Narra la historia de Remigio Morales, escritor español exiliado en México tras la guerra civil, dejando en España esposa e hijos. Remigio visita a un amigo en Francia y concierta un encuentro en la frontera con su hijo, al que hace veinte años que no ve. A su encuentro en Francia con su viejo amigo, viejas espinas y pesares que nunca se esfumaron saldrán a relucir.
Max Aub publica esta novela breve (o relato largo) durante su exilio en México, siendo un texto escrito desde la rabia (como él mismo declara en una carta a Serrano Poncela), tras leer el artículo del ABC de Sevilla del 9 de marzo de 1961, en el que se glorifica la figura de Queipo de Llano por el décimo aniversario de su muerte. Con este relato, Aub trata de denunciar el olvido de las víctimas masacradas por Queipo de Llano en Sevilla mediante un relato breve que aúna dos tipos de olvido: parte del olvido y la desesperanza de los exiliados para llegar al olvido de las víctimas, una denuncia hacia la reescritura de la historia por parte de los vencedores, y un lamento de los vencidos que, en boca del narrador lamentan que: "Nadie sabe lo que fuimos, menos lo que somos".
Max Aub Mohrenwitz was a Spanish experimentalist novelist, playwright and literary critic. In 1965 he founded the literary periodical Los Sesenta (the Sixties), with editors that included the poets Jorge Guillén and Rafael Alberti.
El reflejo del exilio sin fin, tal y como ya lo contaba Sánchez Vázquez, la angustia por el pasado no retornable, por la generación "perdida". Porque mucho que quieran volver a España y esperar que sean bien recibidos o por lo menos todo siga parecido a cuando se fueron nada lo será. Ninguno siente que tenga un hogar, ni en Francia o México ni en España, a diferencia de sus hijos que si sienten que España o Francia es su hogar.
Se trata de un libro que quizá, al margen de su contexto histórico, podría no interesarnos; sin embargo, es una obra con un noble propósito que da voz a aquellos a quienes se la arrebataron. Aub se sirve del cuento para reflexionar sobre la dimensión ética, sobre cuestiones existenciales y de responsabilidad tanto individual como política.
Lo he llegado a leer más de tres veces en el primer cuatrimestre del año porque hay un evidente anatema al olvido, que sigue padeciendo gran poder. Como escribe Max Aub: “el que, veinticinco años después, no pueda estampar aquí el nombre y los apellidos de quien me recogió es prueba de lo que ha sido y sigue siendo la política de nuestros enemigos”. Se trata de una indignación decadente de la mano de la acentuada preocupación existencial de los intelectuales republicanos exiliados durante el Franquismo: el destierro conllevaba la desaparición del mapa cultural. Y así fue, perdieron su lugar en la Historia de la Literatura de su país. Franco no solo ganó la guerra, sino que envenenó la historia, los exiliados lucharon por una realidad que no fue. De ese modo, la historia fue escrita por los vencedores, y así se pone de relieve la deformación de los datos históricos de los vencedores y la ignorancia de los españoles con respecto a los literarios exiliados.
El remate definitivo no es la muerte, es el olvido, y ante el olvido la única respuesta factible es ejercer la memoria. Más bella la literatura comprometida.