¿Qué diría el formulario de inscripción a un sindicato de poetas? ¿Qué preguntas habría en la hoja de afiliación? ¿Quién define quién es poeta y quién no lo es?
El autor nos ofrece una especie de parodia de "lo que se espera del oficio de la poesía". Como buen cliché, hay poemas dedicados a gente específica, un poquito de tinte político en algunos versos, amantes, compromiso social, soledad, cigarrillos, amor, desamor... es un instructivo para poder entrar a un sindicato de poetas que no existe.
Con la lectura de los poemas es fácil reconocer el estereotipo del poeta: tener vicios, regalarle versos a alguien para llevarlo a la cama, escribir para ahogar las penas, componerle poemas a todo lo que una vez amó, odió y admiró...
Lo cotidiano se mezcla con lo poético para descubrirnos la poesía como un oficio ingrato, que a veces nos salva de lo banal y a veces, más bien, nos acerca demasiado a lo humano. El autor retrata con sus propias vivencias una profesión que no se puede definir tan fácilmente como otras, díficil de explicar pues no se necesita un título para ejercer