Hay algo que me pasa demasiado habitualmente y que me da mucha rabia cuando leo por primera vez a un autor y me gusta mucho. Entonces me digo, con toda la buena intención del mundo, que esta no va a ser la última vez que me adentre en algo más que haya escrito; me prometo muy en serio ponerme a buscar más obras suyas para comprobar si la magia o el flechazo que he tenido con él o ella vuelve a darse en otra lectura. Pero no pocas veces sucede que pasan incluso años hasta que vuelvo a animarme a leerle o se me presenta de nuevo la oportunidad de adentrarme en su bibliografía. Siempre hay algún otro libro u autor que se pone por delante y, al final, por una cosa u otra, acabas dejando ese nuevo descubrimiento de lado muchas veces sin querer y sin darte cuenta. Y me da mucha pena, sobre todo cuando el caso se parece a lo que me ha sucedido con Elizabeth Von Arnim. Creo que fue en 2021 cuando leí, también de la mano de la editorial Trotalibros, “Vera”, una novela claustrofóbica sobre una joven inocente y recientemente huérfana que acaba en manos de un marido que, poco a poco, va reduciendo su mente hasta destrozarla y controlarla, en un ejemplo de auténtico maltrato psicológico, y que me resultó una lectura sumamente angustiosa y asfixiante. Obviamente me encantó y, desde entonces, he estado mirando varias obras de su autora, deseando volver a leerla. Y no ha sido hasta hace pocos días cuando por fin he podido reencontrarme con Von Arnim en esta “Expiación”, que me ha recordado que, efectivamente, tengo que buscar más novelas suyas para leerlas, porque tiene visos de convertirse en una posible nueva autora favorita.
Todos en la familia Bott están de acuerdo en que la esposa de Ernest, Milly, es la mujer ideal. Siempre educada, amable y adorable; siempre compuesta y en su sitio. Por eso, cuando Ernest fallece repentinamente en un accidente de coche y se abre su testamento, todos quedan conmocionados al descubrir que ha donado su fortuna a una organización benéfica para mujeres descarriadas, dejando a su viuda apenas una miseria. “Ella sabrá por qué”, se limita a constatar en su testamento. Y sí, durante años Milly ha tenido un secreto, por el cual ahora tendrá que empezar a pagar, en un periplo humano y personal que desenmascara a todos aquellos que la han rodeado durante todo este tiempo.
Publicada en 1929, en “Expiación” Elizabeth Von Arnim juega con esa caja de Pandora que tantas veces es un testamento para hablar de la sociedad de su momento, esa en la que ella vivió: una sociedad de gente rica, más preocupada por el qué dirán y por mantener las apariencias y su posición de cara al mundo que por tratar de comprender a los demás y ser justos y benevolentes. Empezaba Tolstói su famosa “Anna Karenina” con la célebre sentencia de «Todas las familias felices se asemejan; cada familia infeliz es infeliz a su modo». Y Von Arnim recoge el testigo de esta premisa ya desde sus primeras páginas con la presentación de una familia de alta burguesía de la Inglaterra de principios del siglo XX, un auténtico cuadro social y familiar perfectamente delimitado y convencional que saltará por los aires sorpresivamente ante la amenaza de que uno de sus miembros haya cometido una infracción moral capaz de costarles su respetabilidad si se hace pública.
Von Arnim crea desde prácticamente el inicio de la novela un auténtico cuadro de costumbres que nos sumerge en la filosofía, los estándares y las preocupaciones de un numeroso y rico clan, de una manera que puede llegar a ser tan satírica e irónica como fulminantemente dramática, sin dar puntada sin hilo. Todos los aspectos que rodean la falta de Milly (sus consecuencias, la manera en que ella actúa, las reacciones de los demás y el impacto que todo ello tiene en el resto de los Bott) están retratados por su autora de manera milimétrica, mostrando lo que sienten los personajes y cómo cada nueva situación o descubrimiento cambia su forma de pensar y actuar, hasta el punto de que el lector se siente completamente sumergido en las psiques y en las cabezas de estos caracteres. En esto ayuda mucho la abundancia de monólogos internos que sazonan toda la lectura y la forma tan minuciosa que tiene Von Arnim de meterse en la manera de ser de sus personajes. De ahí que nos encontremos ante una lectura profunda y detalladamente psicológica, una psicología que es manejada siempre a favor de la novela.
En ningún momento, pese a lo introspectiva que es, la lectura se siente densa o pesada. De hecho, es encomiable la forma en que Von Arnim logra que el lector no pueda dejar de leer este drama costumbrista familiar, deseando saber adónde lo van a llevar las circunstancias o las actuaciones de sus protagonistas. Y eso es algo muy difícil de conseguir en una historia de ritmo pausado, escrita con delicada maestría y en la que no hay impactantes vueltas de tuerca, aunque si se dan suficientes golpes de efecto que ayudan mucho a mantener el interés por la lectura mientras hacen avanzar la trama. Y así uno cierra “Expiación” con la sensación de haberse encontrado cara a cara con personas de carne y hueso, hijos e hijas de una sociedad, una época y una forma de vida que, al final, es la que maneja las riendas argumentales. La novela es un pequeño drama familiar diseccionado con la precisión que solo consigue un bisturí que deja al descubierto las vísceras de los ideales y convenciones de los personajes, un cataclismo humano que hace tambalear las firmes raíces sobre las que se ha construido el rígido edificio que es el microcosmos de los Bott y, con él, la auténtica naturaleza de todos y cada uno de estos personajes.
Porque esa es la grandeza de la sencillez de “Expiación”: cómo Elizabeth Von Arnim deja al descubierto la naturaleza humana, tan absurdamente preocupada por las apariencias y el dinero. Y lo demuestra en la manera en que la opinión que todos tienen de Millie cambia drásticamente cuando se descubre lo ocurrido con su marido. Se empieza por la incredulidad para pasar inmediatamente a decidir cómo se debe actuar y, llegados a este punto, Millie comienza a ser condenada por el resto de los Bott, que antes la adoraban y ahora la ven como un problema que hay que tapar lo más rápidamente posible: una molestia de la que deben hacerse cargo para que el mal no vaya a mayores, un estorbo que todos tendrán que soportar como buenamente puedan. Qué difícil es cuando todo un entramado en el que antes estabas perfectamente integrada se pone en tu contra, aunque no se diga con palabras. Y qué crudo resulta descubrir hasta qué punto estás sola en el mundo. Estas serán solo algunas de las ideas que, a lo largo de poco más de 350 páginas, se irán revelando ante Millie con cruel certeza. Una mujer cuyo único pecado, en realidad, ha sido sentir más de lo que se esperaba de ella. Y quizá esa sea la única gran falta que se le pueda imputar a lo largo de toda la novela. Una protagonista enmudecida por su sentimiento de culpabilidad y por su indefensión, apática en muchos momentos, incapaz de hacer o decir lo que realmente piensa, aunque sus sentimientos la abracen por dentro y amenacen con salir en cualquier instante. Inocente y encantadora pese a lo que los demás puedan pensar y decir: esa es la gran ironía de toda su historia. A lo largo de todos sus compases iremos descubriendo la auténtica naturaleza de quienes la rodeaban y de los pocos en los que realmente confiaba. Y gracias a ello Von Arnim nos muestra hasta dónde pueden llegar la hipocresía, el egoísmo y la gazmoñería humana en todo su esplendor. Así, Millie, la pecadora, se presenta ante nosotros como una mujer de carne y hueso, llena de defectos, pero también de bondad y de una capacidad admirable para sobreponerse con tierna elegancia a los desplantes y los inconvenientes; amable e inocente más allá de las críticas y los malos pensamientos, buscando una salida digna allí donde la haya y aceptando su destino con entereza y sensibilidad. Una auténtica heroína sin necesidad de serlo, en medio de una corte de personajes moralmente superiores, pero absolutamente inferiores a ella. Eso es lo que más me ha gustado de esta lectura: la manera en que Von Arnim pasa por encima de las convenciones morales y de los tópicos sobre las mujeres caídas en desgracia ante su familia, presentándonos un retrato profundamente humano e increíble de su protagonista y de todos aquellos que la rodean, complejo y delicado a partes iguales.
Y es que qué valiente Elizabeth Von Arnim al abordar sin ningún tipo de complejo temas tan arriesgados y controvertidos para la época como el adulterio femenino y el divorcio, centrándose especialmente en la indefensión de la mujer y en su falta de oportunidades si quedaba desamparada o en los márgenes del orden imperante; en la forma en que se quedaba sola frente al mundo al perder sus apoyos económicos y su respaldo social. Porque el dinero, al final, es lo que siempre ha movido el mundo y lo que, en realidad, también mueve esta historia, escrita con una prosa elegante e incisiva, un ritmo plácido que se recrea en todos los matices de la narración y unos diálogos ágiles y finos. Von Arnim crea una historia íntima que maneja muchos personajes y muchos temas, pero lo hace con mesura y eficacia, centrándose en los pequeños detalles y en la psicología de los personajes para construir una radiografía social en la que los preceptos sociales quedan desnudos en toda su esplendorosa crueldad frente a la dulzura humana de una única persona. De ahí que “Expiación”, pese a tratar sobre una familia que ejemplifica una manera de hacer y de ver las cosas y que vive como una afrenta personal colectiva lo que uno de sus miembros pueda hacerle a otro de cara a la galería, sea en realidad la historia de un personaje que, como no he dejado de repetir entre los compañeros con los que he leído este libro en lectura conjunta, solo dan ganas de abrazar, al percibirla como un náufrago en medio de una tempestad de la que no puede salvarse. Su historia es una crítica al orden social en el que vive, a veces teñida de sarcasmo e ironía y otras de una crudeza y tristeza implacables, pero siempre sin que la autora pierda de vista la compasión que el personaje de Millie no solo le provoca, sino que se merece.
Personalmente, aunque “Vera” me encanto, tengo que admitir que he disfrutado un poquito más de este segundo encuentro con Von Armin por tener un pelín más de acción narrativa, aunque sin perder ese punto psicológico e intimista que ya percibo como marca de la autora.
Elizabeth Von Arnim, definitivamente, esta vez ya no puede volver a pasar tanto tiempo entre que leo un libro tuyo y otro. Tienes varios que me llaman mucho la atención, y tengo que prometerme firmemente que en 2026 alguno de ellos caerá.