La muerte es el acontecimiento universal e irrecusable por excelencia: todo ser humano es, como señaló Heidegger, un ser-para-la-muerte. A pesar de ello, el hombre de hoy evita, o considera "morboso", hablar de ella, negando así su importancia e incluso su necesidad. Esta obra explora el problema del hombre frente a la muerte. A través de una lúcida comparación entre la visión de de la muerte de dos sociedades —una arcaica, la negro-africana, y otra moderna e industrializada, la nuestra—, el libro pone de relieve a las divergencias y los puntos de encuentro entre ambas: las actitudes respecto de la muerte misma, del que muere y de los dolientes, así como las formas en que es concebida, representada e imaginada. De este modo, descubre una constante: mientras la sociedad africana respeta y acepta la muerte, la occidental se obsesiona y aterroriza. Antropología de la muerte invita al lector moderno a repensar y a revisar su postura ante la vida y la muerte, a desmitificar el temor y la angustia y, en suma, a encontrar lo positivo en aquella que ha sido vista como "la eterna y despiadada destructora". Después de todo, ¿no es la vida la novia de la muerte?
Louis-Vincent Thomas (20 May 1922 – 22 January 1994) was a French sociologist, anthropologist, ethnologist, and scholar whose specialty was Africa. He was the founder of thanatology. After having taught at Cheikh Anta Diop University, he became a sociology professor at Paris Descartes University.
His writings deal with socialism, burials, and systems of thought in sub-Saharan Africa. He conducted comparative studies on death in Western culture and African culture. He often denounced the idea that anthropology and sociology are separate areas of study.
Se me hace difícil catalogar este libro. Podría empezar quejándome de los numerosos errores tipográficos, pero el libro fue relativamente barato. O de la ecléctica colección de notas al pie que hace que leer el libro sin ignorarlas, se sienta como conducir un automóvil con un embrague disfuncional. No es solo que estas interrumpan la fluidez de la lectura, es que las notas comprenden: acotaciones que bien pudieron ir en el cuerpo principal del texto, agradecimientos personales, referencias cruzadas y confusas, fuentes que bien pudieron se agregadas al final como un apéndice, datos estadísticos de la Francia de los 60s y un largo etcétera. Es más, hay varios lugares del texto en que el autor habla vagamente de un libro o de otro texto que, basado en la manera en la que pretende citarlo, parece de suma importancia, pero que en las notas al pie se pone a enumerar muchos otros, excepto el citado en primer lugar.
Ahora sí, tecnicismos aparte, "Antropología de la Muerte" es un producto de su época, por así decirlo (fue publicado por primera vez en 1975). Louis-Vincent Thomas pretende abarcar una comparación entre las visiones tanatológicas de África y "Occidente" (léase: "Europa" [léase "Francia"]), pero todo desde un lente en el que se presentan a estos rituales (los del "África Negra") como una exhibición del caduco mito del buen salvaje, todo con un tinte paternalista no lejano de un colonialismo con escrúpulos. La incomodidad que sentí al encontrarme con estos tropos fue tal que, cuando tomaba mi libreta para hacer apuntes con respecto al libro, prefería quedarme dibujando en ella que retomar la lectura.
En fin, poniendo todas estas objeciones aparte, es de notar que en el capítulo final del libro, el autor admite que después de las 625 páginas anteriores, uno no puede llegar a tal o cuál conclusión con respecto a la actitud general que uno debe o no, tomar frente a la muerte. Y que acepta que el análisis hecho, es más bien un trabajo (eternamente) inconcluso. Las 3 estrellas son por los pequeños descubrimientos e ideas sueltas que valen la pena y están dispersas a lo largo de las páginas. El resto de ideas pueden encontrarse expuestas de mejor manera en otros libros, sin alejarme mucho de mis estantes, puedo recomendar Semper dolens : historia del suicidio en Occidente de Ramón Andrés, que si bien se enfoca (como reza el título) en el suicidio, presenta una visión más sistematizada de las actitudes ante la muerte sin el sesgo de la otredad que tiene este libro.
Antes de leer este libro, hubiera dicho que no sabría por qué un nombre como el de Louis-Vincent Thomas no es sonado en el mundo de la literatura, o incluso de la antropología, pero es precisamente su rama la que da la respuesta "la sociedad le huye a la muerte precisamente porque le teme"; por lo tanto, nadie quiere leer a un hombre viejo que se especialice en antropotanatología. Jamás me había dado cuenta de que hasta cierto punto hay que leer teoría psicoanalítica para comprender a fondo los problemas antropológicos, así que fue una buena señal haber leído a Ernest Becker previamente. En su monumental obra "La negación de la muerte" se expone el enfoque psicoanalítico del por qué se le teme a ella, pero en la Antropología de la muerte de Thomas, se tiene un sabor de boca distinto; el libro no es más que la compilación del conocimiento que se tiene de ella separando y comparando dos sociedades: 1) la sociedad negro-africana, y la 2) sociedad occidental donde vivimos. El libro tiene una cantidad brutal de referencias literarias en donde la muerte es el tema primordial, en donde podemos escuchar los nombres de escritores como Barbusse, Malraux, De Beauvoir, Mann, entre otros.
Hay que recordar que este libro fue escrito en 1968, por lo que el autor hace mucha referencia a la criogenización, lo que sabemos que actualmente nadie envía su cuerpo a "Criogenizar", como una manera de vivir perennemente; también hizo mención al "éter", lo cual sabemos, quienes leemos astrofísica, que no existe tal cosa, solo el espacio-tiempo.
El libro es sumamente extenso, y no me puedo permitir elaborar una reseña para cada tema que se toca, simplemente debe de ser una experiencia única y personal (como la muerte en el occidente), la cual debe de llevarse a cabo de manera clara y en calma. Simplemente no sabía que existía una gran variedad de muertes, como la social, la muerte simbólica, la individual, y sus categorías: buena, mala muerte, la muerte apacible, la violenta... y todo el aparato tanatocrático (juego de palabras entre burocrático y muerte) que va de la mano con ella. Pensé en todo esto cuando mi padre murió, y recuerdo que me ofrecían combos mortuorios: café más empanadas, con opción a rosquitas, salas de velación diversas, servicios exequiales, e incluso una despedida al más allá (o al más acá, dependiendo de las creencias). El autor por todas sus palabras para cuando hace referencias, destila odio contra el sistema (no exactamente de derecha) pero desprestigia al momento en el que todo tiene un valor, o cuando se dice que el tiempo es "dinero"; desde allí pasamos a ser una sociedad que se hizo individualista, en donde negamos a los adultos, y en donde absolutamente todo tiene un valor monetario; la muerte se transformó en miedo de perder riqueza y se pierde el sentido de ataraxia estoica, de aceptación.
Te hace pensar mucho también en la muerte de los animales, el por qué nuestros compañeros caninos o felinos significan mucho para nosotros. Hace un mes atrás, un maldito ser humano envenenó a mis gatos, y verdaderamente me arrancó una gran parte de mis días alegres; pensé en ellos también y como la muerte unifica hasta a las especies, lo que en física es una singularidad, lo es también para la vida.
Todos quienes hemos perdido un padre, una madre, una abuelita, una tía abuela incluso, debemos tener en claro lo siguiente: toda persona que vive, convive o imparte con nosotros un momento de su vida, y de su tiempo, nos impregna algo de su ser que se diluye por medio de las palabras, de la imagen (y de los recuerdos), por tanto, en referencia a los mitos negro-africanos, una persona muere verdaderamente (muerte de la muerte), cuando ocurren una de las tres condiciones: 1) no queda nada de las osamentas, ni huesos ni polvo; 2) toda la familia del muerto desaparece; o 3) cuando todos dejan de pensar en el muerto. Por lo tanto, debemos siempre recordar a esa persona que ya partió, porque es la única manera de otorgarle un estado de "vida".
Sumamente denso, explica todas las difererencias existentes entre el hombre técnico de hoy, con el hombre del pasado. Muchas de las cosas que hacemos nacen del terror de la muerte, precisamente porque somos animales con ropa, un "mono desnudo" (en palabras de Desmond Morris) que teme morir, teme descomponerse, teme ser enterrado o cremado o cesar de vivir. No me quedan palabras suficientes para poder continuar con la reseña de esta obra maestra de quién en vida fue (y en muerte es) Louis-Vincent Thomas .
concepción totalmente diferente de la muerte a la que tenía antes de empezar a leer el libro
si comparo el individualismo occidental de la muerte con la colectividad obsesiva del África negra que se presenta en el libro, pareciera que constantemente se elogia y enaltece el segundo por un sentimiento de unión que se ve tan alejado de mis creencias y crianza educativa
4 estrellas porque difiero de muchas de las opiniones que desarrollaba el autor a lo largo del libro, pero como material de pleno conocmiento está genial, y más si es uno de los primeros que se lee del tema