En un año de aislamiento, que hoy es distanciamiento, nuestras relaciones con el adentro y el afuera fueron puestas en jaque. Sea por el extrañar, sea por el hartazgo, sea por las pérdidas, el pandémico 2020 enfrentó nuestras formas de vincularnos bajo un mismo techo o alejades de todes. Para muches, les más afortunades, la ausencia fue solo humana. Gatxs, perrxs, lorxs, gallos (me consta), jerbos, puercoespines y demás fueron la compañía de una especie, la nuestra, que vio trastabillar su mundo conocido hasta los límites de la cordura.
Yendo de la cama al trabajo y del trabajo a la cama, Krysthopher Woods nos ofrece las vivencias de una artista gráfica cuya vida pre-covid en mucho se asemeja a nuestro anuario de aventuras en pijama. Su gato, personificado hasta el punto de tener videollamadas, es parte de esa cotidianidad en loop y se vuelve reflejo de las inquietudes de aquelles que nos acompañaron, pelos más pelo menos, en esta época tan histórica como impensada.
En un acto de casualidad artística como pocas veces hemos visto, Maten al Mensajero lanza en marzo de 2020 lo que hoy podemos ver como el spoiler alert más grande que una historieta ha dado. Un persona, su gato y cientos de horas sentades y acostades en el mismo exacto lugar. Con un trazo delicado, que demuestra en varios pasajes la búsqueda por una mayor comprensión de la anatomía y sus dobleces, Woods logra un relato dulce y amistoso. Invita a vestirse con nuestro mejor peor shortcito, a poner la pava a hervir para otro té en la taza ya amarronada, a estirar la cama y relajar ante tanta realidad avasallante. Una invitación a salir a lo mas profundo de nuestra propia intimidad para encontrar ese bien tan escondido detrás de los barbijos, nuestra propia sonrisa.