«En cierta ocasión, el Tin Tin me dijo en un sueño que él no era malo como alguna gente decía. Que él sería incapaz de hacer daño a alguien. Que esas muchachas que andan por ahí diciendo que las embarazó el Tin Tin en realidad quedaron embarazadas por sus novios o por alguien de su familia y no encontraron mejor pretexto que culparlo a él. Que eso le da mucha tristeza, pero que más tristeza le da cuando la gente dice que él es un ser demoníaco o un monstruo terrible.» [p. 71]
Este es un género al que siempre regreso: las leyendas. Y más aún si son ecuatorianas, porque me regresan a mi infancia. Pasaba mucho tiempo en la hacienda de mi familia, y la gente del campo nos contaba a los chicos muchas historias sobre seres de otros mundos. El que más recuerdo es el Tin Tin, una especie de duende que aparecía tan pronto se ocultaba el sol. Así que para mí estos relatos que deberían dar miedo están unidos a hermosos recuerdos.
Mis hijos y yo leímos juntos este libro y me alegró que hayan disfrutado mucho estas historias. Ojalá ellos también las recuerden de adultos y regresen a ellas con alegría, como yo lo hago ahora.
El estilo narrativo del autor es ameno y fácil de seguir; además esta edición cuenta con las ilustraciones de Roger Ycaza, que aunque son sencillas logran evocar con precisión la atmósfera de cada narración.