Amé volver a leer a Suniaga. Estos relatos tan vividos, me hicieron sentir que estaba sentada en el patio de una casa de Margarita mientras un abuelito te echa los cuentos de su niñez, su calle, y su vida. Me reí, me conmoví y hasta senti cierta familiaridad con algunos personajes, casi como si los hubiese conocido también. Un libro corto, pero que te hace sentir calidez y familiaridad, aunque sea en una tierra en la que no has vivido.