El autor de la popular serie "Pesadillas", que hace unos años arrasara entre los jóvenes de nuestro país, se ha lanzado ahora a una nueva y peculiar aventura. Se trata de Putren School (algo así como la escuela pútrida; se supone que Putren es el apellido del fundador) y, por si alguien no se había dado cuenta con los títulos de las primeras entregas, lleva por caballo de batalla el humor grueso. Efectivamente, esto va de pedos, vómitos, babosas y otros elementos similares. Hasta aquí, nada sorprendente viendo las portadas.
Sin embargo, y esto lo dice alguien a quien no le gusta absolutamente nada este tipo de humor, hay algo más detrás. Quizás se deba a que los personajes están muy conseguidos, a que las ilustraciones de Trip Park funcionan a la perfección o a que las tramas, dentro de este marco de humor asqueroso, son ingeniosas y, sobre todo, están muy bien medidas -de tal forma que la tensión argumental, por peregrino que resulte, se mantiene continuamente y en un crescendo que ya querrían algunos thrillers-. No sabría decirlo, aunque creo que es una conjunción de todo ello en un extraño y precario equilibrio.
Resulta curioso que con esta base, al final Putren School funcione mucho mejor que la otra nueva apuesta de R.L. Stine: "Casi fantasmas". Si esta pretendía ser juvenil y estar dirigida a un público más crecido -con sus historias fantasmales- y terminaba quedándose más bien tópica y plana, Putren School parece dirigida a críos pequeños y termina presentando una lectura bastante crítica de las dinámicas de las escuelas y unos personajes que, aun esperpénticos, resultan muy sólidos.
De este modo, la fachada de guarradas esconde también unas novelas entretenidas y con unas buenas dosis de sarcasmo que arrancan más de una sonrisa y que, hay que reconocerlo, aúnan originalidad y calidad, aunque no sea por donde uno se lo esperara.
Además de dar lo que promete, Putren School nos trae unas buenas dosis de crítica ácida y humor esperpéntico. No estamos solo ante escenas vulgares, sino también ante novelas bien construidas y cuyos personajes son mucho más robustos de lo que hubiera cabido esperar en una primera aproximación.
Aunque sin duda es preferible apreciar el humor grueso para disfrutar con todas las facetas de la obra, no es necesario hacerlo para pasar un buen rato con su lectura y reírse con las particulares desdichas de los protagonistas. Puede ser una buena opción de lectura para los escépticos de los libros, pues traen un planteamiento tan sorprendente como bien ejecutado: todas las entregas se leen muy bien y rápido.