Me pregunta el libro que de qué va. —¡Uy! Pues es difícil de explicar, porque tú tocas muchos temas —le contesto. Y se me queda mirando fíjamente, porque es obvio que está esperando más. Así son los libros. —¡Oh, qué interesante lo que cuentas! —me dice. —Sí que lo es. Y divertido. Eres interesante y divertido. —Y veo que se sonroja—. No, no me entiendas mal. Igual que tú me preguntas, también lo hacen otras cosas. Y entonces conversamos, y eso que hemos dicho lo he juntado en ti. Más allá de un libro, tú, en realidad, también eres un cofre —añado. —¿Del tesoro, soy un cofre del tesoro? —Y ahí veo claramente que se entusiasma. Es bastante alegre (pero cualquiera se lo dice ahora). —Claro, claro —prosigo—, pero más bien eres como un joyero, que es algo más moderno. Tampoco quiero que se piense que es de piratas o de aventuras. Aunque también las cuenta, solo que lo que narra ocurre normalmente en casa. Que está más cerca. —¿Y qué más? —¿Te parece poco? Bueno, tendrán que leerte, porque la verdad es que no se puede contar más. —¿Es un secreto, acaso? ¡Qué curioso es, no se da por vencido! —Hombre, no, un secreto tampoco... —Pero espérate, que no sé yo si estoy muy segura de esto. Ahora que lo dices, sí que desvelas algunos secretos. Es lo que digo que tenéis las cosas, que siempre nos enseñáis.
¿Ves?, ¡ya lo has descubierto!
¿Por qué comprar este libro? —Descubrirás cual es el Misterio de la Vida. —Aprenderás qué hacer con los calcetines sin pareja. —Te contará a qué se dedican las camisetas mientras no nos damos ni cuenta. —Verás cómo tranquilizar a tus seres queridos. —Obtendrás una herramienta preciosa para evitar el efecto negro en la televisión cuando está apagada. —Entenderás al cubo de la basura. —Te mostrará la labor secreta del viento. —Sabrás qué sienten tus cosas por ti. —Empezarás a ser consciente de lo que realmente pasa. —Comprenderás quién ostenta el verdadero poder en el mundo.
Pensamiento, filosofía, reflexión, poesía, emoción. Alma y espíritu.
Me considero una fuente de escritos más que una escritora, y una narradora de historias. La musa me sorprende siempre mientras hago cualquier cosa. No me siento a escribir normalmente; no me enfrento a un papel en blanco, como he visto que les ocurre en algunas películas a algunos protagonistas que se dedican a esto. A mí me pasa al revés, la mayoría de las veces la inspiración me pilla «en bragas» y tengo que coger corriendo el teléfono en el que, por lo común, escribo. De día o de noche, andando o conduciendo el coche. A veces es tanto que me agota.
«Eres poeta», me dice una amiga que parece que sabe de esto. Solo sé que el texto me sale así, de principio a fin. Muchas veces completo. A veces como poesía, siempre con un ritmo al que, poco a poco, reconozco.
Me ha costado mucho tiempo conectarme con esa fuente de la que todo emerge. De la que brotan las palabras, una detrás de otra.
Por norma, no tengo ni idea de lo que está por venir, simplemente algo me toca y… ¡voilà!, ahí está el texto, a veces pequeño, siempre gigante, pero generalmente corto. Muchas veces necesita poco retoque, viene ya hecho. Solo tengo que esperar y escuchar al silencio. Y vienen relatos perfectos. Yo misma me asombro.
Todo esto surge en mi vida después de un gran desbloqueo a nivel inconsciente. Y de mucho trabajo consciente en numerosas áreas de mi existencia. De haber estado perdida, de no encontrar quién era. A pesar de la facilidad de la que ahora disfruto con la escritura, he sufrido mucho y he enfrentado cantidad de desatinos, pero una cosa es cierta, nunca me he rendido. Algo sabía quién era. He vivido un gran viaje durante muchos años hasta que conseguí reconectarme en el fondo. De tanto excavar, he encontrado oro. A pesar de que no lo creía, siempre confié en mí misma, era un extraño recuerdo. Siempre he contado con ayuda, interna y externa. Ahora me escucho y me siento y, por fin, ya no estoy herida. Me he sanado porque algo siempre ha tirado de mí hacia adelante. Yo le llamo «mi alma salvaje».
Tengo que confesar que me encanta leer relatos, ya que disfruto mucho adentrándome en pequeñas historias. Por esto mismo, no dudé en leer este libro cuando tuve la oportunidad.
La verdadera importancia de las cosas es un libro que se compone de 33 relatos muy cortitos y que se leen en un suspiro. La longitud de los relatos es aleatoria; a veces el escrito ocupa media página y otras poco más de una y media. Como podéis comprobar, no nos encontramos ante un libro denso, sino todo lo contrario, es un libro para desconectar y reflexionar.
La parte más interesante de estos relatos es que, en cada uno de ellos, la autora habla con objetos corrientes que podemos encontrar en nuestras casas. Sin ir más lejos, Saralamusa conversará con la aspiradora sin dejar atrás al recogedor y al cubo, entre otros. Estos diálogos pueden parecer algo alocados, pero todo tiene sentido en este libro y os invito a leer los motivos.
La finalidad de estos relatos cotidianos es hacernos sonreír y animarnos a valorar las pequeñas cosas que nos rodean en nuestro día a día. Es muy importante vivir el momento y ser consciente de que cualquier elemento, por insignificante que parezca, puede transmitirnos paz y alegría. Se puede conectar con esos detalles que creemos mínimos, ya que siempre hay algo más allá. Además, otro punto muy interesante es que la autora no se centra solo en difundir sus ideas y pensamientos, también juega con la gracia y el humor.
Me ha gustado mucho cómo se expresa Saralamusa, pero sobre todo me ha asombrado la percepción que tiene de la vida. Tenemos que buscar esos momentos tan nuestros y personales y concienciarse de la importancia las pequeñas cosas.
La verdadera importancia de las cosas: 33 relatos para reflexionar y comprender es un libro de pequeños relatos relacionados con la vida cotidiana que anima a reflexionar y que atrae buenas vibraciones y positivismo. Eso sí, siempre con mucho humor.