Siento un amargor de pura tristeza persistente al leer este libro y no es precisamente por el libro.
He de decir que este es un libro diferente a los demás de ella. Es comprensible que por ser uno de los libros con los que inició es por ello que su calidad es diferente a los últimos. Pero eso no le quita que sea una obra que deja huella, que te hace soñar y fantasear dulcemente con el caballero de los sueños, los deseos y las más dulces intrigas. A través de esa narración focalizada y libre de detalles innecesarios, Rocío nos lleva en un viaje donde amar es para valientes, algo que libera y rompe cadenas de siglos y te quita la venda de los ojos en cuanto al escepticismo.
¡Los cerdos vuelan...! a veces cuando menos lo esperamos.
Hay un trasfondo aquí en estas páginas, con respecto al pasado de nuestro hombre, Silvester, y es que es todo más profundo de lo que augura la sinopsis. Es increíble cómo Rocío lograba eso con sus personajes, les daba nombres fáciles de recordar, narraba con sencillez y suavidad sin excesos de descripciones (como otros que consciente o inconscientemente buscamos apantallar en nuestros escritos), pero te dejaba unas huellas en la conciencia tremendas con estas historias que lograban enternecer hasta las lágrimas...
Este pequeño relato es bastante básico, no lo negaré, pero ha sido precioso y me ha hecho sentir muchas cosas lindas, desde dolor por la ausencia de la escritora, hasta un nuevo amor por este protagonista que se suma a mi colección de crushes que me creó Rocío.
Aún no logro hacerme a la idea de que no recibiré algún mensaje de Rocío una mañana en la madrugada (el desface horario está tremendo) contándome de una nueva idea, de algún texto nuevo, alguna portada recién creada o un playlist que hizo. Aún me duele pensar que nunca leeré el final de "Davina" o el de "Sangre de dragón" o esas obras que dijo que terminaría. Me cuesta creer que no veré más de ella en delante... que no habrá forma de preguntarle cómo sigue y cómo le está yendo... la extraño y creo que no dejaré de extrañarla, porque tuvimos una amistad adulta muy bonita que no creo repetir con nadie más.
Conocí a Rocío hará varios años, cuando yo empezaba a escribir y era uno de esos desastres en los que se convierte uno al principiar en cualquier cosa. Recibí por mucho tiempo apoyo de parte de ella (cosa que nunca pude recibir de mi familia, amigos o parejas), siempre me animó a seguir escribiendo, a seguir adelante, y sus libros siempre estuvieron ahí de la misma forma. A lo largo de los años leí muchas cosas que ella escribió, muchos libros completos o los que ella descontinuó, otros que solo eran ideas, pequeños fragmentos que me pasaba por telegram (que por cierto, tuve descargada esta app solo por ella, que era la única que me escribía y enviaba audios por ahí), por dm de twitter o el de instagram. Y puedo ser honesta al decir que ¡todo lo que ella me mostraba me encantaba! La admiraba casi hasta la idolatría porque deseaba mucho llegar a ser como ella, a tener lectores y a influir en otros escritores noveles como ella hacía conmigo.
Y sin embargo, nunca leí esta historia... hubieron algunas cosas específicas de ella que nunca leí, pero que como esta pienso leerme pronto.
Rocío me dijo en varias ocasiones que podía enviarme una copia de esta obra para que yo la reseñase. Pero mi pequeño orgullo de adolescente caprichosa salía a flote siempre. Mi condición económica no mejoraba, entonces no podía pagar ni un libro. Yo sentía que el hecho de que Rocío me regalase una de sus historias era como mendigarle... porque yo decía ¿y qué puedo hacer yo para retribuirle ese gesto de ella de escribir arte si no es pagándole el precio justo del libro que ella hizo? las portadas que hacía eran dulces para los ojos y sus libros agradables al paladar literario.
¡Merecían dejarle una retribución económica por hacer pasar un buen rato a los lectores! Por eso decliné muchas veces su ofrecimiento, siempre disculpándome y tratando de explicarle mi punto. Quería pagar por leer lo que ella escribía con tanto cuidado y afecto. Quería que ella recibiese algo a cambio, por eso mismo decliné sus ofertas de hacerle portadas a mis libros, porque siempre decía que quería que ella tuviese un pago proporcional a su esfuerzo, a su talento, a su tiempo y su energía al hacer cada cosa.
Esa resolución tonta me llevó a quedarme sin leer esta obra.
Es patético, es decepcionante, es doloroso y triste... ya lo sé... pero siento ahora que debí haber aceptado cuando pude aún cuando no tenía medios económicos para hacerlo. Porque ahora que leo esta obra, lo hago desde uno de los pdfs que ella me envió antes de dejarnos. Ella ya no leerá lo que escribiré aquí, ya no podré sacarle una sonrisa ni disfrutar de su conversación como antes.
Tengo que releer todo lo escrito por ella de nuevo, todo de nuevo. La mejor forma de recordar a los que amamos es así, a través de lo que nos dejaron. Y sé que ella dejó copias de su alma en cada libro que creó... cuando la extrañe, sin duda sabré que debo volver a leerla.
Y sé que seguiré extrañándola toda la vida...