“Una burocracia de la carne, una Junta que planifica sistemas con dedicación artística, una cultura del scouting que detecta mujeres aptas ¿para qué? En Nación vacuna se impone una realidad de misterios de la que se alcanza a ver, como una pesadilla interminable que sólo sucede cuando se cuenta en un presente aterrador (el presente que nunca termina de pasar), geografías inhóspitas, leyes cambiantes, frigoríficos, cápsulas de carne, sexo furtivo y, sobre todo, la inquietud un poco demente que produce la expectativa de grandes cosas. Fernanda García Lao es una artista del fragmento narrativo en su variante de violencia poética. La atrocidad irrumpe en la delicadeza, el clasicismo en la barbaridad. Si no es para producir este tipo de sorpresas, es mejor que la literatura no exista. Nación vacuna es la novela natural de este mestizaje en el que vemos al mismo tiempo, atraídos y expulsados por el metabolismo voraz de la autora, al Osvaldo Lamborghini de Tadeys y al Kafka que se entrega a inventariar como un miniaturista los procesos por los cuales se cumplen las leyes que nadie escribe. Nación vacuna es la memoria argentina de un futuro histórico que ya pasó sin que lo viéramos. Una realidad fantasma que enloquece nuestras percepciones sin que sepamos si se aleja o se acerca, camuflada bajo la telaraña de los días.” Juan José Becerra
Fernanda García Lao (Mendoza, 1966) fue seleccionada por la Feria Internacional de Libro de Guadalajara 2011 como uno de “los secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana”. Vivió en España desde 1976 hasta 1993. Es escritora, dramaturga y poeta. Publicó las novelas Muerta de hambre (Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes), La perfecta otra cosa, La piel dura, Vagabundas y Fuera de la jaula, así como el libro de cuentos Cómo usar un cuchillo. En 2015, publicó Amor invertido, en coautoría con Guillermo Saccomanno. En 2016, editó Carnívora, su primer libro de poesía. Ha colaborado en distintas publicaciones a ambos lados del océano (Babelia, Revista Quimera, Letras Libres, El Buensalvaje, Las/12, Revista Ñ). Algunos de sus textos han sido traducidos al portugués, al inglés, al sueco y al griego para revistas digitales y en papel. Ha publicado en Francia, México y España. Desde 2010 coordina talleres de escritura.
Fernanda García Lao es una escritora, dramaturga y poeta argentina.
Hija del periodista Ambrosio García Lao. Se exilió, junto a sus padres y hermanas, en Madrid donde vivió desde 1976 hasta 1993. Allí hizo sus estudios primarios, secundarios y universitarios. Estudió piano, danza clásica, actuación y periodismo. A su regreso a Buenos Aires, se formó como actriz con Norman Briski y Ricardo Bartís y como dramaturga con Mauricio Kartun. Su primera experiencia como directora de teatro fue en el Sportivo Teatral con la obra de Witold Gombrowicz Ivonne, princesa de Borgoña.
Primero como actriz, más tarde como dramaturga y directora, se dedicó al teatro independiente tanto en Buenos Aires como en Madrid. Escribió y dirigió varias piezas con las que viajó por Latinoamérica. Su obra La mirada horrible obtuvo 1º premio de la Secretaría de Cultura de la Nación, a obras estrenadas en el 2000. Ser el amo, estrenada en el Sportivo Teatral en 2002, el Subsidio a la creación Antorchas 2002. Por su obra La amante de Baudelaire, recibió el Auspicio de la Embajada de Francia y el Apoyo de Proteatro.
En el año 2004, su novela Muerta de hambre resultó merecedora del Primer Premio de Novela por el Fondo Nacional de las Artes. Desde entonces, ha publicado en editoriales argentinas, más tarde francesas. Ha sido traducida al inglés, al portugués y al sueco. Colabora en medios a ambos lados del océano y desde 2010 coordina talleres de escritura. Ha participado en Ferias y Festivales literarios en México, Perú, Colombia, Venezuela, Chile, Cuba, Uruguay, España y Francia.
Fue seleccionada por la Feria Internacional de Libro de Guadalajara 2011 como uno de «Los secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana».
La nueva novela de Fernanda García Lao plantea una realidad alternativa en la que Argentina ganó la Guerra de Malvinas. En el archipiélago, quedaron algunos hombres, y el objetivo de la Junta que aún gobierna es mandar hembras para que sean preñadas y, así, repoblar las Islas. Nosotros, los lectores, conocemos la historia a partir de la narración de Jacinto Cifuentes, funcionario del gobierno que forma parte del proceso de “selección” de las mujeres más aptas para el éxito del proyecto.
La pregunta que en principio surge en la literatura de ucronía o ficción especulativa es, para resumir, ¿qué hubiera pasado si...? Tal es el caso de novelas como El hombre en el castillo, de Philip Dick, que plantea un universo en que Alemania, Japón e Italia ganaron la Segunda Guerra Mundial. Pero en el caso de Nación Vacuna la cuestión es un poco diferente. En primer lugar, porque la novela es bien argentina. Pienso que seguramente se podrá disfrutar más de ella si se ha nacido en el país y se tiene el conocimiento de lo que esta guerra significó para la idiosincrasia nacional. Todo lo que vino después de la derrota en Malvinas fue un gran condicionamiento para la política del país y, por ende, para la sociedad en general.
En segundo lugar, la novela de García Lao no plantea una visión integral de la sociedad argentina en esa ficción especulativa, sino que se centra en mostrarnos cómo se está llevando a cabo esta situación desde la perspectiva de un funcionario del gobierno, Jacinto Cifuentes. A partir de su punto de vista, narrado en primera persona, empezamos a saber mejor cuáles son los objetivos de los gobernantes y cómo son las circunstancias que está atravesando el país. Luego de ganar la guerra los invasores contaminaron las aguas, por lo que los hombres que allí quedaron se infectaron. Entonces, el objetivo de la Junta gobernante es enviar a las Islas mujeres aptas (y vacunadas) para que, luego de embarazarse de dichos hombres, puedan parir hijos sanos y así empezar a poblar el archipiélago. En ese proceso se ubica nuestro narrador, que se encarga de hacer unos tests para definir si esas mujeres son adecuadas o no.
Para empezar a hablar de este libro quizás un buen punto de partida sea destacar el hecho de que es una obra que se lee en muy poco tiempo. Sin lugar a dudas, Nación vacuna es una novela muy entretenida. Lo cierto es que la autora tiene la capacidad para interesar al lector constantemente. La historia en ningún momento es explicativa en el sentido de aburrir con descripciones innecesarias. En novelas como las ucronías o pertenecientes a aquel género conocido como “ficción especulativa” es casi una tentación dejar todo en claro. Una forma, entonces, podría ser a partir de la incorporación de descripciones extensas que permitan clarificar cuál es la situación de la sociedad que se está retratando. Hay que tener en cuenta que narrar una versión diferente a la que la realidad estableció no es una tarea sencilla, teniendo en cuenta que en ese caso estaríamos contradiciendo lo que realmente pasó. Sin embargo, Fernanda García Lao toma una decisión que yo considero muy acertada con respecto a este tema. No hay, en ningún momento, períodos extensos de descripciones. Por el contrario, la narración se va clarificando a través de sí misma, por así decirlo. Con esto me refiero a que son los propios hechos que se narran los que nos van ordenando las ideas. Es por eso que, más allá de que la lectura se hace sumamente vertiginosa y es complejo parar de leer, también es necesario que los lectores estemos atentos para no perdernos de detalles que son importantes para situarnos en aquella sociedad que estamos presenciando. Es interesante que, evitando hacer explicaciones que podrían tornarse pesadas, la autora de todas maneras es capaz de delinear muy bien la naturaleza de esa realidad que está retratando. A pesar de que no nos hable de toda la sociedad, porque se centra más que nada en la mirada de Cifuentes, sí va incorporando un montón de cuestiones que, sin hablar directamente de la sociedad en su conjunto, nos permiten de igual forma dilucidar cómo es que ésta piensa. Así, temas como el cuerpo, la carne, el sexo y el valor de la patria son centrales en la construcción de la trama, y permiten ir desarrollando la mentalidad de esa Nación sin que la narración se abstraiga y tenga una mirada integral. Es decir: la novela no necesita estar relatada por una tercera persona omnipresente y omnisciente que todo lo vea y todo lo sepa para transmitirnos lo que esa población piensa. Ya es suficiente con la mirada propia del narrador.
García Lao tiene un estilo narrativo que alienta a que uno siga leyendo, casi sin poder parar en ningún momento. La novela se estructura a partir de párrafos en su mayoría cortos, concretos y en general bastante crudos, más que nada por las cosas que se narran. A su vez, las frases que componen estos párrafos tampoco son largas; más bien, son cortantes y directas. Es que el mismo argumento de la novela también se estructura a partir de hechos de esta naturaleza. Son situaciones punzantes, marcadas por un ritmo vertiginoso y que no permite que uno deje la lectura. La novela se torna adictiva, no solo por la prosa de la autora sino también porque el lector quiere saber constantemente qué ocurrirá. Además, como García Lao no opta por explicarnos todo al pie de la letra ni darnos toda la información, la única herramienta que tenemos para entender qué es lo que está pasando, y cómo es que funcionan las cosas en esta sociedad (hasta cierto punto) alternativa, es leer, leer y no parar de leer. Es por eso que la novela se termina tan rápido, y uno la disfruta como pocas. El ritmo de la historia es rápido, ágil, y así también lo es el desarrollo de las acciones que la componen. El único respiro que nos da es la interrupción de los capítulos, y así y todo uno quiere seguir. Es una novela increíblemente atrapante, que no deja que el lector suelte el libro de ninguna manera. De hecho, nunca baja el ritmo, y eso es un punto muy a favor. En realidad, la misma va subiendo en intensidad.
Al principio, cuando recién se nos introducen los personajes y las reglas de la sociedad que retrata la historia, uno no logra darse cuenta de a qué apunta o cómo es que la ésta se estructura. No sabe muy bien qué la sostiene, ni tampoco a qué se debe la incorporación de ciertos conceptos, relacionados puramente al argumento, que se van mencionando con el correr de las páginas. Pero es el mismo hecho de no entender el que nos impulsa a seguir, para tratar de comprender qué es lo que de verdad está ocurriendo. De más está decir que la autora agrega a la trama algunas ideas que en un principio son quizás un tanto incomprensibles, pero a medida que avanza la narración uno empieza a entender un poco más su funcionamiento; y esto, sin lugar a dudas, también genera que uno quiera seguir leyendo. Ahora que cada vez se puede seguir más el ritmo de lectura, es evidente que la historia se va tornando aún más entretenida, más atrapante.
Nación vacuna plantea algunas cuestiones interesantes para analizar que tienen que ver, más que nada, con el cuerpo. En esta realidad alternativa que plantea, luego de ganar la Guerra de Malvinas algunos hombres quedan en las Islas, y el objetivo de la Junta que gobierna es llevar mujeres aptas para que queden embarazadas y así empezar a poblar el archipiélago. En ese sentido, se plantean temáticas que tienen que ver con la valoración del cuerpo y, más específicamente, también con el valor que le damos al cuerpo de la mujer. En este caso, el gobierno preselecciona mujeres para ver si son aptas para reproducirse y parir hijos sanos en las Islas. Esto lo sabemos porque nuestro narrador es un funcionario burocrático, y está presente en el desarrollo de esta selección. Además, también se ponen en juego acciones más crudas que, como tales, no son “sabidas” por toda la población. Cuando comienza el Proyecto Vacuna (el que tiene como objetivo la reproducción de estas mujeres con los hombres de las Islas) la Junta pone en práctica una innovadora forma de contener todas las proteínas de la carne en una cápsula. Pero claro, distinta será la cuestión si se sabe realmente de dónde sale esa carne. La revelación, para Jacinto, se da casi de casualidad. En realidad nunca se lo devela concretamente, pero hay ciertos indicios que ayudan a que uno pueda dilucidar la procedencia de la materia prima que se utiliza para esas cápsulas. Y, como no podía ser de otra manera, esa procedencia es violenta, tremendamente brutal.
En ese sentido, a lo largo de todo el libro la autora narra situaciones de una profunda violencia, tanto psicológica como física. También es violenta la situación en que Cifuentes, vegetariano, solo recibe una mísera ensalada de berro cuando sus familiares disfrutan de un buen cordero asado. En todas las acciones relatadas en Nación vacuna hay violencia. La autora, no obstante, tiene la capacidad de, por un lado, inmunizarnos en el sentido de que seguimos leyendo sin que aparentemente nada estuviera pasando. Pero por el otro lado, y a pesar de ésto, también somo capaces de, por momentos, detenernos a pensar qué es lo que realmente está pasando, y el grado de violencia que estas situaciones contienen. Esta significancia doble que podríamos identificar en el estilo narrativo de García Lao es muy interesante para analizar, y también considero que es uno de los logros que tiene tanto ella como autora como también la novela en sí.
Nación vacuna es un libro que me sorprendió de forma muy grata, y que me significó un momento de lectura altamente disfrutable. A partir de una narración ágil y muy amena, a pesar de contar cosas también crudas y densas, Fernanda García Lao ha escrito una historia original, que incursiona en un género no tan explotado por la literatura argentina. El resultado final es realmente muy bueno. Una historia que se lee en nada por el gran interés que genera la trama y por la capacidad de la autora de transportar al lector a esa realidad alternativa que el argumento plantea.
Me atrapó de principio a fin. La voz del narrador es la que este tipo de historias exige. En algunos momentos el protagonista oscila entre los personajes de Kafka y Camus, pero esas influencias son acertadas y se matizan en lo que la autora quiere contarnos.
García Lao hizo todo lo que tenía que hacer a nivel narrativo y nos regaló esta novela impecable.
Me ha gustado bastante lo que hace Fernanda García Lao en esta novela. Apuesta por contar una distopía no desde la rebelión contra el sistema sino desde la más absoluta aceptación. Y lo hace a través del testimonio de un funcionario que, en primera persona y en presente, cuenta su participación en un proyecto demencial, sin pies ni cabeza; el artefacto a través del cual se sustancia la megalomanía del gobierno para el que trabaja y la entrega de sus siervos. No son solo las continuas referencias al trabajo de carnicero que tenía antes de participar en la recolonización de las islas M. (guiño, guiño), después de que el triunfo inicial se convirtiera en tragedia. Toda la lectura está presidida por la más absoluta degradación, con una violencia subterránea, apenas visible, y la afectividad de los personajes dominada por sentimientos negativos o una neurosis cuya máxima expresión se alcanza cuando el narrador se relaciona con varias mujeres mediante un sexo rápido, sucio, con una libido por los suelos, apenas estimulada por una faceta física que conjura cualquier calor humano.
Lo que me lleva a hablar del trabajo sobre el estilo de García Lao: un discurso donde la situación de cada palabra está medida con pie de rey, perfectamente colocada para redondear las imágenes que crea, en unas frases con un ritmo marcado con metrónomo. Invita leer Nación vacuna en voz alta. Asimismo, la abundancia de figuras retóricas (metáforas, comparaciones, personificaciones...) potencian la lectura calmada de un texto rico y denso. Con una peripecia reducida a la mínima expresión, en una narración próxima a las catástrofes de Ballard de los 70 (Rascacielos, La isla de cemento, Crash). Si este es tu rollo, le daría una oportunidad.
Creo que no soporté al protagonista y narrador de esta historia y de ahí comencé a verle muchos detalles a la trama y a cómo la desarrolla. Sin embargo, en cuanto a la atmósfera distópica y al malestar y la mentira que deja el poder sentí que era muy precisa y sí se logró. No sé. No sé.
Este libro ha supuesto todo un reto para mí, no solo por cómo está escrito sino también por el tema que trata. Con ironía y agilidad la autora nos presenta a una sociedad que vive con unas normas estrictas, que se dedica a servir a la patria y valora muy poco la vida de los seres humanos. Está escrito sin diálogos, con frases directas y claras, es algo diferente y llamativo. Pero, personalmente, se me ha hecho un poco bola, tanto la historia como la forma narrativa. Es un libro particular, con fragmentos que me han hecho reflexionar bastante y con episodios duros. Aún así, eso no he logrado conectar con los personajes ni con la trama en general. He terminado el libro con la sensación de no haberlo comprendido en su totalidad. Quizás no era su momento o quizás no es un libro para mí. Eso sí, siempre me resulta interesante salirme de mi zona de confort, explorar otro tipo de literatura.
“¿Y si el mundo no existe? Tal vez, es una estrella muerta que vemos con atraso. Este momento es prehistoria. El presente mide cien metros. Abro la boca y se termina”.
Cuando Fernanda García escribía esto no tenía ni idea de que ‘Mundo vacuno’ se publicaría en España sólo unos días antes de que llegara a Europa de manera masiva la mayor pandemia de las últimas décadas. Lo que está claro que sí sabía es que la (buena) literatura es el único territorio donde vemos con adelanto, donde la ucronía y la distopía ensayan adelantos del futuro que ya está aquí sólo porque es posible. Unas semanas antes de que no paráramos de hablar de “vacunas” (viene de vaca) o de inmunidad “de rebaño” un modesto trabajador público argentino (“Ahora que soy funcionario, la mano derecha me duele de manipular conciencias y papeles”) de aires Bartleby recorre un sistema que ha falsificado una nación hasta convertirla en una ficción donde “el hombre será un lobo para la mujer”. La próxima dictadura será carnívora o no será.
De acuerdo con el Diario.es el libro de Fernanda García estaba listo a la venta una semana antes de la conmoción del coronavirus, y esta casualidad me hizo ir de la columna de Paco Paños al libro. Es una ucronía que ha resultado sorprendentemente profética: aparece una epidemia, muestra un estado en caos frente a una catástrofe y reflexiona sobre el poder perturbador de la mentira política y de las fake news.
Nos presenta un panorama en el que ganamos la guerra pero los vencidos antes de retirarse, envenenan las aguas de las islas provocando una enfermedad desconocida, idea que yo asocio con el tema del cólera que sucedió y desestabilizó a un país. y como me encantan estos temas no podía pasar de largo por este título de la magnífica escritora argentina.
El personaje principal es el funcionario Jacinto Cifuentes, hijo de carnicero, vegetariano por convicción, funcionario de nivel promedio, culto, encargado de una delicada misión: seleccionar un grupo de mujeres para un "servicio patriótico” que surge de su capacidad para procrear y de salvar al país. Pero que se topa con un gobierno incapaz y corrupto que lo deja a la deriva y muy lejos de cumplir el objetivo. Reflexionando en nuestro pasado reciente, no puedo ni imaginar los planes secretos y los viajes a la luna que se confabularon para sobrevivir al apocalipsis.
Tremenda novela. Dura y oscura. Y bellamente escrita. "Regresamos con la sensación del error lamiendo el vidrio. Por suerte llueve y el sonido se ocupa de disminuir la incomodidad que provocaría el silencio. Erizo gira en la rotonda y me deja lejos de mi dormitorio, en la entrada posterior. Chau, gracias, le digo. Cierro la puerta del auto tan despacio que no se traba. Ella se da cuenta, pero igual acelera. Para no tener que mirarme."
Después de una guerra por Las M... (supongo que son por Las islas Malvinas), y aunque han resultado victoriosos, los soldados enviados a la lucha están enfermos y confinados en las islas.
Jacinto Cifuentes es un funcionario de la Junta en Rawson, Argentina. Jacinto es vegetariano porque se ha criado en la carnicería que regenta su padre, al que no comprende. Su madre es emocionalmente distante con él. Vive a la sombra de los éxitos de su hermano y siente un profundo amor/odio hacia Mona, su cuñada.
La Junta es un ente del Gobierno que tiene distintos departamentos con varios funcionarios a cargo para multitud de ámbitos. En concreto, el departamento donde trabaja Jacinto está encargado de seleccionar a tres mujeres que serán enviadas para cubrir las necesidades sexuales de los soldados a repoblar las islas ganadas en la guerra.
Una vez realizada la selección, los funcionarios encargados de la misma, Jacinto entre ellos, y las "afortunadas" mujeres que van a contribuir con sus vidas y sus cuerpos a la gloria del país, emprender el viaje a bordo de barco llamado "Nación Vacuna". Un viaje nada fácil y que terminará de una forma bastante dramática.
Se nota que esta novela está escrita por una poeta. Está construida con la cadencia y el ritmo de la poesía, con frases cortas y contundentes, que hacen muy ágil su lectura.
"Camino hacia su dormitorio, sin perfume. Que me huela por lo que soy. Basta de eufemismos."
"Tenemos descendencia para que hagan lo que no pudimos. Somos vagos: es más fácil engendrar que vivir. Un hijo es un sustituto que invariablemente rehúsa la tarea para la que fue concebido. Un traidor."
Cuando supe que la autora era Argentina pensé que iba a tener algunos problemas con el vocabulario que utiliza, pero a excepción de algunas palabras, se entiende todo muy bien.
Esta novela es una distopía que me ha traído a la memoria novelas como 1984 y Un mundo feliz, pero con un gobierno, aunque autoritario, mucho más torpe y risible en sus actuaciones y decisiones. La narración está cargada de ironía, plagada de momentos muy rocambolescos y surrealistas que sacarán una sonrisa al lector.
En estos tiempos que nos ha tocado vivir, los temas que se vislumbran en el transfondo de esta novela están muy de actualidad. Una enfermedad desconocida y contagiosa, que mantiene a la población bajo el miedo al contagio; información manipulada para mantener a la población anestesiada y ajena a la fatal realidad, todo por salvar la imagen del gobierno a costa de lo que haga falta; el cambio de discurso conforme los acontecimientos obligan a deformar la realidad... Todo esto se nos muestra realizado de una forma burda y patética, en la que cualquier ciudadano con un poco de criterio podría discernir la manipulación a la que se está viendo sometido.
Una historia que aunque bebe de los clásicos del género tiene su punto de originalidad, es entretenida y hasta, a veces, divertida y con un fondo que por desgracia está muy de actualidad.
Jacinto Cifuentes se encuentra en una encrucijada, salir del bucle de inercia y perdición absoluta en el sistema de manipulación en el que se encuentra o seguir llevándose por la corriente, siendo una herramienta más de un plan despojado de humanidad y perverso, que enarbola la bandera de la salvación. Con una pluma mordaz y dura, la autora describe en primera persona desde la visión del protagonista, un funcionario encargado de evaluar a las candidatas a salvar a la Nación.
Una isla con la que empieza y acaba la historia, sin llegar a conocerla, sin llegar saber más en profundidad de la trama que la única visión angustiosa del protagonista.
Un encargo de dudosa moralidad, en la que de manera asfixiante, este libro de apenas 140 páginas envuelve al lector en un halo de encierro, oscuro, siniestro, cargado de pérdida, con hedor a mala conciencia y a engaño, a deshumanización, a tortura.
Yo no he conseguido conectar con el estilo de la autora, me ha resultado agobiante (ha conseguido sin duda su cometido entonces) y me costaba horrores ponerme con él.
Sin duda, he de resaltar una sorprendente y afilada pluma, con un estilo original y muy distinto, que sin duda no te dejará indiferente.
Yo he terminado leyendo en diagonal. No me ha llegado nada.
Me gustó la prosa por rara con enunciados muy breves. También disfruté como se apunta todo lo absurdo de las dictaduras, el delirio patriótico en tiempos de guerra, los diferentes bandos. Demasiadas páginas dándole vueltas a la miseria de la vida del burócrata y en general sentí que fue como hasta después de las página 70 y pico que cosas pasaron. Casi la dejo porque me recordó porque no leo novela: ese recurso de alargar lo más posible la historia para desvelar el drama, conflicto, misterio, a mi me jode. Pude continuar porque justo después de grandes revelaciones, todo avanza en velocidad turbo. Muchas cosas se me hicieron al pedo como que el padre del protagonista fuera carnicero, el personaje innecesario de la madre, pero yo no sé nada, por esto no leo novela. Regreso al cuento. Bye
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Es un libro en el que cuesta entrar porque es duro, pero poco a poco me fue ganando en las sucesivas capas de significado. Seguiré leyendo a esta autora.
Los limites de la ficción y la realidad son etéreos y a veces extraños. La prosa de Fernanda García Lao, te sumerge en una distopia entre incertidumbres en un viaje donde vas descubriendo una serie de verdades que entretejen una historia incómoda como es una victoria de Argentina en la guerra de las Malvinas. Mientras llegas al final, la historia te va dando un camino con sabor a mar y liberando a algún personaje de sus ataduras morales y a otros los desgarra en un huracan de engaños. He disfrutado del viaje.
Es increíble cómo en tan solo 130 páginas la autora es capaz de tratar tantas temáticas. Habla sobre la situación de las mujeres, la libre elección sobre sus cuerpos, la mercantilización de los mismos, la prostitución. Habla sobre la violencia del estado, la manipulación mediática y la absurda idea del "sacrificio por la patria". Habla sobre la crueldad, la soledad y la familia. Sobre la incapacidad de actuar desde lo individual dentro de un sistema podrido, macabro e injusto. Y todo ello, desde la voz narradora de un protagonista conflictivo, incómodo. Es pura intensidad.
El personaje principal de esta historia es tan pesado que la trama y la narración me lo parecieron también, aunque no sé si era intencional. Lo que sí es que terminé asqueada, justo el propósito del libro, sobre todo con esos párrafos tan violentamente crudos. Me hubiera gustado aprender un poco más sobre la historia argentina, pero no se profundiza tanto; quizá cuando aprenda un poco más al respecto volveré y lo leeré diferente.
Hmmm, no sé muy bien que decir. Me gustó mucho como está contada la historia, desde una crudeza y un punto masculino que nunca vi tan perfeccionado en una autora femenina. Los adjetivos que usa y como dota a los olores de características...me pareció maravilloso.
wow. de mis mejores lecturas hasta ahora. hay una sociedad que trata de recuperar las M. por medio de las mujeres. del abuso. a las mujeres se les examina, se les juzga y se les elige por sus capacidad para reproducir (qué raro). me quedo con ganas de leer más de esta autora.
Lo leí muy rápido porque la narración me enganchó desde el principio. Me pareció que en algunas partes había demasiado detalle, chocando con lo innecesario, pero la historia está muy bien.