Dos motivos me convencieron para acercarme a “El arma en el hombre”, de Horacio Castellanos Moya: uno, que nunca había leído una novela de un escritor salvadoreño (mea culpa), y dos, que este autor tuvo que abandonar su país natal debido a las amenazas de muerte que recibió tras publicar “El asco. Thomas Bernhard en El Salvador”, un libro que suena harto prometedor.
Pero bueno, primero lo primero: el juego de palabras del título nos habla de la desesperanzadora realidad de muchos países centroamericanos, que viven a diario la violencia, el desamparo, la desolación: ya no pueden sacar de ti la brutalidad pero, sobre todo, la indiferencia ante la desolación de tus congéneres. La cotidianidad se resume en la supervivencia: cada nuevo día es, literal, un milagro.
El narrador, apodado Robocop, es un exmilitar que, una vez lograda la paz entre el gobierno y la guerrilla, es dado de baja, porque su pelotón dejó de ser necesario: ya no hay que ejecutar guerrilleros. Pues bien, este Robocop, incapaz de conseguir un empleo “normal” –ya que todo lo que sabe hacer es matar–, decide dedicarse al crimen; en un inicio robará coches, aunque después la escalada criminalística terminará muy pero muy mal.
La historia está contada, muy atinadamente, en primera persona; como dice Javier Aparicio Maydeu: “Resulta sin duda un acierto del autor el dejar que su héroe nos cuente su propia historia, y la crónica personal del sargento constituye uno de los alicientes del relato, que se beneficia así de la inmediatez, de la fuerza emocional de la primera persona, la que mejor revela las jactancias, las congojas y la precaria lucidez de un individuo que sólo es capaz de reciclarse en lo que siempre ha sido, un violento, un secuestrador, un extorsionador, abandonando el ejército por fuerza para integrarse en organizaciones paramilitares y bandas de delincuentes que sólo pretenden socavar la libertad para sacar provecho del regreso al enfrentamiento”.
Una novelita que se lee muy agradablemente, y que abre el apetito para buscar esa otra novela, provocadora y celebratoria del gran Bernhard.