Hace 200,000 años, nuestra especie no era la única ni la más prometedora entre las diversas versiones de humanos en el planeta. Sin embargo, el Homo sapiens conquistó a las demás especies y se multiplicó por todo el mundo. Seleccionó y rediseñó los animales y vegetales de los que se alimentaba, creando pueblos, ciudades, imperios, guerras, transportes, fábricas e ideas.
Hoy, el Homo sapiens sigue siendo el mismo animal, pero se mueve menos, come peor, trabaja más y tiene menos sexo que sus tatarabuelos africanos. A pesar de este desfasaje, disfrutamos de una mortalidad baja y pobreza en descenso. Sin embargo, la medicina moderna está apagando la selección natural y la ingeniería genética imagina humanos de diseño.