No puedo creer la sincronicidad de haberme cruzado con este poemario el día del entierro de una amiga de la infancia. Ese domingo fue horrible, y decidí que si algo bueno iba a pasar debía tener que ver con libros. No sabía que este se trataba de una despedida un tanto similar. Ese día busqué una foto vieja y nos vi a esa amiga y a mi abrazadas, tuve ganas de escribir sobre esa imagen. Leonor se da el gusto de hacerlo, sobre una foto de ella y su amigo muerto, lo hace con crudeza, pero también con mucho cariño.
"Los muertos se van yendo como la memoria o quizás la vivencia nunca fue
Mi madre solo dijo pobrecito y jamás volvió a su nombre como si no hubiera existido nunca"