*Si de alguna forma puedo caracterizar lo que ha sido este año en cuanto a lecturas, es como uno muy bueno. Por esa razón, es que creo que habla de forma excelente tanto sobre la autora como de la novela misma, el hecho de que he elegido a Víctor 1907 como mi libro favorito de este año -ya sé que quedan unos cuantos días para acabar diciembre, pero sinceramente no creo que aparezca otra novela a quitarle el podio.
Los sueños de los mellizos Victor y Luisa Carvajal se ven envueltos en el contexto del fuerte descontento que afecta a los mineros del salitre del norte de Chile a inicios del siglo XX. Ambos sueñan con llegar a Santiago, sin embargo, los apuros de dinero familiar permiten que solo Victor lo consiga y estudie en el Colegio Barros Arana.
Mientras tanto, Luisa se niega a aceptar el destino que le espera: dedicar su vida a las tareas domésticas históricamente pensadas para las mujeres. Así es cómo decide buscar trabajo de lonchero, oficio reservado a los hombres.
Desde el inicio, el lector siente un incomformismo en Luisa, por su entorno, su lugar en el mundo, por su identidad y la forma en que el resto la percibe, en conflicto con esa otra forma en la que ella se percibe a sí misma.
La libertad que anhela la obtiene, en principio, a través de este nuevo oficio, el cual de alguna forma va contra las reglas propias de la estructura de género de la época. También decide vestirse como hombre y cortarse el cabello. Cuando Luisa se ve al espejo en aquel traje, ve a su hermano mellizo, imagen con la que se siente a gusto, como si aquel fuese su verdadero ser. Más allá de que haya nacido mujer y tenga un aparato reproductor femenino.
Una de mis cosas favoritas de la novela, fue la utilización del diario íntimo como espacio de introspección, dónde Victor expresa sus ilusiones, miedos y tensiones entre lo que muy adentro siente y lo que se espera de él fuera.
A través de esa escritura personal, el personaje va articulando sus sentimientos y reflexiones sobre su cuerpo, su rol social y su deseo de vivir de acuerdo con quien realmente es. Si bien se trata de un simple cuaderno que no está exento de ser secuestrado y leído, nuestro personaje principal muy pocas veces se niega a escribir en él, después de todo se trata de su única verdadera compañía y con quién puede ser brutalmente sincero. Cada entrada en su diario es una carta que no envía a su hermano, porque aunque, por así decirlo, toma prestada su identidad a ratos y hasta su nombre -ya que en el fondo sabe que es un varón aunque el mundo le grite que es una mujer-, no deja de ser todo un secreto.
Luisa, en medio de este autodescubrimiento, se ve enfrentada al machismo y acoso, justamente por ir en contra de cómo debería verse una mujer. Para ayudarla a enfrentar el trauma, sus padres le permiten irse de viaje con su tío Eulalio, un hombre también diferente y especial, quien tiene una condición económica favorable que le permite moverse entre las personas más ricas y los círculos sociales e intelectuales más estimulantes del país. Esto supone también una ventaja para Luisa, porque su tío -muy perspicaz y observador- sabe que está buscando ser realmente libre y le permite decidir sobre cómo comportarse y moverse en su viaje, por ejemplo, en los salones de Viña del Mar. Así es cómo Luisa se hace pasar por su hermano por unos cuantos días, aprovechándose del panorama en que él está todavía en Santiago y sus rostros son muy similares.
A pesar de los nervios iniciales propios de la circunstancia, la libertad que esta misma le brinda llevan a nuestro protagonista a sentirse cada vez más cómodo en ese descubrimiento nacional y de sí mismo. El no sentirse juzgado, sino más bien acompañado y validado por un familiar, resulta ser también un punto a su favor.
Sin embargo, no olvidamos en ningún caso que mientras los salones nacionales están repletos de gente interesante que a su vez se interesa por Víctor, en el norte siguen en alza las protestas de los obreros por las injusticias laborales que sufren. Al mismo tiempo, su proceso de identidad no está nunca completo ni le es del todo satisfactorio. Vestirse como su hermano funciona como un disfraz temporal cuya felicidad proporcionada también es momentánea. Y en algún momento, justo cuando el conflicto salitrero está a punto de explotar, toca regresar a casa.
Los últimos capítulos del libro son bastante fuertes. Pareciera que todo pasa muy rápido, y de hecho así sucede, pero, lo importante es que en ningún caso se siente apresurado, y es todo mérito de la escritora que sabe trabajar con los tiempos y páginas dedicadas a cada uno de los pasos dados por Víctor en ese ambiente tan violento, figurativa y objetivamente.
Como lectores, nos toca acompañar a Víctor a enfrentarse una vez más a su identidad, pero ahora rodeada de su familia y el conflicto salitrero en escalada y sin vuelta atrás.
No me queda más que invitar a quien lea esta reseña a darle una oportunidad a la novela. Se nota que está escrita con cuidado, respeto y el mínimo trabajo de investigación requerida para el caso.
Resultó para mí un gran placer conocer a Víctor. De alguna u otra manera, como lectora me sentí cómplice de su encuentro identitario y me hubiera gustado poder entrar al libro a darle un abrazo y acompañarlo.