“No se nace mujer, se llega a serlo” puesto que cada mujer es un devenir y no un destino biológico, psicológico o económico solamente. Mucho antes de Beauvoir, filósofos y escritores afirmaban que la posición de inferioridad de las mujeres en la sociedad se debía a su falta de posibilidades concretas en lo tocante a la educación, la economía y la profesión, pero no a una inferioridad innata. Denis Diderot, en el siglo XVIII, ya afirmaba que la inferioridad de la mujer “la creaba sobre todo la sociedad”.
Ser uno mismo implica cambiar continuamente junto con otras personas que también están cambiando, en un proceso de irreversible devenir. Una se convierte en mujer en un constante devenir que sigue experimentando cambios hasta que encuentra límite en la muerte.
Al escribir el Segundo Sexo, la obra máxima del feminismo intelectual, Beauvoir interpreta la vida de toda mujer como una consecuencia natural ante las normas sociales en una sociedad patriarcal, según las cuales una mujer madura o intelectual no era tan deseable como un hombre de las mismas características. Una parte importante del devenir de una mujer consiste en no tener el control de todas las situaciones externas, cada decisión estaba “siempre evolucionando; se repite cada vez que se tiene conciencia de ella”. Es importante mencionar que muchos intentaron convencerla de lo contrario, mediante el enfrentamiento directo o recurriendo a una refutación subrepticia de carácter ad feminam.
Simone pensó sobre la cuestión de “ser mujer”, ya que la mujer es lo que no es el hombre, la biología no es el destino, la mujer no es una realidad estática sino un devenir en sus posibilidades, porque cuando consideramos a un ser que es trascendencia y superación, es decir un ser consciente, cambiante, libre es el momento en que la mujer decide su destino. Si hubiera una “feminidad” universal, entonces quienes la tuvieran serían “mujer”. El Segundo Sexo iba por delante de su tiempo y realidad, a muchas personas le resultaba intimidante, hubo muchas reacciones y provocaciones ad feminam con su publicación.
Para mí existen dos tipo de feminismos, el intelectual y el social que, aunque van de la mano, existen diversas ramificaciones dentro de estas dos categorías. Me inclino más por el feminismo intelectual. Simone le costó mucho salir de la sombra de Jean Paul Sartre, hubo críticas y comentarios negativos con respecto a su obra, rumores que dicen que fue Sartre que escribió su filosofía feminista. Incluso después de su muerte, siguieron criticándola y atacándola.
Simone fue la llama intelectual que inició el pensamiento feminista, es necesario leer el contexto histórico de la época para entender su obra cumbre. Creo que este diálogo aún no ha terminado entre hombres y mujeres y que el destino de cada una de las mujeres no está definido por el género o biología. Hay mujeres que toman la decisión de aceptar su libertad y otras que la rechazan para formar una familia, por lo que ambas decisiones están bien, pero tenemos el compromiso de apoyarnos para lograr la plenitud y satisfacción intelectual que buscamos en la sociedad.