Hace ahora justo veinte años, los Kinsella eran, en apariencia, una familia idílica y feliz. De un día para otro, el marido de Rachel vendió sin avisarle la casa en la que vivían y se llevó a los cinco niños al extranjero. Ella tardó un año en volver a verlos, y su pánico era tan intenso que se tambaleaba por la acera a medida que se acercaba a su encuentro. Hace ahora justo veinte años de la ruptura, este preciso fin de semana en que tres de los hijos de Rachel –Ellen y los gemelos Joe y Michael–, ya adultos, cada uno de ellos sumido en su particular crisis personal, se han reunido en la casa materna. Desde aquella separación traumática, a los Kinsella no se les dan bien las despedidas, aunque tampoco las reuniones, en las que los ecos del pasado los desbordan. Inevitablemente, con esos recuerdos tan vivos para Rachel, no es de extrañar que una conversación casual, en el porche, después de cenar, derive en una confesión sobre los acontecimientos que propiciaron aquella ruptura; lo que sin duda ella no espera es que sus hijos tengan también algo que contarle…
En Un amor cualquiera, Jane Smiley retoma el universo de las relaciones familiares, centrándose esta vez en el miedo que sentimos a herir de forma irreparable, con nuestras decisiones más íntimas, a aquellos a quienes más amamos. En una narración que se despliega como una espiral de revelaciones emocionales que Rachel va desgranando a lo largo de un fin de semana, Smiley nos muestra las formas en que se desarrollan los amores comunes y corrientes, aquellos que vivimos todos los días, y con exactitud, paciencia y ternura desmonta el mito de la familia perfecta.
Jane Smiley is a Pulitzer Prize-winning American novelist.
Born in Los Angeles, California, Smiley grew up in Webster Groves, Missouri, a suburb of St. Louis, and graduated from John Burroughs School. She obtained a A.B. at Vassar College, then earned a M.F.A. and Ph.D. from the University of Iowa. While working towards her doctorate, she also spent a year studying in Iceland as a Fulbright Scholar. From 1981 to 1996, she taught at Iowa State University. Smiley published her first novel, Barn Blind, in 1980, and won a 1985 O. Henry Award for her short story "Lily", which was published in The Atlantic Monthly. Her best-selling A Thousand Acres, a story based on William Shakespeare's King Lear, received the Pulitzer Prize for Fiction in 1992. It was adapted into a film of the same title in 1997. In 1995 she wrote her sole television script produced, for an episode of Homicide: Life on the Street. Her novella The Age of Grief was made into the 2002 film The Secret Lives of Dentists.
Thirteen Ways of Looking at the Novel (2005), is a non-fiction meditation on the history and the nature of the novel, somewhat in the tradition of E. M. Forster's seminal Aspects of the Novel, that roams from eleventh century Japan's Murasaki Shikibu's The Tale of Genji to twenty-first century Americans chick lit.
In 2001, Smiley was elected a member of The American Academy of Arts and Letters.
Una novela muy breve y encantadora que por momentos me ha recordado a los relatos de la Premio Nobel Alice Munro.
Es una disección tranquila de las relaciones familiares y lo que pasa cuando se rompen. Años después de una traumática separación, Rachel tiene la oportunidad de pasar tiempo con tres de sus cinco hijos y conversar con calma sobre el pasado y el presente. Me ha gustado mucho porque Jane Smiley es una buena narradora que hace interesante lo cotidiano. La frase final es definitiva.
Es lo primero que leo de Jane Smiley y no estaba muy segura con lo que me iba a encontrar, lo que sí es seguro es que me he leído este relato largo en apenas un dia y medio. Me ha enganchado, no solo por lo que cuenta sino por como esta autora me ha envuelto en esta atmósfera de relaciones madre/hijos bajo la excusa de un reencuentro familiar.
En esta novela la protagonista es Rachel, divorciada y con cinco hijos ya mayores, algunos de ellos ya con su propia familia que ya la han hecho abuela. La historia comienza con la vuelta de la India de uno de sus hijos, Michael, gemelo de Joe, ambos solteros todavía. El divorcio en su momento de Rachel del padre de sus hijos fue traumatico: él desapareció con los cinco hijos abandonándola tras la confesión de ella de haberle sido infiel. Ahora veinte años después ella ve esta relación con sus hijos con normalidad como cualquier otra relación entre madre e hijos. Sin embargo, en este fin de semana tras el regreso de Michael, salen a la luz antiguos traumas que afloraron en su momento cuando se separaron bruscamente, dejándola deshecha y sola.
“Podría decir que el horror de mi divorcio y sus secuelas me amansaron, me hicieron auditora de mi propia alma, justo cuando podría haber aprendido a pilotar un avión o haberme hecho experta e Historia Natural”.
Me ha recordado mucho el tema de esta novela quizás a Ann Patchett, porque ella también habla en sus novelas del precio que tienen que pagar los hijos por los errores de sus padres. Tanto Ann Patchett como Jane Smiley hablan de estas familias como si el lector las conociera desde siempre, tanta es la habilidad de estas autoras para transmitirte ciertas situaciones que a mi desde luego me han interesado muchísimo. Y en esta historia de Jane Smiley hay un par de momentos impactantes no tanto por lo duros (o sí) sino por el impacto que supone enterarte años después de que ciertos errores influyeron de por vida en otras personas. Las reflexiones de Rachel enganchan al lector pero pronto este lector se da cuenta de que la percepción que transmite Rachel de la relación con sus hijos, es diferente de la que tienen sus hijos de los mismos hechos. Siempre hay dos visiones de la misma historia, escuchando a ambas partes es cuando de verdad te haces una idea de lo que pasó y de la influencia de ciertos actos.
He adorado esta historia desde el minuto cero, aparentemente parece que no vaya calando, pero desde que la terminé se me quedó en la cabeza dándole vueltas
“No sé que pensarán los demás de mi vida, pero para mí es como una torre de bloques, de esas que hacen los niños construida con ignorancia y sin ningún plan en mente”.
En Un amor cualquiera nos encontramos con la narración de las menudencias del día a día, las pequeñas cosas que pasan en una vida y que para un observador externo no significan, pero que a cada uno, en su vida, le sirven para entender, entenderse y construir la convivencia con los demás. La protagonista de esta novela es Rachel, tiene 52 años y cinco hijos, dos de ellos gemelos. Hubo un tiempo en el que vivió alejada de ellos porque al confesarle a su marido una infidelidad él se los llevó a Inglaterra, lejos de ella. Los dos días que retrata la novela están llenos de las interpretaciones que Rachel hace de los gestos de sus hijos, de cómo ella sabe si están contentos, tristes, preocupados o a punto de saltar. Sabe lo que callan, o cree saberlo, y lo que calla ella por amor o para evitar un dolor o una discusión. Ese difícil equilibrio de comunicación entre madres e hijos, ese amor complejo, que oscila entre el infinito y el desprecio, ese saber y no poder decir, todo eso está muy bien descrito por Smiley. Y eso es lo que más me gusta de ella: que, en ninguna de sus novelas, se ahorra el asomarse a lo que más nos escondemos a nosotros mismos en nuestras relaciones con los que queremos: los momentos en los que no los queremos.
«Tengo 52 años, que es la edad en la que, al parecer, tus hijos y los amigos de tus hijos de pronto quieren usurpar toda la sabiduría y experiencia que, en su día, no creyeron que tuvieras y que ahora les resulta de gran utilidad».
Leed a Smiley pero, repito, empezad por La edad del desconsuelo y luego éste.
Un amor cualquiera nos permite ser testigos, como quien observa a través del hueco de la cerradura, de la dinámica de una familia 20 años después de los hechos que hicieron que se rompiera. Cuando uno de los hijos, Michael, regresa a casa tras una larga estancia en la India y se reúne en la casa materna con su madre y dos de sus hermanos: Ellen y Joe, su gemelo.
Y en ese ambiente aparentemente distendido tomamos consciencia de que la decisión que tomo la madre, Rachel, hace 20 años, aun hoy condiciona la dinámica de esta familia. Que el miedo que sentimos por herir de forma irreparable a alguien nos bloquea; que cada una de las experiencias vividas nos moldean; que una madre es también una mujer con deseos y anhelos propios. Que somos muchos mas que ese rol que nos define en las dinámicas familiares, madre, esposa, hermano o hijo.
Lo mejor de esta novela es la sencillez con la que Jane Smiley nos introduce en el universo de esta familia. Como en pocas páginas es capaz de contar tanto sin contar nada. Cuando terminas de leer esta novela, la sensación es la misma que al terminar una serie: un vacio porque durante unos días te has sentidi parte de la familia.
La novela va de menos a mas. Las "cosas" de Michael no tenían sentido para mi al principio, me sacaban de la historia. Sin embargo, a traves de las confesiones y conversaciones de la familia todo cobra después sentido hasta llegar a un culmen final.
4,5 estrellas, que redondeo al alza porque realmente me ha gustado mucho el estilo de la autora y lo que cuenta. Pese a una traducción en algunos puntos manifiestamente mejorable (tiene frases realmente confusas, y siento que son más por culpa del traductor que de la redacción original), y a la nefasta decisión editorial de destriparte la novela entera en la sinopsis de la contracubierta, me ha parecido un relato contenido, intimista, con mucha carga de profundidad. Una historia de una familia cualquiera, aparentemente idílica que, como en casi todas las familias, tiene una historia cuando las puertas se cierran... como dice la expresión: "que la casa arda por dentro, pero que no se vea el humo desde fuera". Y no digo más, porque es una novela muy breve, de apenas 125 páginas, pero en la que la autora logra plasmar a la perfección la radiografía de algunos miembros de la familia (y de otros ausentes) en un momento concreto, y que entendamos por qué son como son y actúan como actúan. Una historia sobre amor, sobre devastación, sobre oscuridad, sobre supervivencia (pero todo ello sin grandilocuencia ni grandes hechos: antes al contrario, cotidianidad pura y dura) y sobre todo aquello que no nos contamos, ni siquiera a los que más nos importan. En resumen que me ha gustado muchísimo... especialmente por la última frase, que no puede ser más impactante (al menos para mí).
2,5 otra novela americana americana que no soporto. Tenía muchas ganas de este libro y se lee de una sentada rapidísimo porque engancha y es corto, pero no me ha terminado de gustar. Repite esas fórmulas que TANTO odio de las novelas americanas en las que solo se habla de una familia desestructurada en la que el padre es alcoholico y maltratador y los niños tienen que criarse casi solos… cansado de este formato y de estas historias
Me han dicho que los otros de Smiley son mucho mejores. Es por ello que puede, solo puede, que le de otra oportunidad y me lea alguno más. De este salgo bastante decepcionado.
“Le he dado a mis hijos los dos regalos más crueles: la experiencia de una felicidad familiar perfecta y la absoluta certeza de que tarde o temprano acaba”. . . Que simpleza para contar algo tan destructor como la ruptura de una familia. De la honestidad de una madre que dice que su vida era un “sinvivir”, lo cual me parece de una absoluta belleza esa palabra inventada por el autor que describe a la perfección ese hoyo negro, esa desesperanza, ese anhelo de tener otra cosa, otra vida, otro amor, al que la madre de la familia le llama: “sinvivir”. . . La familia Kinsella era de una absoluta perfección para los ojos de quien no vivía dentro. Un día, la madre confiesa su infidelidad y todo se rompió. El padre se lleva a los 5 chicos, los esconde, los aleja y ella se queda sin ese “sinvivir” de perder a sus hijos. . . La novela se sitúa en un fin de semana donde los hijos -ya grandes- con familias y vidas propias se ven para pasar juntos unos días. La madre recorre sus días de infancia y de esos días ausentes donde el padre se los roba y la deja vacía. Hacia el final del fin de semana ella se atreverá a contarles a sus hijos qué pasó y por qué lo hizo, pero lo que no se esperaba era saber lo que el padre había hecho con esos 5 niñitos una vez que ella se borró del mapa. . . Qué manera de cerrar la historia y de continuar con la vida. Una novela corta, pero poderosa y llena de dolor por todos lados. .
se lee súper rápido está escrito maravillosamente se ha sentido como ver desde una ventana escenas cotidianas de una familia y descubrir algún secreto pero siempre desde fuera como cuando sueñas en tercera persona pues algo así
Después de haber leído el año pasado "La edad del desconsuelo" tenía claro que quería seguir conociendo a Jane Smiley. Con este libro confirmo que, seguramente, leeré todo lo que se publique de esta autora. Por un lado, me encanta su forma de narrar, es sencilla, directa, entretenida. Sin florituras pero con un trasfondo que resuena al terminar su lectura. La historia de la familia Kinsella podría ser la de cualquier familia, las cosas que a menudo se ocultan, lo que no se dice para evitar hacer daño y que, inevitablemente, con el paso del tiempo acaba flotando hacia la superficie. Al igual que "La edad del desconsuelo", no es un libro en el que pasen grandes cosas o haya argumentales impactantes, lo que transcurre es la vida misma, con sus luces y sus sombras. Por ponerle una pega a esta lectura diría que me hubiera gustado una mayor extensión. Me dejó con la miel en los labios y no quería que se terminara. Eso siempre es una buena señal. Definitivamente, me encanta Jane Smiley, sus historias me encajan, me llenan y me dejan un buen sabor de boca.
"Es como si el tiempo no hubiese pasado, como si la conmoción y el dolor pudiesen salir y entrar a su antojo de la memoria, escarificar los nervios una y otra vez. Parece que, en esta familia, la única presencia que necesitas y anhelas es precisamente la que no puedes tener. "
"A veces, paladeo una leve sensación de privilegio cuando escucho las historias de Ellen alzarse en el aire y desvanecerse después como pompas de jabón. Entonces, recuerdo que las conversaciones de Pat eran así, y siento una punzada de pérdida. Exasperada, Ellen nos dice a Jerry y a mí: ¿Es que no basta con vivir y morir? ¿Por qué hay que dejar constancia de todo? En los últimos ocho años se ha ido atrincherado cada vez más en su negativa a convertirse en alguien de provecho. Me pregunto por qué me afecta. Quizás sea una especie de orgullo residual, como el que sentía por Michael y Joe. El orgullo de haber criado un milagro. Me gustaría poder exhibir mi obra, un poquito aunque sea."
Entrando desde la primera página en un ambiente completamente familiar, esta novela es una historia que da la sensación de estar empezando a mitad de una historia incompleta. Puedes llegar a sentirte como una especie de intruso, inmiscuyéndote en las relaciones tambaleantes de una familia, en este caso una madre que espera el regreso de su hijo y el reencuentro de sus otros. Jane nos introduce adrede en una atmósfera íntima, como dando a conocer, quizá, lo que ella también ha vivido. Amor, desamor y muchas complicaciones. Percepciones muy diferentes entre hijos y padres. A veces parecía perder fuelle y llegué a desorientarme un poco. Daba la sensación de estar tornándose en una línea demasiado continua, y sin embargo, casi tres meses después, a veces me sigo acordando de él porque me he sentido identificada y eso me ha hecho mella.
Qué belleza de novela: el deseo y la familia, las consecuencias de nuestros actos y las revelaciones tardías, todo ello en un drama con personajes creíbles y diálogos perfectos. Cien páginas de ficción para comprender y querer mejor al complejo animal que somos.
Se me quedó a medias. De hecho diría que para mi fue un 2,5⭐️ Sí es cierto que es bastante fluída y se lee rápido pero siento que la historia no estuvo tan fiel a la sinopsis que me atrajo. Tampoco esta dividida en capítulos y siento que recién cobró más sentido en las últimas páginas. No fue para mi 😔
No es mi favorito de la autora pero admiro a los que consiguen construir una historia de emociones sin parecerme ñoño, exagerado o excesivamente intenso.
La historia es ‘cotidiana’, pero lo agarré y no pude soltarlo hasta terminar. Hay algo hipnotizante en la distancia emocional y la precisión con la que Rachel, la narradora, disecciona su vida familiar y a cada uno de sus cinco hijos.
«Les he dado a mis hijos los dos regalos más crueles: la experiencia de una felicidad familiar perfecta y la absoluta certeza de que tarde o temprano se acaba».
¿Cuántos de los errores que cometemos podemos achacar a lo que nuestros padres nos enseñaron en la infancia? ¿Por qué, a veces, solo respondemos al deseo sin pensar racionalmente en lo que podríamos perder?
Creo que ninguna de estas dos preguntas no tienen fácil respuesta ni se van a responder en esta novela, pero sí que vamos a reflexionar sobre ambas tras conocer la historia de esta familia.
Esta breve novela de Jane Smiley empieza con la vuelta de Michael a la casa familiar de Michael después de su viaje a La India. Y, en un picnic que reúne a su madre, a su hermano gemelo y al resto de sus hermanos (y algunos sobrinos), vamos a conocer algunos de los secretos que nunca se revelaron, así como algunas de las reflexiones que comparten sobre los viajes, la familia, el matrimonio o el pasado.
Lo primero que me gustaría destacar de esta novela es lo acertado que es el punto de vista. La narradora es Rachel, una madre que ha sufrido mucho pero que no se hace la víctima, reconoce sus errores y admite no ser la mejor madre del mundo. Desde sus ojos vamos a descubrir cómo son —y cómo han sido en el pasado— cada uno de sus hijos, pero también su matrimonio fallido, además de los motivos que le llevaron a su fin.
Me ha encantado, especialmente, cómo nos presenta a sus hijos: con benevolencia y ternura; pero, también, con honestidad y ojo crítico. Hablándoles como los adultos que son, a pesar de recordar continuamente los viejos y felices tiempos en los que eran tan solo unos niños. Y, también, la honestidad con la que nos habla de su matrimonio y sus errores del pasado, asumiéndolos y relatándonos el proceso que vivió para dejar de castigarse por la culpabilidad. Y me ha parecido asombroso cómo la autora nos narra algo tan complejo en tan pocas páginas.
Las conversaciones y gestos entre los hermanos, pero, sobre todo, con su madre, me han parecido muy realistas y nada idealizados, mostrándonos a una familia imperfecta con problemas de comunicación cuyos miembros se ocultan cosas, se ignoran y no se demuestran entre sí lo que les gustaría. Una familia, al fin y al cabo, que podría ser cualquiera de las nuestras en algún momento, por mucho que nos cueste (o nos duela) admitirlo.
En resumen, otra joya de Jane Smiley sobre las pequeñas y grandes tragedias que rodean a una familia, tanto en su pasado como su presente. Sobre los errores que los hijos heredan de los padres sin que estos últimos quieran. Sobre las segundas oportunidades que, casi siempre, nos da la vida para enmendar el daño que hacemos a otras personas.
Al principi no m'acabava d'agradar perquè sentia que el que explicava no em representava pel moment vital en el qual estic ara. Però he gaudit molt del final imagino que perquè també ja tenia més situats els personatges. Així i tot, no entenc el títol, per mi cap amor és qualsevol. Però imagino perquè és aquest títol l'escollit. No puc posar-li nota com tampoc sé si el recomano. L'únic que puc afegir és que penso que és interessant sobretot si t'agraden les relacions familiars i la quotidianitat.
Conversaciones entre una madre y sus hijos ya adultos, al principio son conversaciones de “puesta al día”, al final hay secretos que salen a la luz. Me ha encantado el carácter de la madre, siempre serena, paciente, amorosa. He disfrutado mucho de las conversaciones que tienen y de los pensamientos de la madre. La familia se puede romper pero las relaciones no tienen porqué.
"A mis 52 años, masajeo mis pies y me doy cuenta de que les he dado a mis hijos los dos regalos más crueles : la experiencia de una felicidad perfecta y la certeza de que se acaba".
Recuerdo que esta breve historia me resultó engañosamente ligera. Leer a Smiley es como contemplar una escena de la vida cotidiana: su prosa, clara y sencilla, te envuelve en una narración que avanza al ritmo espontáneo de lo cotidiano. Poco a poco, sin embargo, crece en el lector la sensación de que debe detenerse, leer más despacio, porque cada gesto, cada diálogo, encierra más de lo que aparenta; esa es su magia.
Bajo esa aparente naturalidad, Smiley explora temas tan vastos como la herida, el abandono, el desarraigo y la afirmación de la individualidad dentro de la familia. Todo ello se organiza en torno a una idea que recorre el libro como un eje, y que Smiley formula a través de la protagonista y narradora: el deseo es el motor del mundo. Una fuerza irresistible y destructora, que arrasa con todo lo que encuentra a su paso —vínculos, roles, esperanzas, creencias—. Ni siquiera el amor puede contener a ese caballo desbocado. El deseo acaba imponiéndose y, para la protagonista, madre y mujer, tiene consecuencias devastadoras.
Dejando a un lado el histrionismo y la neurosis de los personajes de «Tan solo el fin del mundo», la obra de teatro de Jean-Luc Lagarce, he encontrado ciertos paralelismos entre ellos y los de «Un amor cualquiera» de Jane Smiley.
Por supuesto, son historias y géneros diferentes, incluso culturas distintas; pero ambos textos se centran en los vínculos familiares y en cómo los anhelos, las frustraciones y las expectativas individuales casi siempre chocan con las de aquellos con quien compartimos genética e historia. Y muchas veces, además, ocurre de manera explosiva.
Así fue en la vida de la familia protagonista de esta novela breve y 20 años después de que todo volara por los aires, la onda expansiva sigue golpeándolos con fuerza. Jane Smiley, a través de diálogos naturales y reflexiones sosegadas pero certeras, nos permite asomarnos al dolor de los otros y, por supuesto, nos reconocemos en él con demasiada facilidad. Al fin y al cabo, en todas las casas cuecen habas, ¿no?
Que bona és Jane Smiley fent històries curtes plenes de sentiment. Crec que em va agradar més ‘La edad del desconsuelo’ però m’ha agradat molt tota la descripció dels sentiments entre els germans i com lliga la història del matrimoni dels pares amb les trames dels fills. Curt però intens.
Al inicio de esta corta novela le habría dado como mucho 4⭐️. Pero se lleva el máximo por cómo nos va haciendo partícipes de manera sutil pero magnífica de los secretos familiares, q nos va cambiando de opinión sobre los personajes. No creo q la olvide fácilmente . Buena escritora 😍.