What do you think?


Ser bosques. Emboscarse, habitar y resistir en los territorios en lucha.
La civilización occidental se ha construido, piedra a piedra, sobre las cenizas de los bosques. Pero, además de ser devastados para obtener materias primas, los bosques también han sido arrasados porque, desde que hay memoria, fueron refugio de hombres y mujeres libres, herejes y resistentes, de todos aquellos que no se dejan gobernar. Hoy en día, esa dinámica política y económica que sigue asolando las masas arbóreas se denomina «ordenación territorial», pero debe entenderse como una guerra de baja contra los bosques, pero también contra los animales y las comunidades humanas que los habitan. Y que los defienden, muchas veces con su vida, pues no olvidemos que, más allá de los bulldozers, los gases lacrimógenos y las pelotas de goma de nuestras democracias, el asesinato de activistas medioambientales se ha duplicado en la última década. Para todos esos activistas, y para la parte de la sociedad a la que representan, el bosque es asiento de la comunidad, refugio temporal, lugar sagrado, amparo de lo salvaje. Por ello los campesinos mexicanos de Guerrero llevan quince años luchando contra la explotación industrial de aquel territorio; los tramperos del pueblo cree, en Canadá, defienden el bosque boreal contra la deforestación; los penan de Borneo se arman de cerbatanas contra las compañías de palma aceitera; en Renania, la resistencia se organiza para bloquear la extracción de lignito en uno de los últimos bosques primarios de Europa; la ZAD de Notre-Dame-des-Landes se enfrenta al Estado francés y sus leyes… Por doquier se libran batallas en las que resuena una misma el bosque no es un yacimiento de biomasa, ni una zona para el libre desarrollo de infraestructuras, ni una reserva de la biosfera, ni un sumidero de carbono. El bosque es un pueblo que se subleva, una defensa que se organiza, imaginarios que se intensfican. Hay bosque allí donde ya no se puede soportar la miseria existencial generalizada. Hay bosque allí donde somos bosques, allí donde somos ingobernables.
- GenresNonfiction
277 pages, Paperback
First published January 1, 2017
Ratings & Reviews
Friends & Following
Create a free account to discover what your friends think of this book!
Community Reviews
Displaying 1 - 11 of 11 reviews
September 19, 2021
Cuanto mayor me hago, más me van gustando los ensayos bien llenitos de contenido y de datos que sustenten cualquier opinión que en ellos se vierta. Y, en concordancia, menos paciencia tengo hacia aquellos donde sobre todo hay poesía y lenguaje. También es cierto que los datos pueden ser resultado del cherry-picking, y el lenguaje poético traer más sustancia y razón que veinte cuadros estadísticos. Ay, los puñeteros matices, cómo me complican la vida.
El problema que tengo con Ser bosques es que estoy de acuerdo con muchas de sus tesis, pero no tanto con cómo son expresadas. Los temas que trata son apasionantes, actuales y muy urgentes: cómo el bosque ha sido siempre un espacio de resistencia ante el poder, el modo en la ordenación del territorio, sea cual sea la ideología política que la decrete, sirve para controlar a la población, o cómo tragarnos el caramelo de la transición ecológica nos ciega ante el hecho de que lo esencial tras los eslóganes sigue siendo la explotación de la naturaleza y la obtención de beneficios.
Me habría resultado interesantísimo que Jean-Baptiste Vidalou, que tiene tanta experiencia como activista medioambiental en el bosque de las Cevenas, hubiese hablado mucho más sobre esa faceta suya, sobre los ZAD, o sobre los camisardos, que en esos mismos bosques resistieron la persecución a los hugonotes que siguió al edicto de Fontainebleau. Pero toda esa información tan atractiva se disgrega en un río de teoría, alusiones más bien fugaces, y esa tan francesa veneración por Las Palabras Con Gran Significado. Aunque no de forma tan excesiva como en otros textos posmodernos, aquí aun te puedes hacer una tarjeta de bingo, y poner en cada cuadrito una expresión: aplanamiento, fricción con el terreno, fluidificación, matematización... Luego, cada vez que el autor use una de ellas, chupito. (Naa, si queréis jugar a este juego, mejor acudid a un texto moderno de teoría del arte, que con esos siempre puedes pillarte una buena).
Otra cosa que no me convence es que, más que un reparto de responsabilidades, hay un discurso que parece basado en repartir culpa a diestro y siniestro hasta que parece que todos somos unos autómatas insensibles si no estamos viviendo en una chabola en el bosque en la que leemos a Paul Virilio. Su primitivismo me deja fría porque no presenta una alternativa viable para la inmensa mayoría de la población, y su aborrecimiento de todo lo que suene a ciencia o ingeniería me recuerda los pueriles y trasnochados ascos de quienes les reprochan a los matemáticos «querer cuantificarlo todo». A veces Vidalou, a quien por lo general no se le va la pinza en plan Imposturas intelectuales, da algún traspié en ese sentido:
El subrayado es mío, que se note bien la mezcla de churras y merinas.
En fin, que la lectura de Ser bosques ha sido para mí un tiovivo de sentir muy cálidamente su mensaje, y un tener ganas de acabarlo ya porque no podía más con tanto anticientificismo y tanto desperdigar y repetir una información que podría haberse condensado y estructurado mejor, y con más profundidad, y, sobre todo, tanto tonillo de superioridad. Por supuesto, esto, como todo aquí en Goodreads, es una opinión completamente personal, y estoy segura de que para muchas personas este libro va a ser una lectura muy sugerente y agradable, y además los libros de Errata Naturae están siempre muy cuidados y tienen los mejores colofones.
El problema que tengo con Ser bosques es que estoy de acuerdo con muchas de sus tesis, pero no tanto con cómo son expresadas. Los temas que trata son apasionantes, actuales y muy urgentes: cómo el bosque ha sido siempre un espacio de resistencia ante el poder, el modo en la ordenación del territorio, sea cual sea la ideología política que la decrete, sirve para controlar a la población, o cómo tragarnos el caramelo de la transición ecológica nos ciega ante el hecho de que lo esencial tras los eslóganes sigue siendo la explotación de la naturaleza y la obtención de beneficios.
Me habría resultado interesantísimo que Jean-Baptiste Vidalou, que tiene tanta experiencia como activista medioambiental en el bosque de las Cevenas, hubiese hablado mucho más sobre esa faceta suya, sobre los ZAD, o sobre los camisardos, que en esos mismos bosques resistieron la persecución a los hugonotes que siguió al edicto de Fontainebleau. Pero toda esa información tan atractiva se disgrega en un río de teoría, alusiones más bien fugaces, y esa tan francesa veneración por Las Palabras Con Gran Significado. Aunque no de forma tan excesiva como en otros textos posmodernos, aquí aun te puedes hacer una tarjeta de bingo, y poner en cada cuadrito una expresión: aplanamiento, fricción con el terreno, fluidificación, matematización... Luego, cada vez que el autor use una de ellas, chupito. (Naa, si queréis jugar a este juego, mejor acudid a un texto moderno de teoría del arte, que con esos siempre puedes pillarte una buena).
Otra cosa que no me convence es que, más que un reparto de responsabilidades, hay un discurso que parece basado en repartir culpa a diestro y siniestro hasta que parece que todos somos unos autómatas insensibles si no estamos viviendo en una chabola en el bosque en la que leemos a Paul Virilio. Su primitivismo me deja fría porque no presenta una alternativa viable para la inmensa mayoría de la población, y su aborrecimiento de todo lo que suene a ciencia o ingeniería me recuerda los pueriles y trasnochados ascos de quienes les reprochan a los matemáticos «querer cuantificarlo todo». A veces Vidalou, a quien por lo general no se le va la pinza en plan Imposturas intelectuales, da algún traspié en ese sentido:
«Se trata de aplicar al conjunto de la sociedad las leyes de la termodinámica: la ley de conservación de la energía (la cantidad de energía en el universo es constante, no se crea ni se destruye) y la ley de la entropía (pérdida inevitable de energía en un sistema). Y poco importa que esta última sea apocalíptica, ya que si hemos de creerla, la energía va siempre del orden al caos. Sin duda, esto también es lo que hace de ella una ley tan eficaz para el poder, teniendo en cuenta que éste pretende "gestionar" el caos por sí solo».
El subrayado es mío, que se note bien la mezcla de churras y merinas.
En fin, que la lectura de Ser bosques ha sido para mí un tiovivo de sentir muy cálidamente su mensaje, y un tener ganas de acabarlo ya porque no podía más con tanto anticientificismo y tanto desperdigar y repetir una información que podría haberse condensado y estructurado mejor, y con más profundidad, y, sobre todo, tanto tonillo de superioridad. Por supuesto, esto, como todo aquí en Goodreads, es una opinión completamente personal, y estoy segura de que para muchas personas este libro va a ser una lectura muy sugerente y agradable, y además los libros de Errata Naturae están siempre muy cuidados y tienen los mejores colofones.
August 10, 2020
Je vais tenter de ne pas (trop) m'étaler parce que j'en ai déjà fait une longue critique ailleurs. Ce bouquin n'est pas un livre très sérieux, ni d'écologie, ni de science politique (de toute façon, avec quelles méthodes et quelles sources ?). C'est réactionnaire, technophobe, ça mélange tout (citadins/ruraux sont des classes extrêmement hétérogènes socialement, je trouve ça fou de devoir le préciser). Mon avis est clair, il s'agit d'un pamphlet anarcho-primitiviste qui tente maladroitement et fallacieusement de transposer des lectures décoloniales de l'écologie sur des situations sociales et historiques très différentes.
L'auteur se lamente de la muséification des forêts sans jamais interroger de quoi c'est symptomatique (division du travail géographique, impossibilité de se ruraliser pour des populations citadines très précaires (car oui, ça existe, incroyable), limitation de déplacements et de contacts avec la nature). Il jette bien sûr la pierre aux méchants ingénieurs, méchants garde-forestiers, méchants architectes, sans penser une seule seconde que ce sont des savoirs qui seraient en outre très utile dans le cadre d'une écologie sociale et libertaire de nos villes, par exemple (car incroyable à nouveau !! tout le monde ne peut pas bouger des villes, et par ailleurs, tous les ruraux ne seront pas des paysans). Que dire pour terminer si ce n'est que l'auteur part dans un délire phénoménologique en fin de bouquin parce que la vue d'une éolienne le froisse...
Non seulement ça ne pose pas les bonnes questions, mais de surcroît ça y répond très mal. Pour lire de l'écologie politique et sérieuse, lire: Malcolm Ferdinand et son écologie décoloniale ainsi que les *centaines* de sources et références qu'il propose. C'est pointu, méthodologiquement rigoureux et ça ne sombre pas dans une célébration cheloue du ré-ensauvagement en laissant de côté des considérations sociales essentielles à une bonne compréhension des problèmes. Comme le fait ce bouquin, quoi.
L'auteur se lamente de la muséification des forêts sans jamais interroger de quoi c'est symptomatique (division du travail géographique, impossibilité de se ruraliser pour des populations citadines très précaires (car oui, ça existe, incroyable), limitation de déplacements et de contacts avec la nature). Il jette bien sûr la pierre aux méchants ingénieurs, méchants garde-forestiers, méchants architectes, sans penser une seule seconde que ce sont des savoirs qui seraient en outre très utile dans le cadre d'une écologie sociale et libertaire de nos villes, par exemple (car incroyable à nouveau !! tout le monde ne peut pas bouger des villes, et par ailleurs, tous les ruraux ne seront pas des paysans). Que dire pour terminer si ce n'est que l'auteur part dans un délire phénoménologique en fin de bouquin parce que la vue d'une éolienne le froisse...
Non seulement ça ne pose pas les bonnes questions, mais de surcroît ça y répond très mal. Pour lire de l'écologie politique et sérieuse, lire: Malcolm Ferdinand et son écologie décoloniale ainsi que les *centaines* de sources et références qu'il propose. C'est pointu, méthodologiquement rigoureux et ça ne sombre pas dans une célébration cheloue du ré-ensauvagement en laissant de côté des considérations sociales essentielles à une bonne compréhension des problèmes. Comme le fait ce bouquin, quoi.
January 30, 2022
Es un libro complejo pues profundiza en temas que otros de esta temática no tocan, la manera de transmitir tanto conocimiento no siempre es fluida, pero globalmente es un libro muy interesante sobre como el ser humano lleva destruyendo desde hace más de lo que pensamos y de infinidad de maneras nuestro mayor patrimonio que son los bosques.
August 9, 2026
Passionnant et nécessaire
Cet essai sur les forets m’a intrigué par son titre et son angle d’approche.
Une sorte de fresque historique sur le rôle et l’importance des territoires forestiers; de quoi nous expliquer les enjeux guerrier, financiers, sociologiques, de territoires bien trop souvent oubliés ou bien perçus comme de simples paysages.
Jean-Baptiste Vidalou nous offre un regard engagé, sourcé et intelligent sur un bras de fer silencieux entre la nature, ses défenseurs et l’économie consumériste.
Cet essai sur les forets m’a intrigué par son titre et son angle d’approche.
Une sorte de fresque historique sur le rôle et l’importance des territoires forestiers; de quoi nous expliquer les enjeux guerrier, financiers, sociologiques, de territoires bien trop souvent oubliés ou bien perçus comme de simples paysages.
Jean-Baptiste Vidalou nous offre un regard engagé, sourcé et intelligent sur un bras de fer silencieux entre la nature, ses défenseurs et l’économie consumériste.
October 30, 2025
no me ha enseñado mucho y eso me crispa un poco, pero hacia el final he entrado más y me conmovió
December 7, 2025
sin palabras
March 22, 2019
Essai militant et critique, Être Forêts vient questionner notre rapport à cet environnement, la société des ingénieurs et des experts, et l'aménagement du territoire. Le ton de Jean-Baptiste Vidalou est incisif, direct et tient constamment en équilibre entre le billet d'humeur et l'écrit universitaire. Un livre qu'on appréciera faire résonner avec La nature est un champ de bataille: Essai d'écologie politique chez le même éditeur.
March 1, 2019
Je crois que le titre et le 4ème de couverture ne laisse pas vraiment deviner sur quoi porte ce livre. Il s'agit en fait d'une critique de la société d'ingénieurs, ou de gestionnaires, qui cherche à calculer, rentabiliser, classer et trier toutes les surfaces, et des forêts et de leurs rôles dans l'histoire, comme figure du sauvage et de la nature. Sujet intéressant
November 11, 2020
Lo dejé parado un tiempo, tenía la sensación de que no entendía a donde quería llegar, o que se repetía.
Efectivamente, hay una idea que se repite, en diferentes contextos y épocas, una idea principal que atraviesa todo el libro. Y me gustó mucho.
Efectivamente, hay una idea que se repite, en diferentes contextos y épocas, una idea principal que atraviesa todo el libro. Y me gustó mucho.
February 6, 2023
Lo leí en la primavera de 2021. Importantísimo para mí. Si puede describirse en una palabra es evocador.
"Un bosque se compone de una imbricación infinita de seres vivos que se mezclan, se entrelazan de tal modo que actuar sobre uno implica de forma obligatoria actuar sobre el conjunto"
"Un bosque se compone de una imbricación infinita de seres vivos que se mezclan, se entrelazan de tal modo que actuar sobre uno implica de forma obligatoria actuar sobre el conjunto"
Displaying 1 - 11 of 11 reviews











