Escribir un gran relato ensayístico sobre este libro sería inutilizar tiempo valioso. Bastarían algunas observaciones para transmitir tanto mis sensaciones como mis pensamientos.
Como observación general, diré que ya se leen temas insoslayables por Borges siempre y ya se encuentra el estilo estiloso y lacónico, sustantivo y preciso de Borges, con muchos galicismos y latinismos ('asaz', 'en tratándose', 'haber' como 'tener') y acuñaciones siempre interesantes y siempre motivadas por etimología ('hermanía', 'justipreciar', 'leyente'), con adjetivaciones precisas y frases nominales germánicas. Llevo la convicción de que las sorpresas léxicas (verbales sobre todo) en Borges son producto de su etimológico trabajar: elabora conceptos morfológicamente o los traslada de otras lenguas buscando justeza y el lector, al perderse ese camino lógico, encuentra la sorpresa. Tema para un ensayo futuro.
El ensayo "Torres Villarroel" es una semblanza al mentado, quien según Borges es un aprendiz de Quevedo. "La traducción de un incidente" es el relato de los encuentros chez Rafael Cansinos Asséns, chez Gomez de la Serna, ambos enfrentados por sus estilos contrapuestos.
"El 'Ulises' de Joyce" es un fogoso lamparazo sobre la obra del irlandés. Grandísima depiction, memorable. Ejemplo de una pequella belleza:
"Confieso no haber desbrozado las setecientas páginas que lo integran, confieso haberlo practicado solamente a retazos y sin embargo sé lo que es, con esa aventurera y legítima certidumbre que hay en nosotros, al afirmar nuestro conocimiento de la ciudad, sin adjudicarnos por ello la intimidad de cuantas calles incluye ni aun de todos sus barrios."
"Después de las imágenes" es la invitación a transpasar el reinado de la metáfora, centro del ultraísmo, y es también su homenaje. Borges nos recuerda que una metáfora se crea en el texto como hipótesis (espejos como agua), o se contempla una consecuencia de su irremediable verdad (pájaros que beben de espejos).
Dice, hermosamente:
"Para el creyente, las cosas son realización del verbo de Dios -primero fue nombrada la luz y luego resplandeció sobre el mundo-; para el positivista, son fatalidades de un engranaje. La metáfora, vinculando cosas lejanas, quiebra esa doble rigidez"
En "Sir Thomas Browne", ensayo que apenas hojeé por desconocer la obra del discurrido, Borges afirma que el repertorio intelectual de la lengua inglesa es romance, y que los latinistas del siglo XVII se atuvieron a esta rama, para conquistar la 'claridad' y 'universalidad' - actividad inversa a los académicos de hoy, quienes se atarean con lo 'privativo del lenguaje' como refranes y idiotismos.
Los ensayos sobre Quevedo y Cansinos Asséns no los tengo presentes en la memoria, aunque recuerdo haber disfrutado mucho el primero y haber hallado insulso el segundo.
De "Ascasubi" puedo citar lo siguiente:
"¿Qué diferencia va de la labor de Ascasubi a la de sus continuadores? La que de la imbelleza a la belleza. [...] Difícil cosa es que un hombre invente a la vezv la forma y la belleza de esa forma, ha discurrido Alain. Un criterio vulgar sólo concede preeminencia al profundizador; otro, diversamente equivocado, al iniciador. Muchos confunden lo asombroso y lo nuevo, siendo suceso extravagante que entrambos se presenten en una misma obra artística."
Sobre Ipuche basta recordar que para Borges su mejor libro fue "Tierra honda" y que logra todavía reproducir el criollismo, y no representarlo o hacerlo hablar conscientemente de sí mismo, como lo hace Silva Valdez. Silva Valdés, por otra parte, ya es consciente de los símbolos del gauchaje, y utiliza un fondo ya trabajado, el gauchaje, para elaborar nuevas imágenes. Según Borges, la poesía criolla no sabe de metáforas, sino de hipérboles o de vulgarismos que son metafóricos tan sólo porque la lengua de por sí es metafórica. Y observa Borges lúcidamente que
"A un sentimiento nuevo no le conviene la línea curva de la imagen y sí la derechura del cotidiano decir. En cambio ¡Qué grato es entretejer guirnaldas de imágenes alrededor de un tema ya adentrado en la intimidad de las letras!"
Contrario a Poe, quien en su ensayo 'Philosophy of Composition' afirma poder ser innovador ('peculiar') tanto en el 'tone'como en la 'anecdote' (equidistantes a 'sentimiento' e 'imagen' chez Borges). Luego remite a Schopenhauer para recuperar la idea de que todos dan con las alusiones eróticas puesto que a todos les es vivaz el asunto. Lo que mi colega Santiago Astrobbi afirma sobre el facilismo de escribir sobre el Amor y la Muerte puesto que son atajos, afirma, para lograr literatura, como 'trampa' en el juego literario. Silva Valdez poetiza sobre un camino ya pavimentado, al que accedemos al comenzar siquiera a leer su obra. Tan sólo agrega imágenes y pule viejas.
"Examen de metáforas" es el ensayo primero y último de valor en la colección, el que realmente vale la memoria retener. La idea de que el sustantivo es una fijación cognitiva necesaria de lo fugaz, una "abreviatura de adjetivos" es invencible. Las descripciones de sucesos o sensaciones casi inefables parecen canto de un rostro cuyos oídos oyen muy fino.
"El lenguaje -gran fijación de la constancia humana en la falta movilidad de las cosas- es la díscola forzosidad de todo escritor."
Tras repetir su ausencia en la lírica popular, Borges arguye que al coplista plebeyo le interesan los temas que se repiten en la vida de todos (lo individual), mientras que al literato lo que su vida lo desasemeja (lo personal; la distinción parentética, conjeturo, proviene de Unamuno).
La numeración de suertes de metáforas es pedagógica y alumbradora. Mis favoritas quizá son las que trastocan espacio y tiempo. Gran ensayo.
"Norah Lange" es un prólogo a un libro suyo. "Buenos Aires", ese resumen de su contrapartida poética (su 'Fervor...'), recuerda a los textos líricos de Lugones como el que aparece en su Lunario Sentimental "Inefable Ausencia". Malos ambos.
"La nadería de la personalidad" intenta torpemente argüir lo que se dice mejor en "La encrucijada de Berkeley", ensayo que nos ahorra leernos casi toda la "No toda es vigilia la de ojos abiertos", más redundante que extensa. De González Lanuza se dice que ha sido el mejor representante del ultraísmo. De Unamuno poeta no quise emprejuiciarme antes de leerlo directamente.
De "Acotaciones" sólo puedo decir que conocía de primera mano sólo el caso de Omar Khayyam y Edward Fitzgerald. "Queja de todo criollo" discurre sobre lo aparencial y lo esencial en todo país o toda tierra, y la brecha entre ambos; se propone dar cuenta del verdadero carácter del criollo. Sobre Herrera y Reisig no podría decir nada, sólo que quiero leerlo.
"Acerca del expresionismo" resume bien aunque, a mi entender, sesgada y simplonamente, el expresionismo alemán. Me gustan sus selecciones, sobre todo la última. Además, la diyunción entre el pensativo que trabaja con conceptos y el sensual que labura con lo concreto: ambos metaforizarán según sus hábitos mundanos (abstraer lo concreto o concretizar lo abstracto, respectivamente).
De "Ejecución de tres palabras" uno saca la idea para hacerlo con todas las palabras cuyo sobreuso nos ofusca, entre las cuales hoydía del habla cotidiana colocaría 'literal', de la poesía, casi cualquier sustantivo abstracto. Comparto, además, su invectiva contra el decir 'azul' de las cosas o el sobreuso de 'inefable', que le quita, como a 'literal', el carácter de excepción a lo descrito.
Libro para conocer cuando se quiere conocer a Borges. Libro fácilmente olvidable.