Debo admitir que me falta bagaje filosófico para comprender en toda su extensión lo que el autor nos quiere contar, pero lo expuesto ha sido tan claro que incluso con mis carencias he sido capaz de entender los puntos clave de esta obra. Esto dice mucho y muy bueno del autor con el que estamos tratando. Este libro me ha permitido involucrarme en un debate filosófico sobre la muerte muy enriquecedor, que me ha invitado a pensar y repensar mi condición de mortal y el papel de la muerte en mi vida.
Dado que la muerte resulta la mayor contingencia a la que todos deberemos enfrentarnos, me parece que llevar una vida intentando ignorarla es un tremendo error. La manera en que se entienda la muerte remarca la manera en la que se concibe la vida como proyecto. Dado que supone el punto final a la vida en esta realidad, reconfigura por completo su naturaleza. Este libro supone un repaso bibliográficamente extenso a lo que los filósofos contemporáneos han reflexionado sobre la muerte. La obra se remata con unas páginas donde el autor defiende porque la muerte es un mal, ya que el punto de vista de Epicuro, defendido por muchos, argumenta que la muerte no es un mal porque la persona muerta no siente nada y por lo tanto no sufre.
De las obras más tremendamente introspectivas que podrás leer, porque no hay nada más enteramente tuyo que tu propia muerte.