriales como Einaudi (Italia), Serpent’s Tail (Reino Unido), Seuil (Francia) y Suhrkamp (Alemania). Ciencias morales (2007) es su novela más popular y ha sido llevada al cine con el nombre "La mirada invisible", bajo la dirección de Diego Lerman. En la película Kohan interpreta el breve papel de empleado de una tienda de discos. También con Ciencias morales ha ganado el Premio Herralde de Novela 2007.
En 2014 recibió el Premio Konex - Diploma al Mérito como uno de los 5 mejores novelistas del período 2008-2010 de la Argentina.
Que loco que leyendo estos me acuerdos de otra persona, llegues a recordar los tuyos propios, hay una memoria colectiva tan arraigada en nuestra cultura, tan poderosa que es capaz de atravesar generacion tras generación. Un libro entretenido y nostalgico.
Hacía tiempo que quería leer algo del autor, había leído reseñas super interesantes de sus obras y me llamaba muchísimo la atención todo lo que se dice por ahí de sus libros.
La propuesta del libro es interesante, plantea la idea de que nuestra memoria puede estar conectada a los recuerdos que compartimos con las personas de nuestra misma generación y que a través de los recuerdos de una persona podemos acercarnos a algún tipo de modelo general de las vivencias de una época.
La edición es hermosa, me encantó la portada y ame la ilustración del autor que está en las primeras páginas. Muy lindo el detalle de que algunas fotos acompañen la lectura. Se lee muy rápido porque no supera las 100 páginas, pero es mejor leerlo lento para darle a cada recuerdo el tiempo necesario que nos permita conectar con las vivencias propias.
Martín lleva al lector a un viaje a los recuerdos de su infancia, leer este libro me llevo a recordar historias que cuentan mis padres (que son de la misma generación que la del autor), y fue muy lindo encontrar que algunos de estos recuerdos eran algo compartido por ellos.
Yo soy de otra generación, y aún así pude sentirme identificada con algunos de los recuerdos del autor. De alguna manera la lectura me llevo a poder recordar en paralelo mi propia infancia y abrazar algunos recuerdos que se mantenían hasta hoy escondidos en algunos rincones de mi mente a los que hacía tiempo que no volvía.
Los recuerdos de Martín lograron despertar muchas emociones en mí; lo leí en tres noches y en ninguna me falto la risa ni las ganas de agarrar un par de hojas y escribir algunos de mis recuerdos para retenerlos un ratito más conmigo.
El libro es una lista de recuerdos que seguramente fueron escritos en el orden que aparecían en la mente del autor, por eso leerlos se siente natural, porque no se percibe una intención forzada de ordenarlas de manera cronológica.
Al final el lector puede sentirse identificado en esta manera de encontrarse con los recuerdos, que no son más que fragmentos de memorias que viven en nuestro interior esperando que las busquemos para reconocernos en el pasado, en quien fuimos y que no dejo de crecer para llegar a la persona que somos hoy.
No es lo que más disfrute de Kohan, pero me pareció interesante el ejercicio de enumerar recuerdos y la manera en la que esos recuerdos despiertan algo en nosotros
Martín tiene el nombre de mi papá y la edad exacta de mi mamá. Martín fue mi primer profesor de la universidad. Martín fue mi primer amor. Mentira, tuve otras figuras de autoridad antes, mucho antes. Martín vivía unas casas más allá de mi segundo trabajo. Yo salía a acompañar a las camareras fumadoras para verlo. Él no se acordaba de mí. Yo me sentaba en primera fila. Una vez, con la valentía de la inocente ex primera escolta, me atreví a discutir peronismo en una clase de formalismo y falsa conciencia. Era la primera vez que escuchaba hablar de Marx. Sigo pensando que yo tenía razón. La tenía él.
Esto es lo que dice Martín que dijo Perec: "un libro digno de ser copiado". Me remitió a escenas de mi infancia a pesar de los veintipico de años que nos separan y mi catolicismo y su judaísmo. Yo también tenía ese corte taza y apretaba el envoltorio del Jack para ver qué juguete venía. Esa es la magia de un libro de recuerdos simples. Me dieron ganas de escribir.
"Tínhamos um peixe que ficou doente e ficava quieto no fundo do aquário. Como nesses dias, na Espanha, agonizava Francisco Franco, passamos a chamar o peixe de Franco. No dia quem que Franco faleceu, em casa também morreu o peixe"
No prefácio de "Léxico Familiar", da italiana Natalia Ginzburg, o escritor chileno Alejandro Zambra diz que um dos grandes méritos do livro é que de tão simples, ele é sublime. A obra poderia ter sido escrita por qualquer um e seria completamente diferente e fascinante do mesmo modo.
Isso porque Natalia escreve sobre suas recordações de família e toda e qualquer história familiar é completamente única e intrigante. Entrar nesse universo particular é fascinante.
Em "Me Acuerdo", o escritor Martín Kohan, faz justamente isso, uma nova versão de "Léxico Familiar" ao relembrar sua infância na Argentina dos anos 1970.
As anedotas são comoventes, assim como no livro de Natalia. Ele narra, por exemplo, o verão que passou usando a mesma camiseta da seleção argentina e o dia que o motorista do ônibus escolar disse que o vestido de sua mãe era feio.
São pequenos trechos que de tão banais são comoventes, pois mostram com exatidão os acontecimentos marcantes da vida de uma criança.
Assim como Natalia, Kohan também é uma criança judia num mundo de maioria cristã e o preconceito aparece por vezes de forma discreta e outras nem tanto, como quando uma criança do bairro o chama de "judeu de merda" após uma briga.
Outros aspectos marcantes da época também estão presentes, como a ditadura militar e o amor pelo futebol, pelo Boca Juniors, em especial.
Os relatos são breves e em sua maioria não passam de curtos parágrafos. São pequenas anotações, organizadas sem estrutura aparente, como a própria memória funciona. A sensação é de que o autor está folheando um albinho de fotos do passado ao nosso lado.
O escritor já foi publicado no Brasil, mas "Me Acuerdo" segue sem tradução no país. O livro, no entanto, não é difícil de encontrar em formato de e-book e sua linguagem pode ser facilmente entendida, mesmo para aqueles que, como eu, não são fluentes em espanhol.
“Mi primer beso de lengua: con Marian. Trepados a un árbol, frente a la casa abandonada de la vuelta. No me lo esperaba en absoluto”.
“Me acuerdo” es un subgénero literario en el que se recopilan breves del autor con recuerdos de la infancia. 👉🏼 Georges Perec fue el impulsor con su libro titulado de la misma forma que el subgénero en 1978. Perec dijo que el espíritu de su libro está inspirado en I remember, la primera obra del escritor Joe Brainard.
Es la primera vez que leo a Kohan y siento que a través de este libro lo conocí en su versión más descontracturada, como si estuviésemos charlando de nuestras infancias. Sus recuerdos despertaron mi memoria y me llevaron a fragmentos de mi infancia que había creído perdidos ✨.
Me divertí mucho armando este rompecabezas desordenado de la vida de Kohan; si bien sus recuerdos son individuales, representan un colectivo de recuerdos que datan de las mismas fechas. A través de esta lectura corta y ágil somos parte de la vida del autor, de sus secretos olvidados y su comunidad.
Un libro singular que nos invita a un viaje a través de los recuerdos, a celebrar la memoria, la nostalgia y la belleza de lo cotidiano. A través de una serie de fragmentos breves y aparentemente inconexos, el autor nos transporta a su infancia y juventud en la Argentina.
Sus páginas mantienen una edición cuidada y atractiva, para leerlas despacio, para volver una y otra vez. Las fotografías del autor intercaladas entre los textos aportan un toque personal y emotivo. Sus frases cortas y precisas tienen la capacidad de evocarnos imágenes, sensaciones y emociones.
Para los amantes de la escritura creativa, "Me acuerdo" es una fuente de inspiración. La forma en que se juega con la memoria y el lenguaje abre nuevas posibilidades para explorar la escritura autobiográfica. Sus textos nos invitan a reflexionar sobre nuestros propios recuerdos y a convertirlos en material literario.
Este título se suma a una larga tradición. No es casualidad que Georges Perec, uno de los grandes escritores del siglo XX, haya calificado "I remember" de Joe Brainard como "un libro digno de ser copiado".
Una interesante propuesta de reconstrucción de la memoria y de la infancia, basada en el clásico del mismo título, Me acuerdo, del genial Georges Perec. A través de una serie de viñetas breves y escuetas donde se cuentan episodios mínimos, nombres, datos, sentires, recuerdos, lugares, objetos, y con el agregado de algunas fotos de su archivo personal, el autor arma un panorama sentimental y afectivo de su propia infancia, haciendo foco en la etapa de escolarización, en sus primeros amores, en las visitas a los abuelos, en la relación entre sus padres, su gusto por el fútbol (y disgusto ante otros deportes), su trabajo como niño modelo de distintas publicidades, etc. La idea está bien, el texto es ameno y el libro se lee completo de una sentada; dicho esto, creo que le falta un poco de elaboración, con más trabajo sobre el texto se podrían haber hilado conexiones y relaciones un poco más literarias, que estas ligeras viñetas que por momentos parecen un telegrama. Tampoco entiendo por qué a Kohan le interesa tanto que sus lectores sepan las marcas de automóviles que tenían los padres de todos sus amigos.
Un libro personal donde se acumulan los recuerdos propios de una memoria prodigiosa porque relata hechos minuciosamente. Una manera peculiar y original de salvaguardar del olvido la propia vida que Kohan nos comparte como una hogaza de pan. García Márquez decía que “la vida no es la que vivimos, sino cómo la recordamos para contarla”, Saer hablaba del recuerdo como algo que cambia tal como lo hace el lecho de un río en su libro La Mayor ("Insomnio de un historiador"). El recuerdo siempre es materia poética, es lo que nutre toda ficción.
"Le hice creer a mi hermana (a la noche, en la oscuridad, antes de dormirnos) que esas manchas que aparecían delante de los ojos, eran Dios. Le decía que la única manera de protegerse era taparse bien hasta arriba y dejar solamente la cabeza afuera. Lo decía para asustarla, pero terminaba asustándome también yo"
¿Cómo reconstruir el pasado? En pequeños fragmentos Kohan nos da un pantallazo de su niñez: su familia, su situación, su vida interior. Me pareció interesante pero me dejó gusto a poco.
siento que es un ejercicio que todos deberíamos hacer, anotar nuestros recuerdos sin necesidad de tener un hilo conductor y leer recuerdos de alguien más inmediatamente te trae recuerdos propios :-)
Kohan nos comparte sus recuerdos con no más de 3 oraciones, como cuentos cortos. Estos van hilando una historia que nos relata la cotidianidad de su infancia de una manera simple y tierna. Además, cada cuento corto, es un potencial boleto a las profundidades de la memoria del lector y conectar de los recuerdos propios y del autor.
Martin Kohan continúa el sistema de escritura que postularon el norteamericano Joe Brainard y Georges Perec con sus respectivos “Me Acuerdo”. No es una narración de recuerdos, sino una mera enumeración, una lista de momentos.
Leí varias entrevistas donde el autor recalca siempre la misma idea: él no buscó escribir una autobiografía ni reconstruir su identidad a través del libro. Simplemente evocó un cúmulo de sucesos que vinieron a su mente y los plasmó en el papel.
Citando textualmente a Kohan: “Empecé con el primer recuerdo que acudió, terminé cuando no acudió ninguno más. ¿Cuál es el último recuerdo del libro? ¡No me acuerdo! El Me acuerdo es el libro del que menos me acuerdo. No es un juego de palabras. De veras que es así. Lo que me indica que, la contención que exige el género, la contención de enumerar recuerdos sin "hacer memoria", requiere un fuerte componente de olvido.” (Entrevista de Tomás Villegas para eldiletante.net)
En la sinopsis se nos pregunta: ¿La memoria es transferible? El autor habla de contemplar los recuerdos y no de narrarlos, para así darles ritmo y posición. Como protagonista de la acción, debe alejarse de los sucesos para poder escribirlos y así poder convertirlos en algo ajeno que a su vez puede pasar a ser de todos. Hay marcas puntuales dentro de la escritura que convierten a los recuerdos de Kohan en algo colectivo, eventos que son parte de una memoria colectiva; así como todos hemos tenido noviecitos en el jardín, todos conocemos la historia detrás de la Dictadura.
A través de la enumeración de Kohan, el lector comienza a hacer la propia. Inevitablemente uno recuerda a sus propios amigos de la infancia, las vacaciones familiares, el patio de la escuela, aquellas pequeñas cosas que son inherentes a lo humano más allá del tiempo. Podemos llegar a la conclusión, a través de lo que nos brota por los poros al leer estas páginas, que la memoria es transferible. Que las construcciones sociales nos acompañan a lo largo de nuestra vida, ya sea para reformularlas o reestructurarlas. Y a veces también para romperlas y conformar unas nuevas.
Un libro de rápida lectura, que nos conectará con nuestra propia percepción de lo que hemos vivido. Y una maravillosa idea la de escribir nuestros propios “Me Acuerdo” para dejar asentados nuestros propios recuerdos. O al menos, la versión que tenemos de esa realidad pasada.
Hace tiempo leí "Me acuerdo", de Martín Kohan. Era lo primero que leía de él. Tarde en digerirlo, es raro, extraño; una especie de memoria individual que termina siendo y conformando memoria colectiva, pues todos y todas nos vamos a identificar con algo de lo que escribe Martín. El libro es una lista de recuerdos, anécdotas, nombres, momentos... todo aquello que hace a la identidad de un ser humano, cada detalle que nos conforma, que nos marca; Kohan va recorriendo tristezas, amores, odios, frases, datos... y yo fui escribiendo al lado de cada oración que leía, recordando mis propios momentos y re apropiándome de lo que creía no recordar. Hoy buscando algunas fotos viejas, se me vino Kohan a la cabeza. Releí de nuevo mis anotaciones, me senté a rememorar momentos de mi infancia, juegos, actos escolares, familia, amigos, viajes... tantas cosas que estaban en un rincón, y hoy me hicieron tan bien volver a tener a mano. Para mi la vida esta hecha de postales que vamos guardando en algún lugar, vaya uno a saber dónde, y que cuando las desempolvamos nos vamos reencontrando con nosotros mismos, y armamos el rompecabezas que es nuestra vida... rompecabezas de millones de piezas que nunca se encuentran todas. Hoy volví a leer a Martín Kohan y a mis anotaciones y entendí al instante porque "Me acuerdo" fue elegido y premiado por la crítica como mejor libro 2020.
No es una obra que te vuela la cabeza, pero sí una lectura entretenida llena de emociones encontradas y recuerdos del autor que te llevan a rememorar tu propio recorrido también. Está basado en la obra de Georges Perec con el mismo título: Kohan cambió el formato y la forma de abordarlo, pero el concepto es el mismo. El diálogo con sus escenas fue tal que puedo decir que me inspiró a crear mi propio "Me acuerdo" para escuchar todo lo que mi yo pequeña tiene para contar, y a ver el mundo a través de esos ojos una vez más.
Pocas cosas más alivianadoras que la literatura fragmentaria, hecha de mosaicos de los lugares compartidos, comúnes a todxs. A la inversa del show don't tell, acá contar pareciera ser la mejor manera de evocar vergüenza y risa (como casi siempre, al mismo tiempo) desde una mirada muy consciente de la ingenuidad de la infancia.
Reescritura de Perec (Oulipo) que a su vez es reescritura de Brainard (New York School). Ejercicio de escritura que puede fallar, pero que no falla. Como sentarse a ver fotos viejas y ajadas con un tío piola.
Está inspirado en el libro “Me acuerdo” escrito por Perec.
Es una lectura muy ágil, de una sentada. Las divisiones le otorgan dinamismo, al igual que las imágenes que acompañan a los textos. La escritura es simple, nada del otro mundo. Y el libro termina igual que como empieza.
Aunque Kohan me lleva varios años, me sentí identificada. Y creo que ahí es donde reside el poder de su escritura, la excelencia. Incluso hay referencias a los años 70. Seguramente, cualquier persona que lo lea se va a ver entre sus palabras, porque los recuerdos, los “¿te acordás de…?” no tienen edad. Son para todos iguales.
Diría que es casi inevitable no hacer el mismo ejercicio de recordar y enumerar recuerdos, a la par de las páginas. Al menos fue lo que me pasó a mí. Cuando el mencionaba un suceso, una edad suya, unas vacaciones, un objeto, un año; yo me dirigía a mi historia, a mi pasado, y recordaba lo mismo pero en mi vida.
Es un libro que también funciona como disparador para escribir. Ideal para los que recién arrancan con la escritura, para los que les falta inspiración, para los que están en un bloque de escritor, para los que quieren más ideas para excusarse a escribir.
Para ser mi primer acercamiento al autor, estuvo bueno. Aunque creo que tiene libros que me pueden interesar e interpelar más.
Es un libro que tal vez todos podríamos escribir. Que tal vez todos "deberíamos" escribir. Al principio temí que no me fuera a enganchar, por la forma en que estaba escrito, a manera de aforismos de la memoria, simples frases sobre hechos absolutamente concretos, lo que conocemos como "recuerdos". No es un libro con anécdotas propiamente, no hay una narración lineal, no se profundiza en ningún evento, es una mera lista de recuerdos. Por eso pensé que lo abandonaría. Por el contrario, la lista opera a manera de piezas de un puzzle que al final deja ver el rostro de un niño, el niño que fue el autor de este ejercicio, Martín Kohan, quien con seguridad es todos los niños también, toda una generación de argentinos y sus "peleas perdidas" con los adultos. Me gustó el ejercicio. Simple y emotivo. Como todo lo simple y como todo lo emotivo.
Un libro bien tranquilito para llegar a mis 50 libros leídos en el año.
Si bien no leí nada del autor anteriormente, me parece que este libro podría llegar a ser una buena introducción. Me gustó el ejercicio de este libro, es como si fuesen fotos pasadas a texto. Un album de fotos que siguen un hilo conductor desde pequeños recuerdos de la niñez, hasta retratos de cosas bien específicas y detalladas. Un ejercicio que tranquilamente podríamos hacer todos, si algún día se nos ocurriera sentarnos a escribir de qué cosas nos acordamos. Por supuesto que, cada cosa que nos acordamos es del pasado, por ende... el pasado juega un papel fundamental en todo lo que llegamos a recordar.