Lo paradójico de este libro es que se vende, ha sido editado por dos editoriales desde su lanzamiento y no se encuentra para descarga libre en la web de la autora. Pero es un libro que aboga por el acceso gratuito a los libros y demás productos culturales. Aboga, como su título, por el plagio, la copia, la manipulación, el robo y la reescritura de libros y obras de arte. Pero el tema es que un libro, una canción y una pintura (u obra plástica) no son equivalentes y cada una tiene su proceso de creación. La relativización de cada producto cultural es demasiado generalista. Lo mismo que atribuirle la noción de autor a un movimiento eminentemente capitalista (como sostiene la autora). Hay más variables. Es cierto que el copyright marcó un antes y un después en el tema de autoría y que posiblemente beneficie más a las editoriales que al propio autor, pero a la autora se le pasa por alto la historia: es verdad que hemos pasado de una especie de colectivismo a una era en la que el individuo es el origen y el fin de todo, pero su génesis no es el copyright o la idea surgida de repente (como lo pone la autora) de que en realidad no existe el autor como tal, pues todo texto, toda obra es una conjunción de voluntades y saberes, y que toda escritura es en realidad una reescritura (lo cual es cierto, pero ello no parte de una iluminación colectivista), sino que su origen es un proceso cultural que podría partir, en occidente, del Renacimiento y el humanismo, luego la Ilustración, el positivismo, el propio materialismo dialéctico, el nihilismo y el existencialismo. Todas estas corrientes derivaron en un homocentrismo que una vez habiendo desplazado a la noción de divinidad como el centro de la creación, realzó la subjetividad y depositó en el ser individual el sentido de las cosas.
La autora olvida o pasa por alto que, cuando el individuo creador con inspiración única no tenía la categoría de autor, las creaciones colectivas obedecían a otro paradigma cultural venido de sociedades regidas espiritual y moralmente por poderes divinos o nociones panteístas, lo cual hacía que el individuo tuviese valor en cuanto a su pertenencia al colectivo. Pero también es que si nos atenemos a la noción de progreso, el rumbo y ritmo de la humanidad es mudable, ha ido avanzando y cambiando sus prácticas para adaptarse a un devenir cada vez más acelerado y desconcertante. El individuo, el creador y el autor, no son una invención, pero sí pueden ser cuestionados, cómo no, y ya lo han hecho muchos escritores, filósofos y pensadores. Y eso es lo que han hecho las artes y la literatura desde el siglo XX, pero incluso más como un ejercicio estético que como un ejercicio político, como lo señala la autora, aunque claro que ha sido usado como tal. No obstante, es muy interesante el recorrido que hace Valeria Mata sobre la disolución del autor como ente único y del plagio como condición sine qua non de la escritura y el arte. Todo libro es, entonces, un palimpsesto. Lo cual es cierto y no lo es, a la vez.
Si los juegos literarios de Borges, Pessoa, Arlt, Piglia, Calvino, Queneau o William Burroughs, en realidad hubieran logrado que desaparecieran estos autores y se fundieran en un ejercicio colectivo de reescritura, estaría de acuerdo con la autora, pero estos escritores usaron esa negación autoral como dispositivo creativo desplegado en el plano estrictamente literario, y nada de ello hizo que ellos desaparecieran como autores. Todo lo contrario. Dumas tampoco desapareció por haber contratado a un escritor fantasma, Auguste Maquet, para escribir El Conde de Montecristo.
Y es que ahí viene la gran diferenciación entre plagio, apropiación, autoría y acceso libre a las obras. La autora mezcla todo, y aunque es un ensayo impecablemente escrito, las ideas de Pierre Bordieu, Theodor Adorno, Foucault, Confucio, Byung-Chul Han, Walter Benjamin, Derrida, Umberto Eco, Levi Strauss, Nestor García Canclini, Julia Kristeva, podrían estar sacadas de contexto para apuntalar una tesis sobre la creación colectiva como evidencia del derecho al acceso gratuito y colectivo a toda obra escrita o artística, y el reclamo de autoría colectiva para prácticamente toda creación humana (empezando por los libros), lo cual, daría por derecho el acceso gratuito a todo y a todos (esto es lo que la autora no ve en su propia proposición, pero si somos rigurosos en aplicar sus planteamientos, entonces la conclusión sería esa). Y, también, a mi criterio, el establecerlo como una posición reivindicativa política, cuando muchos de los autores que cita lo desarrollaron como una instancia más estética que ética, más filosófica que sociológica, hace que las ideas de Mata tambaleen. Por otro lado, la autora (que es ella misma autora firmada de este libro, por lo tanto existe como individuo creador) es coherente con lo que propone: esta obra es una reescritura intertextual (no plagio ni copia) y quizás manipulación de lo que ya han escrito otros pensadores.
Y aunque resulta coherente y pulido el recorrido que hace la autora para construir la idea del plagio y la copia como la sustancia misma de la obra, creo que en donde falla el ensayo es en esa mirada hacia la idealización del pasado, porque es cierto que el Internet ha cambiado las reglas de juego, pero el remitirse a un pasado en el que la literatura (pues va más de la producción escrita este ensayo) no estaba tan desarrollada como hoy en día, donde sí, la oralidad y la era pre-imprenta hacían que las creaciones fueran de todos y de nadie, no empata con la realidad actual de la literatura. No se puede retroceder en el tiempo culturalmente hablando. Que algo tenga un origen en otra cosa no significa que sea esa otra cosa. El tema es que ya no es eso que fue. Y sí, el palimpsesto se sigue reescribiendo y sobreescribiendo, porque esa es la humanidad y el desarrollo de la cultura.
Es una evolución en constante cambio. La intertextualidad es una realidad innegable, así como el hipertexto rompió la linealidad de la narrativa y la forma de acceder a la información en la era digital. Ahora, este libro fue publicado en 2018 y desde entonces mucha agua de la IA ha corrido bajo el puente, por lo que hoy nos enfrentamos a un escenario distinto apenas siete años después. La autora cita en este ensayo, experimentos en redes sociales e Internet que no quedaron más que en eso y que no marcaron ninguna tendencia ni hito cultural. Y no es que se haya equivocado sino que la nueva era (antes digital, ahora IA) si algo tiene claro es lo impredecible, lo incalculable, lo inimaginable. La mutabilidad es enorme por lo que prever qué pasará con la noción de creación y autoría y el acceso a los libros y productos culturales es probablemente equivocarse.
No obstante, le doy 3.7 estrellas porque es un ensayo muy legible, puntual, preciso en lo que quiere construir, y es una visión cuando menos interesante del tema autoría y acceso libre a los libros, si se tiene las herramientas para contrastar lo que propone. De lo contrario se puede caer en un convencimiento simplista de la tesis que plantea Mata. Aunque, por otro lado, creo que al menos he cumplido la comanda de robar, manipular y reescribir este libro, por lo que sería ya un acierto este libro. Así funcionan las paradojas.
Este es el tipo de libros que me hacen muy feliz porque comparto la idea de que la reescritura es una forma de llevarnos a un plano creativo. Y por eso este ensay de Valeria Mata es una apuesta por la creación colectiva. Lo encontré disponible el jueves y lo leí muy rápido. Tuve que parar por un poco de trabajo, pero en un contexto de mayor libertad, lo hubiera leído el mismo día.
Va muy bien, desde mi punto de vista con Los muertos indóciles de Cristina Rivera Garza y Mudanza de Verónica Gerber Bicecci. Espero que pronto haya algún texto sobre escrituras del compostaje de Gerber.
Hay una charla de Luigi Amara de 2014 en el Museo del Chopo que se puede encontrar en YouTube para acompañar el libro de Mata.
quiero ver a valeria mata y decirle que este libro hecho con tantas palabras recicladas y tantas personas co-escritoras, ha cambiado totalmente mi idea acerca de la literatura. la literatura, el arte, la hacemos todxs. “la escritura es una práctica del estar en común.” el plagio es la puerta a compartir. “quizá la copia o los plagios puedan considerarse más como un homenaje y menos como una (…) ofensa.” la literatura se roba, se recicla, se copia, se re-hace y re-usa.
valeria critica cómo el autor y el libro se han convertido en mercancía y han dejado de verse como ser y objeto de creación y movimiento. “no nos pertenecen ni las palabras ni los silencios. nos atraviesan.”
conocí el término de escritorxs fantasma y me dolió pensar en tooooodas las personas que ven impresos textos que salieron de ellxs con la firma de otrx que se hace pasar como “genix.” y ahora analizo mi “idolatría” a escritorxs que tal vez no lo sean realmente. “a veces, incluso los editores no saben que existo.”
“no me acuerdo, cómo podría acordarme de ese diálogo. pero fue así, lo escribió escuchándolo, o lo invento copiándolo, o lo copio inventándolo. preguntarse de paso si no será eso la literatura.”
amé que al final en vez de copyright, está la nota de copyleft. “si las palabras son una posesión colectiva, ¿no es entonces toda escritura, inevitablemente, reescritura?”
“la imitación es la más sincera de las admiraciones.”
también amé que mencione que “quizá leer con un lápiz en la mano pueda ser una forma de ingresar en una colaboración con el texto y con el autor o autora” DICE AUTORAAAAA <3 incluye mucho el femenino.
los textos son tejidos.
hay mucho que puedo pensar, escribir y reseñar sobre este libro; deseo que todxs lo lean porque rompe la estructura que entendemos como literatura y autoría (autoridad). cada ser tiene acceso a escribir y compartir.
Ensayo maravilloso, recopilaciones y datos muy interesantes sobre el plagio, la copia, las Identidades ficticias y obras abiertas. Es una muy buena introducción a un tema apasionante; una crítica a la propiedad privada y los límites que impone a la literatura y artes visuales, pero que se hace extensible a muchas otras líneas del conocimiento. El libro tiene una forma hermosa y un fondo que no termina porque invita a que se siga construyendo y apropiarnos de lo que ya tiene nombre y quiere seguir transformándose.
Fue más pesado de leer de lo que pensaba porque te deja pensando muchísimo, pero agradecí todas esas nuevas ideas y reflexiones, fue una gran elección como primer libro de impronta.
Conecté mucho la idea de la originalidad y la artista como individua/o o genia/o con lo que me tocó presenciar en mi carrera y todo lo expresado en el libro me hizo sentido, creo que necesario dar más crédito a las personas que nos aportan para crear.
También amé mucho que no hablara sólo en masculino a lo largo del libro (en palabras como el/la artista)
Este libro es un cuestionamiento al copyright y a la cultura del copyright. El arte no se crea por venderlo, y ponerle barreras a tu audiencia para que interactúe con tus obras sólo hace sentido en un sistema que drena el significado de las cosas para ofrecerlas al mejor postor. Impedir la difusión de los libros en una era en que nos sería tan fácil hacerlo es absurdo, salvo que pienses en el dinero y hacerte rico, el primero un mal necesario y el segundo una signo de estupidez.
Excelente ensayo que no solo habla de propiedad intelectual y el remix cultural colectivo que da pié a la originalidad de una obra, sino también, entrega distintas formas de accionar la literatura en pos de indagar otras ramificaciones artísticas. Un lujo contar con escrituras de este calibre, totalmente recomendado.
Bastante buen compendio de motivos y actos que ayudan a entender que la originalidad no existe. Esperaba que fuera más un manifesto para actuar vs el copyright. Aún así, cumple con el objetivo de encaminarte a escribir lo que tengas en mente sin preocuparte de ser original, y de hacer copyleft.
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Un libro para ñoños y ratas de biblio Es un texto muy tejido, donde la cita dignifica su contenido tanto como lo hace la edición de Barba de Abejas. Esta armonía me resultó adictiva porque extrañaba leer sobre la industria editorial, el cruce con las artes visuales, la crítica a la legislación y moral autoral. Importa lo que se dice, cómo está hecho. El libro como objeto es totalmente magnético. Me sacó del barro narrativo y me metió en un labo de estímulos e ideas. Sobre su obsolescencia y si está a punto de envejecer drásticamente con la IA, discrepo totalmente porque justamente el libro se apoya en conceptos teóricos trasladables a las novedades que surjan a partir de esta tecnología y que son necesarios para desarticular las imposiciones en la industria creativa.