Enganchadísima me ha tenido la primera novela que leo de Laura Sanz, así que ya anticipo que repetiré con esta autora. Me ha encantado esta historia de amor en el Lejano Oeste cocinada a fuego lento, una historia de un amor imposible entre dos personas muy diferentes.
Rose es una viuda ya casi en la treintena, hija de un rico ranchero, con un alto sentido del deber y que ha vivido ninguneada por su padre y por su marido. Gabriel es un mexicano algo más joven que ella, con un duro pasado a cuestas y que trabaja para el padre de Rose. Su amor estaba destinado al fracaso desde el primer momento y ellos son conscientes de su situación. De hecho, ellos mismos deben luchar contra sus propios prejuicios, miedos e inseguridades antes de lanzarse a enfrentar el mundo.
Es una historia magnífica, muy bien ambientada y con unos personajes sólidos y coherentes consigo mismos. Su estilo narrativo es clásico, con descripciones que dan un aire muy visual a la novela (es casi como ver una película del Oeste) y que se toma su tiempo en la narración, sin que esta decaiga en lo más mínimo.
La autora cuida cada escena, descripción y diálogo y, sobre todo, cuida a los personajes, mostrándonos también sus imperfecciones. Gabriel es huraño y silencioso, pero leal y tierno cuando se permite bajar las barreras. Rose es generosa, fuerte y sumisa. Parece contradictorio, pero la autora consigue retratar a una mujer de la época, sometida a los designios que marcaban los hombres y la sociedad, y con la fortaleza suficiente para sobrellevar la vida que la han obligado a llevar. Disfraza su sufrimiento bajo una engañosa máscara de frialdad, que da sensación de altivez a quien no la conoce. Es maravilloso ver como estos dos personajes van derribando sus respectivos muros hasta encontrarse el uno al otro y ser capaces de luchar por un amor que su entorno desprecia.