El universo creado por Liz Williams es complejo y extraño. La historia ocurre en un futuro lejano, en el que el ser humano ha conquistado todo el Sistema Solar y ha evolucionado (o mutado) en forma artificial, al punto que ya casi no existen hombres ni nacimientos "naturales": gran parte de las humanas se gestan en cámaras de incubación y hay una gran variedad de cruces entre humanas y animales (muchos de ellos extintos).
El Sistema Solar es regido con mano de hierro por el matriarcado marciano. El Matriarcado está compuesto por una casta de guerreras que se entretiene cazando los pocos machos mutantes que aún habitan el planeta rojo, y ejerciendo una cómoda tiranía a distancia sobre una Tierra devastada por el cambio climático y el crecimiento de los mares. La tecnología más avanzada mezcla espíritus de muertos con ciencia para crear armas, armaduras y naves espaciales, y su misterioso origen es uno de los ejes de la historia.
En este ambiente, una oscura casta de exiliadas en "Noche Sombría" (que parece ser Plutón y/u otros planetas enanos) trata de destruir el Matriarcado y matar a la elegida que podría frustrar sus planes de conquista. Mientras tanto, Sueños-de-guerra, una guerrera marciana, es enviada a la Tierra para proteger a Lunae, la Hito-Bashira, la elegida que puede doblar el espacio-tiempo y evitar el desastre universal.
La novela no es fácil de leer: la autora juega a introducir conceptos, culturas, costumbres y elementos extraños en forma constante, dejando que el lector los aprehenda de a poco, a medida que se van repitiendo. La cantidad de nombres propios que nos resultan extraños llega a marear, y la sociedad que nos describen es tan distinta a todo lo que conocemos (y hemos leído), que me sentía permanentemente a la deriva, tratando de encontrar alguna clave, algún ancla con el mundo que conocemos (o cualquier otro mundo de ficción que he leído).
Creo que esto ya es un problema grave del libro: una novela debería entenderse por sí misma, sin necesidad de un manual o de foros de discusión. Hay muchos autores que juegan a introducir elementos extraños sin describirlos previamente (pienso en Philip K. Dick o Dan Simmons), pero las sociedades y los personajes con los que trabajan son lo suficientemente familiares como para que el lector enganche con la historia mientras deja para más tarde el entender lo que es un "Órgano de Ánimos Penfield".
Pasando por alto este asunto (que podría ahuyentar a algunos lectores potenciales), también tengo problemas con el desarrollo de la trama y de los personajes: excepto por Sueños-de-guerra (que cumple con todo lo que uno puede esperar del estereotipo de la guerrera dura y noble), los demás personajes tienen motivaciones que están más al servicio de la trama que de ellas mismas. Lunae, Yskatarina (la antagonista) y la kappa parecen plegarse a las necesidades de la autora para construir una sucesión de viajes y aventuras, pero sus motivaciones siempre quedan en un discreto segundo plano. Lunae es una adolescente bonachona, "rebelde", con un poder demasiado grande, la kappa parece quererla mucho y desea protegerla, pero más allá de eso, apenas parece tener conexión con su pueblo y sus deseos personales (si los hay). E Yskatarina, que en un principio parece ser llevada por sus ambiciones de poder e independencia, acaba siendo arrastrada (y olvidada) por los eventos. Nunca parece lo suficientemente amenazante, ni lo suficientemente ambiciosa, y sus objetivos son tan vagos que ni siquiera podemos sentir algo de empatía con ellos.
Este débil desarrollo de personajes trata de ser compensado por un conflicto épico: el fin del universo como lo conocemos. El fracaso de Sueños-de-guerra y Lunae podría ser tan catastrófico, que no la autora nos obliga a tomar partido por ellas en desmedro de las habitantes de Noche Sombría. Y eso me molesta bastante: la novela trabaja mucho con la ambigüedad moral de los personajes, cuestiona la tiranía y el racismo del Matriarcado, muestra todos los mundos como decadentes. En este escenario, un conflicto tipo fin del mundo resulta poco atractivo, porque le da superioridad ética a uno de los bandos. Creo que la historia habría funcionado mejor con menos épica y más conflictos personales; menos ciberchamanismo y más política; menos batallas y más chantajes.
En resumen: una ambientación exótica y atractiva, pero confusa, para una historia que se acerca más a Las crónicas de Narnia que a Endymion.